Un 8-M reivindicativo pero dividido y diluido

Las movilizaciones celebradas este 8 de marzo en Baleares con motivo del Día Internacional de la Mujer han vuelto a poner de manifiesto que todavía queda mucho camino por recorrer para alcanzar la plena igualdad entre hombres y mujeres.

Las diferencias salariales, las dificultades de conciliación, la infrarrepresentación femenina en determinados ámbitos profesionales o la persistencia de la violencia machista siguen siendo realidades que justifican sobradamente que cada año miles de personas salgan a la calle para reivindicar la plena vigencia de la lucha feminista.

La igualdad legal existe desde hace décadas, pero la igualdad real continúa siendo un objetivo de la sociedad. Por eso el 8-M mantiene intacta su vigencia. No es una fecha simbólica más en el calendario, sino un recordatorio de que las conquistas sociales requieren perseverancia y vigilancia permanente.

Sin embargo, las movilizaciones de este año también han vuelto a reflejar una fractura que debilita el mensaje. En Palma, una vez más, se celebraron dos manifestaciones distintas. Las divisiones internas dentro del movimiento feminista, alimentadas por discrepancias ideológicas y estratégicas, proyectan una imagen de fragmentación que no ayuda precisamente a fortalecer una causa que debería aspirar a la máxima transversalidad social. Cuando una reivindicación justa se dispersa en múltiples convocatorias, el impacto inevitablemente se diluye.

La igualdad legal existe desde hace décadas, pero la igualdad real continúa siendo un objetivo de la sociedad. Por eso el 8-M mantiene intacta su vigencia

A ello se suma otra tendencia cada vez más visible: la incorporación a las protestas de reivindicaciones que poco o nada tienen que ver con la igualdad entre hombres y mujeres. Convertir el 8-M en un cajón de sastre para todo tipo de causas políticas o ideológicas corre el riesgo de desvirtuar el sentido original de la jornada. La igualdad de género es una causa suficientemente importante como para no necesitar añadidos que distraigan la atención del objetivo principal.

El 8-M debería servir para unir, no para dividir; para concentrar el foco en una reivindicación clara y compartida. La lucha por la igualdad merece amplitud social, coherencia y, sobre todo, un mensaje nítido. Todo lo demás sobra.

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