Hoy sale republicada en la prensa la foto de Aina Calvo cuando tomaba posesión de su cargo como alcaldesa de Palma en 2007. La imagen muestra a una mujer sonriente, satisfecha, henchida por una victoria que solo lo fue a costa de pactar con todos para arrebatar la mayoría obtenida en las urnas por el PP. Pese a gobernar gracias a votos que ya entonces se sospechaba que habían sido comprados, Calvo intentó revestir su proyección personal con la fórmula del talante que tanto éxito le había dado a Zapatero. Tras la fachada, durante las legislatura se han visibilizado en no pocas ocasiones sus tics autoritarios y ahora nos termina de enseñar su yo real con su legado: ha convertido los 15 millones superávit que se encontró al llegar a Cort en números rojos y deja nada menos que 20 millones de déficit o, como se le da en llamar, “remanente deficitario de tesorería”. Un dato histórico por su cuantía que Calvo escondió evitando darlo a conocer a los ciudadanos antes de las elecciones pese a que desde el mes de marzo debía presentar las cuentas. El otro día leí que “esta vez las alfombras se levantan solas” y parece que ese el caso de la líder municipal socialista.





