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Torres Canet o la virtud de eternizar la pintura clásica
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Torres Canet o la virtud de eternizar la pintura clásica

Circulamos por el Camino de la Vileta y nos desviamos hacía una calle interior que daba a otra y en esa otra, casitas, plantas bajas con jardín y en una de ellas llamamos a la puerta. Salió a recibirnos sonriendo una mujer de cabello gris, lacio, con dos simpáticos perros que la acompañaban y que en su intento de llamar la atención no paraban de mover la cola.
Pasad, es aquí, os estábamos esperando…

Conocida artísticamente por firmar como Torres Canet, Consuelo Eulalia Torres Canet, nace en Algaida un 25 de octubre de 1955, año recordado porque el multimillonario griego Stavros Niarchos adquirió el cuadro; La piedad de El Greco, por 400.000 dólares, en Barcelona se inauguraba el XXIX Salón de Moda Española, en Alemania nombraban como director titular de la Orquesta Filarmónica de Berlín a Herbert Von Karajan, se inauguraba el primer restaurante de McDonald’s, Elvis Presley iniciaba su primera gira, apareciendo por primera vez en televisión, dimitía de su cargo de primer ministro, Winston Churchill, España ingresaba en la ONU, moría en accidente de tráfico el actor James Dean, en México participaba por primera vez la mujer en unas votaciones, el arresto en Alabama de Rosa Parks una ama de casa por no ceder su asiento a un blanco en el autobús, daba paso al inicio del Movimiento por los Derechos Civiles, en Luxemburgo se fundaba la Federación Internacional de Organizaciones de Donantes de Sangre, entre otros nacían Ángela Molina, Bill Gates, Whoopi Goldberg, Jaume Plensa, Fernando Trueba, Rowan Atkinson y Kevin Costner.

Al entrar en su estudio tras dejar atrás el jardín y ascender por unas escaleras metálicas me sentí rodeado por la muchedumbre que residía en el interior de sus obras, gente tranquila que iba y venía por aquellos paisajes costumbristas y conmovedores, flores hermosas de corazón tierno, cálidas y sugerentes, espacios fabricados para los paseos del pensamiento a los que apetece acompañar con un solo de piano.

¿Qué es para usted el arte?

Creo que es la confluencia de numerosas cosas que se desarrollan con ilusión, con emoción y con pasión. A veces con algo de suerte, como cuando te toca una lotería.

Hija de Vicenç de profesión Guardia Civil nacido en Ibiza y de Teresa dedicada a las labores de casa, nacida en Valencia. Consuelo es la cuarta de seis hermanos. Sus abuelos paternos fueron Eularia Ferrer y Toni Torres, nacidos en Sant Mateu de Ibiza y los maternos, Joaquín y Marina, nacidos en Llutxent, Valencia.

Viajamos hacia atrás en el tiempo, hasta llegar a su infancia. ¿Qué imagen puede describirme?

Estoy jugando en el campo, me adentro en el pinar y con la hojarasca me hago una cama y la cubro con flores. Me fascinaban los colores, me sentía hipnotizada por la naturaleza. El día de los Difuntos en noviembre con aquel aluvión de flores que la gente llevaba al cementerio. Las fiestas patronales, el movimiento del Ball dels Cossiers y sus vestimentas, las calles engalanadas, el sonido de las papelinas al viento. Recuerdo la música lejana que anunciaba la llegada del carrito de los helados, las monjas de Las Agustinas y la galleta para cada una de las alumnas. Soñábamos con el día de la fiesta de Sant Jaume. Revivo aquel placer.

Llévenos a pasear por su época estudiantil…

Mi padre solicitó un cambio de destino y se lo concedieron y fuimos a vivir a un piso de la zona de Son Gotleu en Palma. Todo a nuestro alrededor era campo, no había otra finca más que la nuestra y mis padres montaron una pastelería. Éramos muy felices en la nueva ubicación.

Me inscribieron en la Escuela Pública de La Soledad y posteriormente hice el bachiller en Sant Josep Obrer. Siempre destaqué en dibujo y en manualidades y buena nota con el el resto. Reconozco que era una estudiante que no destacaba pero aprobaba en todas las asignaturas. Luego hice magisterio y he sido profesora hasta que me he retirado en el Colegio Guillem Sagrera de Palma. De los 16 a los 18 años, fui a Artes y Oficios para estudiar fotografía y modelado.

Sigamos con el paseo y nos recreamos con unas imágenes de su adolescencia…

No guardo los mejores recuerdos de esa etapa, tiene mucho que ver mi carácter introvertido. Me costaba hacer amigos, me metía en mi papel y trazaba una línea fronteriza, una barrera que impedía a los demás llegar hasta donde yo estaba. Me dedicaba a estudiar, a ayudar en la pastelería y alguna vez con amigas y amigos iba al cine o a la discoteca. Pronto en esa pandilla comenzaron a crearse parejas y yo con 19 años conocí a mi novio y pronto, a la edad de 22 años se convirtió en mi marido. Antonio Novo, profesor, nacido en Granada.

Él siempre me ha apoyado, le gustaban mis dibujos y sabía de mi devoción por la pintura. Desde el principio se preocupaba por comprarme lienzos, óleo y otros materiales. Hubo un tiempo en que me sentí muy condicionada por mis estudios de magisterio y necesitaba ejercitar mis brazos y mis pinceles y recuerdo que vi un anuncio de la Escuela Libre del Mediterráneo y me apunté.

¿Y cómo combinaba aquella afición con su profesión de docente?

A principio iba a clases de pintura en las vacaciones de verano. La primera vez visité la casa particular del propietario y director, Xim Torrents, para consultarle y me asesoró y me convenció para inscribirme en su escuela. Quedé impresionada al compartir espacio y reloj con sus alumnos. Notaba como y cuanto asimilaba a cada paso. En aquel entonces entré como profesora de la Escuela Son Quint y a las cinco de la tarde cuando acababa, marchaba corriendo a la academia de dibujo y así durante ocho años. Fueron muchas horas de correcciones y vuelta a empezar, sobre una raya, sobre un gesto. Repetir y repetir a veces era decepcionante. Con el tiempo te das cuenta de lo necesaria que fue aquella disciplina en las aulas para poder afrontar lo que vendría después. Cuanto agradezco la experiencia que adquirí en aquellas clases.

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El conocimiento sobre el dibujo podía ser infinito y hubo un periodo en el que me interesé por el brillo de las obras de Sorolla. Investigué sobre aquella luz interior. Hice muchos experimentos, también de otros grandes de la pintura. Nunca se sabe lo suficiente.

¿Cuando comienza a sentirse segura de sus creaciones, tanto como para mostrarlas al público?

A los 25 años con mi primera exposición individual, titulada; Flors de tot temps. Posteriormente a los 28, nos presentamos los alumnos de la academia en una colectiva en el Palau Verí que habíamos preparado con Xim Torrents. Desgraciadamente, él falleció antes de la presentación. Mis obras se vendieron en su totalidad y me animé a trabajar más y más convirtiendo una habitación de casa en estudio.

Al mismo tiempo me ejercité en pintar al natural, percibía la llamada de la naturaleza y durante las vacaciones y los fines de semana, no hacía otra cosa que pintar. Luego vinieron más exposiciones individuales y colectivas y fue un no parar.

Desde su perspectiva ¿Cuál ha sido la evolución de su pintura?

Mis comienzos con pastel que aún conservo, mis dibujos, mis primeros experimentos y el perfeccionamiento de la técnica en la Escuela Libre del Mediterráneo, la seguridad adquirida durante esos años, y si había algo innato en mi interior también se amplió al recibir esos conocimientos. Practiqué y sigo haciéndolo con la encáustica, aunque no he apartado de mi trabajo pictórico ninguna de las disciplinas en las que siempre me he desenvuelto; óleo, acrílico, pastel, acuarela.

Desde 1989 además de Madrid, Vitoria y Sevilla, he expuesto en casi la totalidad de localidades de Mallorca, Palma, Algaida, Felanitx, Valldemossa, Andratx, Ca’s Concos, Montuïri, Manacor, Calvià, Santanyí, Sóller, Cala D’Or, etc.

En su estudio, guarda obras de distintas épocas y una variedad de esculturas de barro…

Sí. Además de pintura, realizo trabajos en barro sobre los diferentes “dimonis” de las fiestas populares de nuestra isla. Algaida, Montuiri, Santa Margalida, son algunas de las poblaciones en donde tienen lugar estas tradiciones.

¿Quién ha sido influyente en su carrera?

Sin duda Xim Torrents, Sorolla, quizá porque mi abuela valenciana que tenía un casa en la playa hablaba de él y de sus obras. De jovencita me gustaba Velázquez, los impresionistas franceses, Renoir, Monet, también Rembrant, Ramón Casas, Fortuny, Sargent, Thorn… ¡uf! Tantos y tantos.

¿Permítame conocer alguna de sus aficiones?

Las manualidades. De niña aprendí a hacer ganchillo y aún sigo practicando, restaurar objetos antiguos. Busqué el hilo original para recuperar una cortina de más de cien años. Me apasiona leer, viajar, ir al cine, pintar con carboncillo. Una de mis aficiones favoritas es la fotografía, hice revelado analógico y me gusta la ampliadora y el trabajo de laboratorio. Me entretengo leyendo libros de pensamientos filosóficos y de sabiduría.

Dígame cuál es su película y libro favoritos

Casablanca y La familia de Pascual Duarte, aunque aquí me falta añadir a Agatha Christie y La Regenta y Ana Karenina.

¿Escoja una receta gastronómica?

Me encanta la gastronomía mallorquina y me decido por un bizcocho: la Coca de cuarto.

¿Qué puede destacar de su actividad en tiempo de pandemia?

Me he vuelto más casera, he leído como nunca, me he preocupado más de mi jardín y he paseado con mis amigas.

¿Cómo es Consuelo en la actualidad?

Si miro atrás percibo tantos cambios. Antes recibíamos más apoyo, más reconocimiento. Los pintores clásicos en la actualidad sufrimos mucho para encontrar un espacio. Aunque yo no debo quejarme, mi posición me lo permite y sigo pintando lo que me apetece. Quiero enseñar a mis nietas mellizas, hijas de mi hija Consuelo, a dibujar. Guardo como un tesoro el cariño de mis alumnos, la satisfacción de descubrir con ellos, aquellos primeros libros y cuentos en primero y segundo de primaria en el Colegio Son Quint. Soy una persona paciente y esa manera de ser, la llevé a cabo en la enseñanza a la que he dedicado gran parte de mi vida. Me sentía muy feliz en clase. Fue una etapa distinta la que pasé en el Colegio Guillem Servera. Ahí impartíamos clases a niños que necesitaban recuperar y costaba hacerles comprender que sin estudios el futuro sería incierto. Algunos iban muy retrasados y apenas mostraban interés por superarse. Era un trabajo inmenso convencerles para que fueran receptivos. Pero de todas esas vivencias siempre hay notas positivas.

¿Qué le preocupa?

Algunas veces tener la impresión de que el mundo no avanza y lo más decepcionante es captar que regresa al pasado. Me preocupa la contaminación, la imprudencia que cometemos dañando el medioambiente, la intolerancia, la discriminación de sexo, de razas.

Como tantas personas que pasaron por la Escuela Libre del Mediterráneo y descubrieron la fórmula para ejercitar sus instintos artísticos y aumentaron los decibelios de los sonidos de pasión por la pintura. Pero que más adelante en su soledad, se embarcan en una nave y se adentran hacía un océano desconocido y sin mapas, sin GPS, sin una señal conocida deben sobrevivir. Cada uno de aquellos seres, abre la puerta en el último día de clase y se enfrenta a una sociedad cambiante y desconcertada. Consuelo apostó por su personalidad, era consciente de su talento y así lo ha descrito en sus lienzos paradisiacos. Parece que el mundo se hubiese parado en los escenarios de cada uno de ellos y nos desvela una constelación de ensueño. Una naturaleza plácida, pétalos deslumbrantes que danzan en un jardín edénico, elementos que nos rodean, nos abrazan y nos regresan a la meditación y a la calma.

Tras unas horas de preguntas, respuestas y poses fotográficas, salimos del estudio y descendimos por las escaleras de aluminio. Conocimos a su marido Antonio que andaba trasteando por el jardín y que nos había preparado un refrigerio a base de jamón serrano cortado a mano y unos vinitos. Nos contó que durante un tiempo fue propietario de una Galería de Arte en la que Consuelo expuso en diversas ocasiones, con agradable rendimiento económico y reconocimiento público.

Para Francisca y para mí había llegado la hora de partir y de pensar en la siguiente cita.

Para más información: www.torrescanet.com

Textos: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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