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Consuelo Plaza Aranda o lo inadvertido en una secuencia pictórica
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Consuelo Plaza Aranda o lo inadvertido en una secuencia pictórica

Aunque quedamos antes en una cafetería cercana para tomar café, para realizar la entrevista de esta jornada nos dirigimos a un edificio alto de la zona de Magalluf en dónde Consuelo y su familia pasan los veranos desde que compraron un apartamento en 1991, dejando su hogar y su rutina en Doetinchem.

María Consuelo Divina Plaza Aranda es el nombre completo de la artista plástica que nace en Madrid el 5 de enero de 1950, el mismo año que se abriría la puerta a una década en la que las dos grandes potencias de la Segunda Guerra Mundial hicieron añicos su alianza y se enemistaron para dar inició a una Guerra Fría cargada de desconfianzas. Fue la época brillante de Elvis Presley, sus películas y sus canciones se consumían a todas horas, de hecho su disco más vendido se publicó en 1957 (Christmas Album). Nat King Cole, Everly Brothers, Juanito Valderrama, Jorge Sepúlveda, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, eran algunas de las voces más reconocidas. Se editaban entre otros; El guardián entre el centeno, El señor de los anillos, Crónicas marcianas, Lolita, Asterix El Galo. Triunfaban los largometrajes; Eva al desnudo, Jungla de asfalto, Extraños en un tren, Cantando bajo la lluvia, Un tranvía llamado deseo, Cara de ángel, Bienvenido Mr. Marshall…

Hija de Andrés, funcionario natural de Logroño y de Ángela, profesora natural de Soria. El matrimonio tuvo cuatro hijos; Andrés, Consuelo, Javier y Ángel y a todos pudieron darles carrera universitaria.

Abra el tarro de sus recuerdos y vierta unas pinceladas de su infancia…

Vivíamos en Madrid y mi memoria se remonta a la edad de siete años cuando hice la primera comunión. Desde esa edad y hasta los catorce fui al Colegio de Las Salesianas. Niños a una parte, niñas a otra, vestidos con uniforme y con cuello de plástico. Cada mañana antes de empezar era obligado ir a misa. O sea que el primer ejercicio matinal era siempre estar de rodillas.

¿Qué tal se le daba estudiar?

En general bien, sobre todo en dibujo, en bordados, en historia, matemáticas y química. Me encantaba jugar y pintar, tanto que Sor María en cierta ocasión al ver mis dibujos me comentó que si me dedicaba, algún día podía ser una buena artista.

Cuando cumple los catorce años, su padre acepta una propuesta de trabajo y marcha con su madre y sus dos hermanos pequeños a Panamá como Consejero de Educación de la Unesco.

Así fue. Mi hermano mayor y yo nos quedamos a vivir en casa de los abuelos maternos, Vicenta y Ángel. Recuerdo como los echaba de menos y hasta un año y medio después no volvimos a ver a nuestros padres. Los abuelos paternos eran Consuelo y Andrés.

A la edad de quince años la inscriben en el Colegio San Estanislao de Cosca y allí supera quinto y sexto de bachillerato y preuniversitario.

Era una época de volcarme en los estudios y lo hice, estudié latín, griego, historia del arte, técnicas de dibujo artístico, perspectivas, equilibrio, utilización de materiales, reacciones, mezcla de colores, tintas. En esa edad adolescente descubrí a Maria Laforet, a The Beatles, Rolling Stones, a consumir literatura clásica, física y química. Era una empollona. Me gustaba mucho cocinar, me llamaba la atención la composición de los diferentes platos. Tuve un amigo con diecisiete años, (José Luis) que realmente fue mi primer amor. Acabé el Preu y lo aprobé a la primera.

De los dieciocho a los veintidós estudia en la Universidad Autónoma de Madrid y se licencia en Filosofía y Letras y se especializa en Bellas Artes, Historia del Arte y Arqueología.

Cuando comencé en 1968 iba al Retiro, después pasaron la Universidad a Tres Cantos y estudié, Derecho, Filosofía y Letras y Económicas. Tuve un profesor excelente; Manuel Albar que fue Presidente de Real Academia de la Lengua. A los 22 años hice la licenciatura en Ampurias, realizando las prácticas en las excavaciones que comandaba el Catedrático Eduardo Ripoll. Era pleno verano y conocí a un hombre que trabajaba allí, alto, de ojos azules, estudiante de Geología y Geografía, quien unos años más tarde se convertiría en mi marido. No obstante, antes de que eso ocurriese paso un tiempo. Poco después de conocerle se marchó y al cabo de unos meses me invitó a ir a Holanda, ahora Países Bajos. Tras esa visita pasamos un año en que solo nos escribíamos cartas.

Después el vino a Madrid con un amigo y se pasaron por mi casa. Se presentó a mi padre y este, en un ejercicio de patriarca protector le preguntó… ¿Y tú que intenciones tienes con mi hija? ¿Por qué no te casas con ella? Yo, allí en medio de los dos, expectante, cuando suena la voz de Jos que contesta; ¡pues sí¡ ¡nos casamos!

Esa noche, él y su amigo durmieron en casa de mi hermano, yo en mi cama de siempre y sin pegar ojo.

Para contraer matrimonio en España, Jos debía superar un curso de preparación matrimonial y al final decidieron casarse en un suntuoso castillo en mitad del bosque, situado en el municipio de Montferland.

Fue una fantasía, un recuerdo inolvidable. Teníamos amor, pero no teníamos trabajo. Por aquel entonces vivíamos en la primera planta de la casa de los padres de mi marido, en Doetinchem y aprendí a trabajar en la granja y en mi tiempo libre, pintaba. Por cierto para temas burocráticos en los Países Bajos te reconocen con el primer apellido de tu marido, en este caso Visser. Por tanto a veces hay quien me llama Consuelo Plaza Visser. Tuvimos tres hijas; Eva en 1976, Marta en 1977 y Angelina en 1984.

En mitad de la naturaleza, todo era muy rústico. Iba a la Universidad en autobús para aprender el idioma y estudié Seguros sociales y me diplomé como intérprete.

Me contrataron en el Ayuntamiento y estuve durante diez años, realizando labores de intérprete para españoles, en juicios, problemas con la seguridad social y colaboraciones con la Embajada Española en La Haya. Luego fui Coordinadora de cultura en tres ciudades para hijos de adultos españoles.

¿Y que pasaba con su vena artística?

Viaje a Mallorca en 1983 interesada en conocer los grabados de Joan Miró y realicé unos cursos en la Fundación que lleva su nombre.

Un día de 1984, mi marido presentó unos dibujos míos en el periódico de la provincia de Gelderlaand. Habitualmente hacía paisaje, pero se quedaron con mis piezas surrealistas y así comenzó mi aventura pictórica. Surgieron muchas exposiciones y yo me animé. De repente desde el Instituto Cervantes me abrieron las puertas para exponer en Utrech, eso me sirvió para figurar en la interesante colección Sanguin de pintores españoles y de ahí nació mi primer contacto con Calviá. Posteriormente en Valdemoro, la Galería Prado en el barrio de Salamanca de Madrid. Realicé un tour por todos los Hoteles Hilton, los Hoteles Marriot, Hoteles Escandinavos, Londres, Suecia, Francia, Moscú, Nueva York, Suiza, Méjico, diferentes lugares en África y en América… fueron más de doscientas exposiciones individuales y colectivas, dónde mostré mis trabajos de pintura y cerámica.

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Me encontré en una habitación delante del espejo, la figura que se reflejaba en él era yo, pero sus movimientos no coincidían con los míos y en cambio su voz tenía el mismo volumen que la mía, su rostro apenas había envejecido. Pensé por unos momentos que era un ejercicio de ciencia ficción que alguien estaba practicando conmigo y me dejé llevar. El tipo del espejo me preguntaba que me había parecido la pintura de Consuelo y yo acepte seguir como si tal cosa; - Sinceramente no esperaba que mi cuerpo reaccionase con tanto asombro al profundizar en la carrera profesional de esta artista y más al acercarme a su iconografía surrealista, - le contesté. Me he imbuido en los matices cromáticos, he intentado traducir las palabras de sus colores, he pasado el dedo por el contorno de sus personajes a fin de ubicar mi mente en sus definiciones y he llegado a la conclusión de que ha logrado encontrar una de las piedras filosofales que todo artista anhela descubrir. – concreté.

-¡Vaya!, a mí me ha ocurrido lo mismo. Creo que se debe a la forma en cómo lubrica el engranaje de su espíritu. - Contestó el “desconocido”.

Y así, estuvimos charlando un largo rato hasta que me desplacé unos milímetros para tomar un trago de cerveza y al regresar sobre mis pasos me di cuenta de que el espejo no estaba.

¡Por Dios! Había estado ensayando con una de las figuras de Consuelo y doy fe de que sin volar, conseguí alinear aquellos astros.

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¿Cómo definiría el acto de pintar?

Como una actividad vital, imprescindible para mí. Me pongo delante de un lienzo en blanco partiendo de cero y el pensamiento mueve la mano, aparecen imágenes, formas indefinidas y a veces surge el instinto y es la mano que inicia el movimiento. Soy de las personas que piensan que debemos permitir la improvisación, el instante único en el que el subconsciente quiere usar su espacio. Me pasa lo mismo con mis trabajos de cerámica y actualmente con la técnica en labores digitales.

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¿Qué tal su relación con Mallorca?

Desde que vinimos a principios de los años 90 nos hemos adaptado a la zona y al carácter. Hemos visitado numerosos lugares, paisajes y aprendido de las costumbres y tradiciones de la isla. Hemos conocido gente maravillosa como es el caso de Isabel Matas y Jaime Roig de Diego.

Dígame alguno de sus gustos personales…

¿Sus artistas preferidos?

Lita Cabellut a la que he conocido personalmente y he tenido la oportunidad de compartir una charla muy interesante y mostrarle mi admiración. Son artistas muy variados en sus temáticas, referentes como; Francis Bacon, Picasso, Matisse, el arte pop de Lichtenstein, Louise Bourgeois por sus soberbias creaciones sobre las arañas.

Si tuviera que elegir la lectura de un solo libro ¿por cuál se inclina?

El último catón de Matilde Asensi. Me gusta que quien narra me conduzca a través de su historia y eso me ocurre con este libro.

Y si hacemos lo mismo con su película favorita ¿Qué me contesta?

Pues que me quedo con Avatar por infinitos motivos.

Y ya que estamos en mitad de esta confesión ¿algún plato gastronómico por el que sienta favoritismo?

Sin duda; la sopa de ajo y el pica-pica.

Asume varios papeles, como madre y esposa, como docente, como artista, como ingeniera y promotora de ideas culturales ¿En cuál se siente más cómoda?

Me gustan cada uno de ellos y cada uno tiene su propio espacio. En el fondo, de manera inconsciente todos se vinculan porque ocurren en mí y a mí alrededor.

Deja que te diga Consuelo Plaza Aranda que los sedimentos de tus siluetas arquitectónicas adquieren simbolismos geométricos y que como fruto obligado que debe dar cada creador, servirá para polinizar las calles, las paredes, los laberintos, las flores, los árboles, los museos y los gustos y placeres de quienes sienten el gozo de observar tu arte.

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Acabamos la entrevista comiendo un delicioso menú en un restaurante cercano, con dos de sus hijas y con un grupo de amigas de Consuelo. Había sido una jornada en la que la empatía se apoderó de la atmósfera y las agujas del reloj giraban hacía un tiempo relajado y agradecido. Al repasar el trabajo fotográfico de Francisca hemos observado que las musas pululaban a su antojo.

Texto. Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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