La visita a España de León XIV ha supuesto un aldabonazo en la conciencia ética de buena parte del pueblo español. Acostumbrados a la mugre que pastorea vergonzosamente nuestras instituciones, escuchar a un modelo ético y espiritual que eleva su discurso por encima de las batallas partidistas y el relativismo de lo inmediato ha causado honda conmoción popular en una ciudadanía harta de miserias cotidianas y necesitada de referencias de vida.
Ha escrito acertadamente José F. Peláez que “ha llegado el hombre adecuado, en el momento adecuado, y tengo la intuición de que las cosas no van a poder seguir igual después de esto, de que hay un reinicio general y decisiones inaplazables. La sociedad está diciendo ‘basta’ ante el odio y la polarización, y toda la política queda expuesta como una actividad no solo insuficiente sino explícitamente contraria a la Doctrina Social de la Iglesia”.
Pero no se trata solo de despertar las conciencias de todos admirando al referente apropiado, sino también de encauzar la actitud general por el camino que el referente nos viene a mostrar. Por eso Antonio Banderas, en un memorable discurso ante el Papa, dijo en un Movistar Arena abarrotado por miles de personas lo siguiente: “…Como decía San Agustín, sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo”. Porque en el fondo, los políticos infames que nos gobiernan son reflejo de nuestra realidad social. Y ésta debe hacerse consciente de la necesidad de mejorar muchas cosas para poder disfrutar de unos gobernantes mejores.
Pero como todo acontecimiento exitoso tiene siempre su momento chusco, éste lo puso con entusiasmo la portavoz de Junts en el Congreso de los Diputados, Miriam Nogueras Camero, descendiente de familia materna procedente de Dos Hermanas (Sevilla). En un arrebato insólito de catetismo identitario, la diputada agarró al Sumo Pontífice por el brazo y le largó una parrafada en inglés pidiéndole expresamente que hablase catalán en su visita a Barcelona, mientras sostenía de forma ineducada el brazo de León XIV como si tratase de averiguar la calidad de su sotana o de arrebatarle sorpresivamente el reloj.
La -a su pesar- medio andaluza diputada Nogueras, imbuida de la pasión identitaria de los conversos furibundos, demostró ante la opinión pública tres tristes evidencias. La primera, su miope torpeza política, pues una diplomacia como la vaticana -con 2000 años de experiencia- ya prepara con antelación suficiente lo que el Papa tiene que decir y el idioma que debe utilizar en cada acontecimiento de sus visitas pastorales. La segunda, el insufrible empeño de los separatistas españoles con sus cansinas reivindicaciones nacionalistas, introduciéndolas hasta en la sopa en los momentos menos procedentes. Aunque quizás solo quería mantener el favor del exiliado Puigdemont. Y la tercera, tal vez la más triste de todas por lo que revela de una persona pública, el ser una completa maleducada. A un Papa nunca se le agarra por el brazo, y menos de forma insistente. Eso es una torpeza de paleta.
Lo mejor del episodio de Nogueras fue la respuesta diferida del Papa. El actual Obispo de Roma, agustino norteamericano recriado en Perú con más conchas que un galápago, contestó -por supuesto en catalán- con el mensaje siguiente: “Barcelona és anomenada ‘cap i casal de Catalunya’. Això dona a aquesta Comunitat, i a tots vosaltres, barcelonins i catalans, una vocació i una responsabilitat especial per convertir-vos, amb l’ajuda de Déu, en constructors d’unitat”.
La llamada del Pontífice a los catalanes para “construir unidad” fue una sonora pedrada en el orgullo de Nogueras. Y seguro habrá dejado más lacio el flequillo de Puigdemont.




