www.mallorcadiario.com

Sin reparos

miércoles 23 de diciembre de 2020, 04:00h

Se cuenta que a Lyndon B. Johnson le preguntaron por qué seguía manteniendo a Edgar Hoover como director del FBI, y su respuesta no se apartó ni un ápice de su estilo: “Prefiero tenerlo dentro de la tienda meándose fuera, que fuera de la tienda meándose dentro”. Como quien dice es una versión nostálgica del alegado insomnio que, dijo Sanchez, le produciría tener dentro de su 'tienda' gubernamental al líder Iglesias. Aunque, vistos los acontecimientos que desde hace meses se vienen produciendo, da la impresión de que, a este personaje, tanto le da hallarse fuera como dentro de la tienda. El vicepresidente va a la suya, meándose en donde le parece más conveniente para sus intereses.

Su cabezonería, sin embargo, nada tiene de especial. Como buen marxista, hay derechos del ciudadano libre que no le interesan en absoluto. De inicio, la vida ajena. La suya, sí, y con deleite. La de los internos en residencias de mayores, nada en absoluto. Tan cierto resulta esto que no ha visitado ni una sola para interesarse por su situación y estado, empero haber reclamado tal competencia para su departamento.

Y, entre tanto no le interesa en absoluto la vida, sí se ocupa de la muerte. Resultó de lo más insultante para la dignidad del hombre (genérico) decente contemplar el aplauso de toda la progresía social comunista y sus rodrigones parlamentarios por el voto aprobatorio de la ley de la eutanasia. En plena crisis sanitaria, social, económica, humanitaria, el gobierno social comunista hace aprobar, estilo exprés, una ley que, proclaman, solucionará un problema, el sufrimiento. Es decir, para Iglesias y todo el gobierno social comunista la solución al sufrimiento no es paliarlo, aliviarlo, sino eliminarlo con el deceso provocado del paciente. La ley del mínimo esfuerzo por el ser humano y el máximo por elevar el gasto público.

Esa preocupación por el coste sanitario del sufrimiento se halla en contradicción con ese cariño desenfrenado hacia el gasto público. Es el claro síntoma que siempre acompaña a todo gobierno social comunista; el mejor gobierno es el que más gasta, no el que más riqueza crea. Naturalmente, tal pasión implica que el Estado no sea sino un instrumento de empleo de nepotismo, de cesión de bienes y servicios siempre gratuitos, sufragados con impuestos y más impuestos.

Los mercantilistas viernes sociales del gobierno social comunista no solamente han permitido crear miles de cargos de asesorías y gestorías gubernamentales, sino también destinar a no se sabe qué bien social más de 20.000 millones de euros. Ello no es reparo para disparar la deuda a 150.000 millones de euros, contoneándose hacia el 120 por ciento del PIB, sin problema alguno.

En la cima de la contradicción, el gobierno social comunista, sin reparo, sigue subiendo el gasto público, viendo cómo desciende el consumo, la confianza empresarial, la recaudación y el PIB, todo ello en forma y porcentajes notables. Sánchez e Iglesias siguen en su limbo, en su burbuja gubernamental, sin querer apercibirse de la crisis económica y moral que está atravesando todo el país. Sin embargo, los ignorantes miembros del social comunismo imperante no han caído, todavía, en la cuenta de que la política puede ser el principio del placer, pero la administración lo es de la realidad.

Así, la ministra sonrisas, Yolanda, anda a la greña por la subida del SMI en 9 euros. El invisible Duque no logra la presidencia de la Agencia Espacial Europea, como la Calviño no alcanzó el comisariado europeo. La vicepresidente Montero tiene cuatro palabras con el cabezón vicepresidente Iglesias. Y la gran esperanza blanca, Nadia Calviño, defenestrada de la gestión de los fondos europeos, se las ve y desea con la exigencia confiscatoria que representa la prohibición de desahucios de viviendas. Otro valor en quiebra, el derecho a la propiedad privada.

Y, entretanto, mantenemos un ministerio de Igualdad que discrimina a los hombres en los concursos públicos o anda a la greña con las feministas de toda la vida, como la Lidia Falcón o la Lucia Etxebarria, y gasta en informes y más informes absolutamente inútiles. Su hombre conviviente se empeña en darnos tema para la cena de nochebuena, la república o la monarquía. Tema enormemente imperante y que, según el marxista, es lo que más preocupa al español (genérico) por encima del paro, de la economía familiar, del trabajo, del virus, e incluso del colegio de los hijos.

Todo ello y mucho más es esa realidad que se niegan a ver y a solventar desde la Moncloa. Allí no se hace política, allí se vende propaganda política según el resultado de las encuestas, al tiempo que se cede y concede ante toda pretensión del comunista para no perder el poder.

Y en el centro de tal maremágnum, dos ex altos personajes reclaman al T.C. que dicte sentencia sobre el recurso interpuesto el 1 de junio de 2010 contra la Ley Aído. Por lo visto, para ellos ya se acabó la equidistancia con los socialistas y, por escrito, dan un paso al frente reclamando que se sepa si los españoles (genérico) pueden seguir eliminando, sin reparo, a cien mil concebidos al año. No lo dieron cuando eran 'cargo'; ahora sí. Debían tener reparos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
Compartir en Meneame

+

0 comentarios