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Retrospectiva de la fotógrafa Lillian Bassman

miércoles 18 de junio de 2014, 08:34h

La fotógrafa Lillian Bassman disparaba su objetivo siempre en ambientes íntimos, creados por ella misma en complicidad con las modelos. A veces, el arte de sus imágenes, al servicio de la moda, no obedecía a la finalidad comercial de sus pagadores, pero a ella parecía darle igual, “siempre fue libre”.


Una de las imágenes de Lillian Bassman. EFE/ It’s a Cinch, Carmen, lingerie by Warner’s, 1951 (alternate version published in Harper's Bazzar, September 1951)

Lo dice María Millán, comisaria de una exposición que homenajea el trabajo de Bassman con una selección de 26 fotografías que se muestran, hasta el 31 de agosto, en la tienda de la firma Loewe en la madrileña calle de Serrano, en el marco de PhotoEspaña.


“Lillian Bassman. Pinceladas”, como se llama la muestra, es un breve itinerario por el gran legado de una fotógrafa que se rebeló contra los mandatos estéticos de editores y revistas. “Ser tan independiente le trajo disgustos”, afirma a Efe María Millán, quien conoció a la fotógrafa americana cuando ésta tenía 80 años.


Fue durante una recogida de firmas para protestar contra las pretensiones censitarias de un político republicano de cerrar las exposiciones que vulnerasen “la sensibilidad de los americanos”.


“Me pareció fuerte, tan convencida de lo que decía que contagiaba su seguridad”, explica Millán. La muestra “Lillian Bassman. Pinceladas” exhuma algo de ese espíritu vehemente que dejó su trabajo en los 70, debido a la histeria de la moda moderna.



Contra la industria


Odiaba el fenómeno de las niñas modelo, y, a veces, su concepción de la moda y de la fotografía chocaba de frente con los intereses de los editores de las revistas. Una de sus frases más famosas, que recuerda Millán, fue la siguiente: “¿Por qué poner un vestido de 6.000 dólares a una niña de 12 años y tratar de que aparente 24?”.


Parece fácil imaginarse a Lillian Bassman en su laboratorio, experimentando luces, texturas y volúmenes con sus rudimentarias herramientas. El resultado se asemejaba a un dibujo; era experta en convertir un instante en una demostración innata de arte.


Transgresora e independiente, se levantó contra la imposición de las firmas de lencería de no mostrar el rostro de las modelos con el fin de preservar su anonimato. En su primer encargo, en 1948, se ve a varias mujeres en una actitud muy relajada, a gusto consigo mismas.


El descubrimiento de dos bolsas con negativos y el ánimo de un historiador que incluyó, en los años 90, varios de sus trabajos en una exposición enLondres supusieron el regreso de Bassman, quien realizó entonces una interpretación de sus viejas fotografías.


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La moda y, en general, cualquier manifestación de vida,  no fueron sus únicas fuentes de inspiración. Lillian Bassman era capaz de hacer arte fotografiando las grietas de un camino de asfalto.


“Era una persona muy comprometida con la realidad, veía en esas grietas una metáfora de la sociedad fragmentada”, comenta Millán, quien destaca la fuerza y la libertad de las imágenes de Bassman como lo mejor de su herencia, sumado a unapersonalidad única.


Parece mentira que una mujer tan independiente mantuviese un matrimonio de más de 70 años de duración, pero Millán tiene clara la explicación. Tanto su marido, Paul Himmel, como ella misma, eran personas “generosas y libres” que no se coartaban la una a la otra, “por eso funcionó”, justifica la comisaria. EFE.

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