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Siempre hace buen tiempo

sábado 24 de agosto de 2019, 04:00h

Los tres musicales que codirigieron décadas atrás los maestros Stanley Donen y Gene Kelly, «Un día en Nueva York» (1949), «Cantando bajo la lluvia» (1952) y «Siempre hace buen tiempo» (1955), pueden ser considerados como tres de los mejores antídotos cinematográficos que existen contra la tristeza. Esa circunstancia no es incompatible con el hecho de que dichas obras maestras, pero en especial «Siempre hace buen tiempo», poseen un innegable trasfondo de nostalgia y de melancolía.

Hay algo mágico en esas tres películas, que hace que nos sintamos bien y felices mientras las vemos e incluso mucho tiempo después de haberlas visto. Buena parte de esa magia se debe, seguramente, a que en cada una de ellas está presente, en diversos grados y de diferentes formas, la alegría de vivir, esa alegría que hace que intentemos encontrar siempre lo bueno que pueden ofrecernos cada día o cada noche en no pocos momentos e instantes.

Los filmes musicales y las comedias románticas son, precisamente, los dos géneros en donde mayor suele ser la presencia del optimismo, de la ilusión, de la esperanza, aunque a veces los protagonistas de cada historia tengan que enfrentarse a diversos problemas, avatares o complicaciones, casi siempre de carácter sentimental o amoroso. Al final, todo parece arreglarse bailando y cantando un poco o enamorándose y besándose ante el altar justo antes de que aparezca el «The End».

De las mencionadas tres películas conjuntas de Donen y de Kelly, quizás la más melancólica sea «Siempre hace buen tiempo», porque nos habla de los efectos del paso del tiempo y de cómo el mero transcurrir de los años puede llegar a afectar incluso a las relaciones de amistad que creíamos más sólidas. Este magnífico musical nos muestra que si bien es cierto que en cierto modo somos siempre los mismos por muchos años que pasen, en cierta forma ya no lo somos, porque las vivencias que vamos acumulando en cada etapa de la vida van dejando poco a poco su poso en nuestra alma, algunas veces para bien y otras veces seguramente no tanto.

Aun así, tanto los guionistas del filme, Adolph Green y Betty Comden, como los personajes interpretados por Gene Kelly, Cyd Charisse, Dan Dailey, Dolores Gray y Michael Kidd, consiguen transmitirnos finalmente un mensaje positivo, reforzado por la dirección de Donen y de Kelly. Todos ellos logran convencernos de que cuando en el fondo de nuestro corazón queda algo del sentido de la amistad que tuvimos alguna vez, en ese corazón, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, siempre hará buen tiempo.

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