Rosalía en una selfie con gesto de paz y expresión seria
La cantante Rosalía se disculpa públicamente por sus recientes comentarios sobre Picasso.

Rosalía pide perdón por sus declaraciones sobre Picasso: "No estoy en paz con lo que dije"

Rosalía, tras una polémica sobre Picasso y su falta de conocimiento sobre su violencia, se disculpó en TikTok, reconociendo su error y la importancia de no opinar sin información adecuada, generando un debate sobre responsabilidad pública en el arte.

Hay artistas que saben exactamente lo que hacen cuando abren la boca. Y hay momentos en que las palabras se adelantan al pensamiento y el daño ya está hecho antes de que se pueda enmendar. Rosalía, en el ecuador de la promoción de LUX, se encontró en el segundo caso, y tardó apenas unos días en reconocerlo.

La cantante publicó un vídeo en TikTok para pedir disculpas y aclarar su postura tras la controversia generada por sus declaraciones sobre Picasso, en las que reconoció no tener conocimiento suficiente sobre los casos de maltrato documentados que se le atribuyen al pintor.

LA CHISPA: UNA CONVERSACIÓN SOBRE ARTE QUE SE CONVIRTIÓ EN INCENDIO

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Todo comenzó durante un podcast con la escritora argentina Mariana Enríquez, organizado por Spotify, donde Rosalía habló de su admiración por Pablo Picasso y defendió la posibilidad de separar la obra de un artista de su vida personal. Una reflexión que, en otro contexto o con otro nombre sobre la mesa, quizás habría pasado desapercibida. Pero Picasso no es cualquier nombre.

Las palabras más polémicas llegaron cuando la conversación derivó hacia cómo se juzga hoy a las figuras del pasado: "¿Hasta qué punto uno sabe si esa información es cierta o no? A no ser que yo hubiera convivido realmente con esa persona, ¿quién soy yo para juzgar?"

La frase circuló en redes en cuestión de horas. Y el problema no era solo filosófico.

La autora Arianna Stassinopoulos, en su biografía Picasso: Creador y destructor, documentó que el pintor quemaba con cigarros a Marie-Thérèse Walter, su pareja, y que golpeaba a Dora Maar. No son rumores. Son testimonios publicados, contrastados, que llevan décadas en el registro cultural. Ponerlos en duda —aunque sea con torpeza y no con mala intención— tiene un coste.

EL VÍDEO DE TIKTOK: CUANDO RECONOCER UN ERROR RESULTA INUSUAL

Días después del estallido, Rosalía se pronunció públicamente mediante un vídeo en TikTok en el que explicó que llevaba días pensando en cómo abordar la situación y que buscó las palabras adecuadas antes de grabar. No es lo habitual. En el ecosistema digital actual, donde lo más frecuente es el silencio calculado o la victimización, la rectificación directa tiene algo de anomalía.

En el vídeo, la cantante contextualizó el momento: llevaba horas hablando durante una intensa agenda de promoción en Buenos Aires, y reconoció que en esas circunstancias "puede que digas algo que no tiene sentido". La explicación no es una excusa —ella misma se encarga de dejarlo claro—, sino el marco en el que se produjo el desliz.

El mea culpa fue sin rodeos. "Es verdad que me he equivocado. Tenéis razón, absolutamente. Gracias por decírmelo. Voy a intentar aprender más", dijo. Y añadió: "Es importante no hablar de según qué temas cuando uno no tiene suficiente conocimiento".

Quiso pedir disculpas de forma directa a quienes más podían haberse sentido heridos: "Quiero pedir disculpas si hubo falta de sensibilidad por mi parte y esa falta de empatizar con esas mujeres y esos testimonios".

EL FEMINISMO, LA OTRA HERIDA ABIERTA

La polémica de Picasso llegó acompañada de otra tensión que lleva meses sobrevolando la carrera de Rosalía. En plena promoción de LUX, la artista había declarado en Radio 3: "Creo que me rodeo de ideas feministas. No soy moralmente lo suficientemente perfecta como para considerarme dentro de un 'ismo', pero sí que me inspiran". Una postura que, para muchos seguidores, resultó insuficiente.

En el mismo vídeo de TikTok, Rosalía aclaró: "Yo no tengo más que amor, respeto y agradecimiento por el feminismo. Quizás a veces peco de ser demasiado cuidadosa por ese respeto. Siento que me da miedo denominarme según qué manera por no ser una representación lo suficientemente buena de ello".

Es una postura que tiene una lógica interna —y hasta cierta honestidad— pero que choca con el peso simbólico que el público le ha asignado a ella desde El Mal Querer. Coral Herrera, investigadora y escritora feminista, señaló al respecto que "hemos convertido a nuestros ídolos en referentes de todo" y que la figura de Rosalía "es el signo de los tiempos: de la polarización, del grado de confusión con respecto al feminismo y de su banalización en los últimos años".

Dicho de otra manera: el problema no es solo Rosalía. El problema es el contrato implícito que el público firma con ciertas artistas y que ellas, a veces, no recuerdan haber firmado.

UNA RECTIFICACIÓN PÚBLICA EN TIEMPOS DE TRINCHERA

La intervención de Rosalía abre una conversación sobre la responsabilidad pública de quienes tienen plataformas masivas y sobre algo poco frecuente en el entorno digital actual: reconocer un error. Admitir que uno se equivocó, sin matices defensivos, sin desviar el foco hacia quienes señalaron el problema, sigue siendo un gesto que sorprende precisamente porque escasea.

Y en este caso, el error tenía peso real: no es lo mismo ignorar la obra tardía de un compositor oscuro que relativizar los testimonios de violencia de un artista que lleva décadas en el imaginario colectivo y cuyos abusos están documentados en bibliotecas. La diferencia no es anecdótica.

Rosalía lo entendió. Y lo dijo.

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