Un lector de un periódico digital de Mallorca, ante la noticia de una convocatoria de marcha ciclista en protesta por la supresión del carril bici de Palma, escribía que si los manifestantes son menos de 80 mil, deberán marcharse a casa y callar, porque ese es el número de votos que obtuvo el alcalde de la ciudad, Mateu Isern. Esto, por supuesto, no es así. Seguramente, con ese argumento deberíamos abstenernos de reprobar la política económica de Zapatero que ni él mismo recuerda. Es verdad que Isern es el alcalde legítimo de la ciudad, que ganó claramente y que en su programa estaba explícitamente el tema de la supresión del carril bici. Pero, a mi entender, ni siquiera este hecho le exime de tener que consultar y dialogar. La razón es sencilla: Isern no se presentó con un único punto en su programa, por lo que no podemos decir si en este tema le asiste la mayoría o no. Los ciudadanos, en el mejor de los casos votaron un conjunto de políticas entre las que nadie puede establecer cuáles tenían más o menos apoyos; y no hablemos de los que no sabían qué votaban sino que sabían contra quién votaban. ¿Puede alguien asegurar que no fue su programa económico el que motivó la victoria de Isern? ¿No fue Zapatero el que causó el vuelco electoral? Pero, además, la opinión pública, en el supuesto dudoso de que el día de las elecciones hubiera dicho que sí a la supresión del carril bici, evoluciona, cambia, matiza, se activa, se relaja y eso hay que irlo valorando, midiendo. Yo creo que probablemente la mayor parte de la gente de Palma está contra el carril bici y que la protesta ha sido muy marginal, pero eso ni exime a nadie de dialogar ni introduce matices al hecho de que la segunda actuación municipal ha sido destruir lo que se había hecho.



