Trump, por omisión

Casi todo el mundo en España está más o menos de acuerdo en que los métodos de Trump para intentar resolver en el ámbito internacional los problemas que él cree que merecen su intervención acarrean otros muchos de dimensiones no calculadas o, acaso, despreciadas por el presidente de EEUU.

Por tanto, tanto desde una izquierda que lleva años mirando para otro lado cuando se le mentan los crímenes de determinadas dictaduras, como desde el centroderecha sociológico y político español, nadie puede aprobar los procedimientos y la unilateralidad de Trump, incluso aunque se comparta la necesidad de acabar de una vez con la tiranía islamista iraní.

Otra cosa es que la derecha populista de Vox se alinee incondicionalmente con todos aquellos a quienes identifica como representativos de su espacio. A Abascal lo mismo le da salir en la foto con Trump, con Giorgia Meloni o con Marine Le Pen, como con Viktor Orbán, valedor y quién sabe si algo más de Putin en el seno de la UE. La de Vox es una posición acrítica, visceral y simplista, como todos sus mantras. No les he escuchado el más mínimo análisis serio. Ni en esta, ni en casi ninguna cuestión.

Pero lo cierto es que la postura europea -suponiendo que haya, al menos, un cierto denominador común entre los principales actores de la Unión- evidencia, como casi siempre, una inveterada falta de iniciativa en el orden internacional que lastra su credibilidad. Europa no puede ser mera espectadora y juez de lo que hacen las demás potencias, pues eso nos conduce a la irrelevancia.

Sí, cualquier demócrata compartiría que no se pueden saltar todos los mecanismos previos establecidos por el derecho internacional antes de emprender una aventura militar de incalculables consecuencias. Como mínimo, el de consultar o siquiera avisar a tus aliados de la OTAN, digo yo.

Pero, dicho esto, hay que recordar que el régimen iraní lleva cuarenta y siete años masacrando a su propio pueblo, financiando el terrorismo que padecemos en occidente y asesinando impunemente a quienes considera enemigos del Islam, desde mujeres que no visten o se comportan como esta cuadrilla de anormales pretende, homosexuales sin otro delito que su orientación, hasta disidentes pacíficos por el solo hecho de oponerse a la tiranía. El último episodio, la pasada semana, con otro ahorcamiento masivo. Y aquí, nadie ha alzado la voz hasta que se produjo el primer ataque combinado de Israel y EEUU. Ni los partidos de la izquierda supuestamente progresista, ni las organizaciones feministas, ni los lobbies LGTBI, nadie. Ni siquiera San Pedro Sánchez, inopinado apóstol del derecho internacional y de los derechos humanos, especialmente cuando quienes los incumplen son otros estados democráticos.

Al contrario, Irán felicita efusivamente a nuestro presidente y hasta coloca su efigie en los misiles que dirige a Israel. Cuando quien te felicita es un criminal -ya sea un etarra o un teócrata iraní- ya se puede deducir la clase de moralidad que atesoras.

Así las cosas, lo cierto es que los europeos nos quejamos del salvaje pragmatismo norteamericano cuando únicamente busca satisfacer sus intereses privativos y los de su aliado incondicional, Israel, pero es que resulta que ni una sola vez Europa toma la iniciativa para acabar con las tiranías. Ni en Venezuela, ni en Irán, ni en Cuba, ni en ninguna parte. Nos dedicamos a impartir doctrina desde el decrépito púlpito del Viejo Mundo -las más de las veces sin que nadie nos haga el más mínimo caso-, mientras todavía es incluso tabú hablar de una fuerza militar unificada en nuestro continente, no vaya a ser que cedamos en exceso la soberanía de nuestras 27 tribus.

Trump es lo que es, cuesta definirlo con un solo término, pero sus bravuconadas, amenazas y acciones unilaterales se justifican en la enfermiza incapacidad para tomar decisiones de sus principales aliados europeos. Puede que la Unión Europea sea la que alberga la razón en sus planteamientos de escrupuloso respeto al derecho internacional. Pero, eso sí, es incapaz de imponer a los demás esos principios cuando falla todo lo demás, es decir, casi siempre. Los embargos comerciales a que tan aficionada es nuestra Comisión acostumbran, además, a generarnos perjuicios a los propios ciudadanos europeos y no hacen sino cosquillas a los regímenes a los que se le imponen, que suelen sortear con la complicidad de China, nuestra gigantesca fábrica en Oriente. La cuestión no es baladí, literalmente financiamos a quien boicotea nuestra política internacional. Es de locos.

Trump no es, desde luego, la solución a casi ninguno de nuestros problemas, pero reconozcamos al menos que puede excusar ante su público su peculiar modo de actuar en nuestra inexplicable y perpetua omisión.   

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias