Todos a ver dónde tiene la casa de verano nuestro diputado

El Senado y el Congreso de los Diputados hicieron públicos ayer los patrimonios de nuestros ilustres representantes. Allí aparecieron todas las intimidades que, francamente, no me interesa conocer. Se supone que esta es una medida para mejorar la trasparencia, para evitar la corrupción que a mí me parece una decisión patética, por muchas razones. En primer lugar, porque el patrimonio personal no es el resultado de lo que se está ganando sino de la historia, de la familia, de los orígenes; algo que carece de toda relación con la vida presente, con la función que se le ha encargado al político en cuestión. Como mucho, sería aceptable que se declaren los ingresos -por otro lado conocidos-, pero no esta chafardería de saber si tiene o no una casa y de cuántos metros. En segundo lugar, porque aquí sólo se refleja al que ha convertido sus ingresos en bienes o en patrimonio, no al que lo ha dilapidado. Quien lo ha gastado todo, simplemente parece más humilde, cuando tal vez podría ser juzgado de poco previsor -aunque tampoco esto es un asunto que nos deba incumbir como electores. Tercero, porque, como hemos visto, estas declaraciones son menos de fiar que las cartas de los niños a los Reyes Magos para merecerse regalos. O si no, peor: tenemos políticos ineptos que después de décadas ganando 70 mil euros anuales van y sólo tienen el piso que heredaron, un coche lamentable y nada más. Anda ya!!! Cuarto, porque la corrupción no se declara, no aparece en los listados oficiales, no se pregona y, por lo tanto, si no se investiga, todo esto equivale a la nada. ¿Quién va a poner un patrimonio superior a sus ingresos explicables? En fin, a mí me parece una ceremonia ridícula protagonizada por quienes no tienen cajón en el que meter la mano, porque en el Congreso y en el Senado no hay nada que robar. Pero sobre todo, hay un tema que es muy molesto y que haría que si yo fuera senador o diputado me negase a esta estupidez (o sea, me iría a casa): si alguien piensa que he robado, que se me investigue; pero si no, que me dejen en paz con mis bienes. Es indignante tener que explicar de dónde procede algo, cuando uno tiene la conciencia tranquila. Más bien es sólo alimentar la chafardería. Esta bobada es copia de lo que se hace en otras latitudes, pero es que en otras latitudes los diputados y senadores tienen libertad de voto, son los que deciden qué hacen, razón por la cual los lobbies y  grupos de presión les influyen. ¿Aquí de qué sirve que el senador o el diputado tal piense esto o aquello, si el que va a decidir es su partido y él tendrá que votar como un cordero? Esto es hacer como que hacemos, para que se piense que estamos en la lucha contra la corrupción.  

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