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'Ni el sol ni la muerte se pueden mirar de frente'
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(Foto: J. Fernández Ortega)

"Ni el sol ni la muerte se pueden mirar de frente"

Por Josep Maria Aguiló
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jmaguilomallorcadiariocom/8/8/23
miércoles 01 de noviembre de 2023, 05:00h

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En una fecha tan señalada como el 1 de noviembre, el psiquiatra y presidente del Sindicato Médico de Baleares (Simebal), Miguel Lázaro, hace en esta entrevista un profundo y clarificador análisis del ancestral miedo de los seres humanos a la muerte y, al mismo tiempo, expone las posibles estrategias que pueden servirnos de ayuda a la hora de intentar vivir con la máxima plenitud posible nuestras propias existencias.

¿Qué significado concreto tiene el día de hoy?

Está claro que en España el 1 de noviembre es el día de los muertos y por tanto de los duelos. Los duelos forman parte de la vida y tienen que ver con la reacción psicológica ante una pérdida, que además aquí es una pérdida irreversible. Es cierto que cuando uno ve morir a los seres queridos los pierde, pero lo que no te quita la vida son los recuerdos. Además, están también los rituales, como por ejemplo llevar flores a los cementerios.

¿Diría que la pandemia supuso un punto de inflexión en la visión que hasta entonces teníamos en Occidente de la muerte?

Bueno, como sabe, la pandemia supuso muchas cosas. Pero en relación a su pregunta concreta, es cierto que antes de la pandemia había una cierta cultura de negación de la muerte. En ese sentido, la pandemia fue un chute de realidad, que es lo que significa siempre una pandemia. Recuerde el miedo que suscitó el hecho de que durante meses hubiera un número de muertes continuas. Por tanto, la pandemia nos hizo consumir una realidad que por mucho que a veces la neguemos está ahí, que es que el ser humano tiene fecha de caducidad y que nunca podemos controlar la vida por completo.

Es cierto, sí...

En cualquier momento puede aparecer la muerte, pero es que además en el caso de la pandemia del coronavirus hubo otro elemento añadido, que fue lo difícil que fue hacer algo que es absolutamente necesario, que es el duelo por la muerte de un ser querido. Por otra parte, tampoco se podía acompañar a ese ser querido en sus últimos momentos, porque en aquella situación era muy difícil poder hacerlo.

¿Destacaría algún elemento específico más?

Sí, destacaría que la pandemia también nos hizo replantear la creencia de que la muerte va casi siempre vinculada sólo a las personas mayores. Se trata en el fondo de una creencia poco adaptativa de los seres humanos, porque en aquel momento descubrimos que el coronavirus quitaba también la vida a muchas personas jóvenes, aunque asimismo es verdad que las personas más vulnerables ante esta enfermedad solían ser las más mayores.

La muerte sigue siendo un misterio...

Así es, porque por mucho o por poco que podamos hablar de ella, a todos nos sorprende cómo, dónde y cuándo aparece.

"Antes de la pandemia había una cierta cultura de negación de la muerte. En ese sentido, la pandemia fue un chute de realidad"

¿Es inevitable acabar pensando en ella?

Es verdad que lo peor de la muerte es que nos amargue la vida, pero también es cierto que hay cosas que uno tiene que reconocer que son intrínsecas a la naturaleza humana. Así, la indefensión, la vulnerabilidad, el deterioro y la muerte son compañeras inseparables de la biografía del ser humano. Somos peregrinos en viaje, por lo que en nuestra biografía nos van a acompañar todos esos ingredientes indisolubles de la naturaleza humana.

¿Cómo puede influir todo ello en nuestras vidas?

El hecho de sabernos finitos y de reconocer lo que conlleva la naturaleza humana es muy importante, porque nos ayuda a adaptarnos mejor a la vida, a relativizar bastante algunas cuestiones más o menos triviales que nos preocupan y a darle un sentido a nuestra existencia. Yo creo que es fundamental tener ese sentido trascendental de lo que es la vida, y no se le puede dar un sentido a la vida si no tienes presente que evidentemente te vas a morir.

¿Diría que siempre actuamos así?

Bueno, no siempre, pues pese a la evidencia prácticamente diaria de las guerras, las catástrofes y las enfermedades, a veces hacemos callo e intentamos disociar la idea de la muerte de nuestras vidas o nos desensibilizamos de una realidad que forma parte de cada uno de nosotros. En ese sentido, sólo cuando la muerte nos toca muy de cerca, es decir, cuando un ser querido fallece o cuando perdemos a algún amigo, nos damos de nuevo cuenta de que somos seres finitos y de que nadie sale vivo de la vida.

¿Y a partir de ahí?

A partir de ahí, debemos tener presente que la muerte nos acompaña siempre y que lo que tenemos que hacer es intentar que la vida sea ancha más que larga. Eso significa que en lugar de darle años a la vida, deberíamos sobre todo darle vida a los años. En definitiva, debemos intentar vivir la vida con toda la plenitud con que debe ser vivida y agradecer cada día el hecho de estar vivos. Yo creo que esto último es algo muy importante, porque el máximo valor de un ser humano es estar vivo.

Aun así, ¿es posible evitar el malestar vital que a veces percibimos en nuestro interior?

Partiendo del hecho de que, como ya señalé, la angustia básica del ser humano es el miedo a la muerte, éste se manifiesta a veces a través de muchos problemas psicológicos o incluso en determinadas crisis existenciales cuando cumplimos cuarenta, cincuenta o sesenta años. Es evidente que hay gente que se siente muy mal cuando cumple años.

"La indefensión, la vulnerabilidad, el deterioro y la muerte son compañeras inseparables de la biografía del ser humano"

Pero la inmortalidad no existe...

Es así, pero ya sabe que el deseo de inmortalidad es algo que se busca desde tiempos inmemoriales. También es verdad que ahora vivimos más, por los avances tecnológicos y porque nos cuidamos más, pero la angustia del miedo a la muerte continúa. Ni el sol ni la muerte se pueden mirar de frente.

¿Sólo nos queda entonces el remedio del ejercicio físico, la cosmética o la cirugía estética?

Yo suelo decir que en la vida dejamos un rastro, pero también es cierto que nos fabricamos el rostro que tenemos. En ese sentido, hay personas que creen en la cultura actual del bienestar, del culto al cuerpo o del estar perfectos. Los seres humanos nos adaptamos mal al progresivo paso del tiempo y al envejecimiento, y de ahí surgen una serie de estrategias, vinculadas por ejemplo a la cosmética y a la cirugía plástica.

¿Es una posible buena solución recurrir a la cirugía plástica para sentirse más joven?

Personalmente, me parece que es legítimo y bueno que cada persona se quiera sentir lo mejor posible con ella misma. Dicho esto, también pienso que muchas veces intentamos resolver con este tipo de operaciones posibles conflictos internos, problemas de autoestima o carencias afectivas. Puede ocurrir igualmente, como le comenté hace un instante, que esas cirugías sean una estrategia ante algo inexorable como es el paso del tiempo y el deterioro que los seres humanos sufrimos. Podríamos decir que son cirugías que intentan ser cosméticas y plásticas, pero que en el fondo son, más bien, cirugías estéticas del alma, de la autoestima y de la salud mental.

Ah, de acuerdo...

Ello explicaría el hecho de que a veces haya un consumo compulsivo de esas operaciones tanto por parte de hombres como de mujeres, que, de algún modo, acaban teniendo una cierta adicción a la cirugía o a la estética. Como sabe, ahora mismo estamos además en una especie de prevalencia o de tiranía del cuidarse. Con ello no estoy criticando que nos cuidemos, al contrario, pues cuidarse es algo muy positivo. Lo que quiero decir es que también hay que adaptarse al paso de la vida, porque no nos queda más remedio. En la vida hay que consumir realidad. La vida no es como desearíamos que fuera y por ello, insisto de nuevo, hay que adaptarse a lo que sucede.

¿Es bueno un cierto estoicismo entonces?

Yo diría que, como comentamos hace un momento, hay que agradecer cada día que estamos vivos, pero también hay que tener en cuenta que la muerte nos espera. En ese contexto, yo creo que de lo que se trata es de vivir el tiempo que podamos con plenitud y de sentir que nuestra existencia ha sido vivida con sentido. Uno muere como ha vivido. Por ello, según cómo has vivido, aceptas la muerte como lo que es, como algo intrínseco a la naturaleza humana hoy por hoy.

"Los seres humanos nos adaptamos mal al paso del tiempo y al envejecimiento, y de ahí surgen una serie de estrategias, vinculadas por ejemplo a la cosmética y a la cirugía plástica"

¿Ser una persona creyente ayuda a tener otra visión sobre la muerte?

Bueno, es cierto que las personas que tienen creencias religiosas o creencias espirituales y mantienen una conducta congruente con dichas creencias, suelen contar con una resiliencia muy importante y afrontan la vida de otro modo. En el caso concreto de los católicos, le dan un sentido trascendental a lo que ocurre y sus creencias les ayudan a entender que estamos de paso, que somos peregrinos en tránsito y que luego, aparte de la muerte, hay un más allá, en el cual uno va al cielo o al infierno.

¿Esa posible creencia en el más allá puede acabar influyendo en nuestras vidas?

Esa creencia hace que uno viva de una forma determinada, que se pueda adaptar mejor a la vida y que sobre todo le dé un sentido a la muerte, que no deja de ser un paso más dentro de la vida. Como usted sabe, los católicos piensan que el alma es inmortal, mientras que las personas que tienen creencias espirituales suelen hablar, por su parte, de una energía que seguiría otro camino. Tanto en un caso como en otro, si uno sabe que se va a morir, de alguna forma aprovecha el tiempo intentando hacer acciones buenas.

Efectivamente...

En relación a este punto, sólo añadiría que una cosa que a mí siempre me ha parecido muy curiosa es que al ser humano le preocupa mucho dónde va a estar cuando muera, pero, sin embargo, casi nunca le preocupa dónde ha estado antes.

Si me lo permite, le quería preguntar cómo vive usted personalmente todas estas cuestiones...

Le contaré algo personal, sí. Desde hace dos años, cada vez que voy a mi pueblo natal —Lagueruela, en Teruel— para pasar unos días, hago dos cosas que me ayudan mucho, que son visitar el pequeño cementerio local al llegar y al marcharme. Allí están enterrados mis abuelos y mis parientes más cercanos. Hay personas que pueden pensar que ir a un cementerio es algo que te crea incomodidad, pero en el fondo es una experiencia muy confortable y que te da mucha paz y mucha serenidad.

Es un hecho personal muy relevante y simbólico...

Yo cada vez tengo más presente la idea de la muerte en mi pensamiento, quizás también porque me voy haciendo mayor y porque mis padres tienen ya 91 años, por lo que me estoy preparando y anticipando un poco el duelo, aunque por supuesto lo que hago ahora es cuidarlos. También me ayuda mucho leer libros centrados en cómo vivir sabiendo que te vas a morir, pues eso es también algo fundamental. Tal vez en esta etapa de mi vida pienso más en la muerte, pero desde una posición reflexiva y de aceptación.

"Las personas católicas le dan un sentido trascendental a lo que ocurre y sus creencias les ayudan a entender que estamos de paso"

¿Cómo influye en su perspectiva vital el hecho de que usted sea médico?

Bueno, qué duda cabe de que el tema de cómo afrontar la muerte es uno de los factores que más desgasta a un médico, en especial el sufrimiento de las personas en la última fase de su vida.

¿Es cierto que otra de las fechas complicadas a nivel de recuerdos y de duelos es la Navidad?

Así es. En Navidad hay "navidofobia" y "navidofilia". Hay personas que desearían dormirse el 1 de diciembre y despertarse el 8 de enero, pues sufren lo que se denomina el síndrome navideño. De hecho, yo he hecho grupos de terapia para personas a las que no les gustaba la Navidad. Fue entonces cuando descubrí que muchas de esas personas empezaban a pasarlo mal ya el 1 de noviembre, por ser el día de los duelos.

¿Qué sienten esas personas en concreto?

Una de las cosas que les pasa a muchas personas es que en Navidad hay duelos que se actualizan y que se reviven de nuevo. O dicho de otro modo, hay una vivencia del duelo que vuelve a aparecer aunque por ejemplo los padres de esas personas hayan fallecido hace ya mucho tiempo.

¿Qué sería lo más relevante en el caso de quienes padecen "navidofobia"?

En el caso de las personas que padecen "navidofobia", uno de los hechos más destacables es que los ausentes están muy presentes. En ese sentido, como le acabo de comentar, los duelos en esas personas suelen empezar el 1 de noviembre y vuelven a reaparecer durante las celebraciones navideñas.

¿Hay también un duelo por la infancia en esas fechas?

Efectivamente. Hay también un duelo por la infancia que uno ha tenido y por la evidencia del paso inexorable del tiempo.

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