Que estas Navidades permitan asomarnos al pasado, como el señor Scrroge, y abrir la puerta a la rectificación de las actuaciones en las que no hemos sido solidarios. Scrroge, protagonista de “Canción de Navidad” del literato Charles Dickens, se acerca, en una entrañable fábula, de la mano de sus fantasmas, a las personas a las que ha dañado a lo largo de su vida. Reconoce haber sido desalmado e inhumano, en la mayoría de ocasiones, por avaricia, por maldad, por ambición desmesurada y por la querencia irrespetuosa y desmedida por los bienes materiales. La autocrítica reflexiva le lleva a la rectificación y a la reparación de sus crueldades. Los mensajes de la obra navideña de Charles Dickens, maestro de la narrativa universal, tienen una base autobiográfica no reconocida, centrada en su infancia. Concretamente en las condiciones laborales deplorables con las que asumía su trabajo en la industria manufacturera británica. A Charles le tocó afrontar el mantenimiento de la familia, tras el encarcelamiento, por una deuda, de su padre. Su potente mensaje llegaba a la sociedad de su tiempo por medio su obra, a través de los rudimentarios medios de comunicación escritos del momento –no siempre abiertos a las clases sociales más desprotegidas-, mediante exitosas conferencias itinerantes y desde los populares teatros londinenses. En este aspecto desarrolló una intensa labor en pro de la libertad, de los derechos de autor, de la defensa de los grupos sociales más desamparados, como el de las prostitutas, y en contra de uno de las principales diversiones de la sociedad inglesa del siglo XIX, la pena de muerte y la pública ejecución. Más cercano todavía, si cabe, en “La pequeña Dorrit” describe y ataca con virulencia, la patente ineficiencia y corrupción de las instituciones y la irregular especulación de los mercados. Su prolija obra, de marcada orientación social, encontró, en los poderes establecidos, innumerables obstáculos para su difusión. No en vano, Dickens destacó, por encima de cualquier causa, la vida de los pobres olvidados en el corazón del imperio. Hizo campañas sobre cuestiones concretas como la higiene y describió desde el realismo y la sátira la explotación y represión de los pobres, acusando de extrema tolerancia a las instituciones públicas oficiales. Precisamente, tuvo la oportunidad de llegar de forma directa a su público, con la edición de su “Canción de Navidad”. En su fábula, recuerda, por medio de Scrroge, la necesidad de ser generoso y amable, resaltando el valor del espíritu navideño, que permite hacer felices a los que te rodean; el espíritu de la solidaridad con el necesitado, de la generosidad con el pobre, y del altruismo como el mejor instrumento de acción personal. De él, se llegó a decir, que exhibía al mundo más verdades sociales y políticas que las que eran pronunciadas por todos los políticos profesionales, publicistas y moralistas de su época juntos. Feliz Navidad amigos.





