Diario de Mallorca invitó ayer a su club a Timo Riiho, un finlandés experto en el sistema educativo de su país, afamado por los elevados resultados que obtiene en la formación juvenil. En la entrevista Riiho explica cosas como que los maestros en Finlandia están bien formados, que todos tienen un master y que es muy difícil entrar en las facultades de pedagogía, donde sólo accede “un porcentaje muy modesto de los aspirantes”, o sea que hay muchos que se quedan fuera. Aquí, ya sabemos: entra todo el mundo y, encima, los aprobados en la universidad están al alcance de cualquiera. Muchísima gente ve la enseñanza como un refugio seguro para su futuro, con un sueldo que no es muy alto, pero sí estable porque los profesores tienen las plazas garantizadas. Riiho añade que, aunque la profesión está bien valorada socialmente “no hay mucha diferencia con los sueldos de España”. ¿Pero este a que ha venido a España? ¿Cómo que los profesores de aquí ganan lo mismo que en Finlandia? El periodista, que no ha terminado de encontrar una diferencia sustancial con España, le pregunta “Dígame la verdad: ¿Cuántos alumnos hay por clase?” a ver si por fin sale que son cinco alumnos por profesor y así explicamos lo que piden nuestros sindicatos. A lo que este hombre contesta que “puede haber entre 30 y 40 alumnos en una clase”. ¿Pero qué esperan para echarlo? El periodista le pregunta si la evaluación de los profesores, anatema para los sindicatos en Baleares, sirve para algo y el profesor, que se muestra contrario a esta práctica, explica que sí, que “en Finlandia se hace cada vez más una evaluación continua del profesorado, para ver si se sube o baja el sueldo”. ¿Tocar los sueldos si el profesor es malo? ¿Pero este tío está loco? Que se marche. Au. Fora. Ya. No necesitamos para nada parecernos a Finlandia.



