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¡Uep los amigos! (2ª)

jueves 25 de noviembre de 2021, 04:00h

Pero bueno todavía conservo cierta dosis de esperanza y consuelo. Con algunos, no nos tratamos pero nos sabemos accesibles y disponibles y esto nos basta. Con otros me comporto como el Guadiana o como las espectacular Ses Ufanes de Campanet, que es una fuente natural de agua con afloramientos intermitentes que brotan de manera difusa, de caudal muy potente y repentina, después de la acumulación de lluvia, por lo que cabe recalcar que no siempre tienen agua. Con otros no he superado todavía la fobia de encontrármelos. En fin, el menú es muy variado. Pero gracias a mi neuroplasticidad que rediseña mis mapas mentales que me permite, aparte de crecer, progresar, disfruto mucho cuando recupero amigos con los que habíamos decidido cierta tregua, deshabituación o con los que había malentendidos. De hecho tengo amigos que solo nos tratamos en Navidad, a través del WhatsApp o de la administración de lotería y en dosis homeopáticas (“el décimo de navidad”).

A más autoestima mejor calidad en los amigos que elegimos. El método de elegir y cuidar a los amigos se asemeja a los buenos vinos que se deben seleccionar y tener denominación de origen. Hay varios círculos de amigos: amigos contables, amigos confortables, amigos disponibles y ex amigos incontables. El ser humano no es quien dice que es, ni es lo que dice que hace, es lo que hace. Esa es la prueba de algodón.

Pero teniendo en cuenta que el origen de los pensamientos y de las conductas son los afectos, habría que añadir que es lo que hace pero sobre todo desde donde lo hace. He ahí la prueba del algodón de la vida, el barómetro que mide la temperatura vincular en las relaciones humanas.

Conviene construir el futuro conservando amigos que nos puedan soportar. Déjenme que comparta con ustedes parte del elogio a los amigos de Vinicius: No perciben el amor que les devoto y la absoluta necesidad que tengo de ellos. Y yo podría soportar, aunque no sin dolor, que hubiesen muerto todos mis amores, pero enloquecería si muriesen todos mis amigos. Inclusive aquellos que no perciben cuánto los siento mis amigos y cuánto mi vida depende de sus existencias. A algunos de ellos no los busco, me basta con saber que ellos existen. Esta sola condición me da coraje para seguir adelante en la vida. Pero, porque no los busco con asiduidad, no les puedo decir cuánto los quiero. Ellos no lo creerían. Muchos de ellos están leyendo esta crónica y no saben que están incluidos en la sagrada relación de mis amigos. Sin embargo, es delicioso que yo lo sepa y sienta que los adoro, aunque no se los diga y no los busque. Y a veces, cuando los busco, noto que ellos no tienen noción de cuanto me son necesarios, de cuanto me son indispensables a mi equilibrio vital, porque ellos forman parte del mundo que yo, tímidamente, construí y se tornaron bases sólidas de mi encanto por la vida. Si uno de ellos muriera, yo quedaría partido al medio. Si todos ellos murieran, yo me desmoronaría. Por eso es que, sin que ellos lo sepan, yo rezo por la vida de ellos. Y me avergüenzo, porque ese rezo es, en síntesis, dirigido a mi bienestar. Ese rezo es, tal vez, fruto de mi egoísmo. A veces, me sumerjo en pensamientos sobre algunos de ellos. Cuando viajo y estoy delante de lugares maravillosos me cae alguna lágrima por no estar ellos junto a mí, compartiendo aquel placer. Si alguna cosa me consume y me envejece es que la rueda furiosa de la vida no me permite tener siempre a mi lado, viviendo conmigo, caminando conmigo, hablando conmigo, disfrutando conmigo, a todos mis amigos y, principalmente a los que sólo desconfían o tal vez, nunca sabrán que son mis amigos”.

En la única Navidad que existe, esta del 2021, he vuelto a hacer balance de mi bolsa actual de amigos. Creo que he invertido bien. Creo que ellos también. Mi revisión, me produce un sentimiento agridulce.

No es una enmienda a la totalidad. Me acompaño con mi máxima lazariana autocompasiva: “nadie mea colonia, suda chanel cinco o caga perlas".

Este trabajo interno me es fértil y después de tantos errores he aprendido a querer y cuidar a los amigos que he elegido, aquí y ahora tener y que tanto me aportan. Hay que querer, querer.

El mallorquín tiene una frase mágica, serotoninérgica, endorfinica, a modo de mantra zen , díganla mirándose a la cara y compártanla desde el corazón : MOLT D´ANYS.

Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.

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