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Un jesuita, Dios y la vida

Por Sebastián Urbina
miércoles 15 de septiembre de 2021, 04:00h

Hace un tiempo, encontré a un jesuita conocido en una librería. Un hombre culto e inteligente. Hablamos de diversas cosas y, por lo que sea, la conversación nos llevó a que me dijera: ‘Si no creyera en Dios, me suicidaría’.

El Instituto Nacional de Estadística publicó los datos, relativos a 2019, que indican que un total de 3.671 personas fallecieron en nuestro país por esta causa, de las cuales 2.771 eran hombres y 900 eran mujeres. A pesar de que están muy oprimidas, según Irene Montero y cía.

¿Por qué se suicidan más hombres que mujeres? Un elemento clave es la comunicación. (Helen Schumacher/BBC/abril/2019.) Decir que las mujeres están más dispuestas a hablar de sus problemas mientras que los hombres los reprimen es demasiado simplista.

Pero es cierto que, por generaciones, muchas sociedades han alentado a los hombres a mostrarse "fuertes" y no admitir públicamente sus problemas. Los hombres son menos propensos a hablar de sus problemas. A menudo empieza en la infancia. "Le decimos a los niños que los hombres no lloran", dice Colman O'Driscoll, exdirector ejecutivo de operaciones y desarrollo en Lifeline, una organización australiana que ofrece servicios de prevención de suicidio y manejo de crisis las 24 horas.

Es muy probable que así sea. Mi experiencia es que los hombres tienen serias dificultades para comunicarse, incluso con amigos. Especialmente en cuestiones relativas a sus relaciones matrimoniales, de pareja y emocionales. Parece razonable suponer que esto puede generar un peligroso calentamiento de la caldera que todos tenemos dentro. Que, en algún momento, podría explotar.

Pero contar estos problemas, se suele entender como una debilidad. Y un hombre no puede ser débil. ¿Por qué? Porque el papel del hombre, en la historia, la literatura, en el cine, etcétera, es (o debería ser) el de un valiente que, además, es protector de la mujer en apuros, que sería la débil. Ahora, esto es machismo.

Dejo aparte a una minoría de hombres que utilizan la violencia contra la mujer y que son el único aspecto que interesa a las feministas radicales y los medios de comunicación/manipulación. O sea, hay que transmitir la idea de que ‘los hombres’, son verdugos y ‘las mujeres’, víctimas. Generalizando injustamente. Pero este no es el objetivo de este artículo.

¿Qué revelan las palabras de este jesuita, culto e inteligente? Que, sin Dios, la vida no tiene sentido. Al menos para él. Probablemente hay mucha gente que tiene el problema del ‘sentido’ de la vida. Acepto que la manera de plantearse el ‘sentido’ de la vida es muy diverso. Desde los que son capaces de escribir un libro enriquecedor y profundo, hasta los que no son capaces de articular un breve discurso coherente acerca de este problema vital.

En todo caso, la cuestión del ‘sentido’ de la vida es muy importante. ¿Por qué? Empecemos por algún sitio. ‘No sólo de pan vive el hombre’. Tranquilos/tranquilas, también se refiere a las mujeres. ¿Qué significa?

En un pasaje del Evangelio (Mateo 4 y Lucas 4), en el que Jesús es llevado al desierto por el Espíritu Santo (en forma de paloma), para ser tentado por el Diablo y, tras cuarenta y tres días de ayuno, el Diablo reta al Mesías: "Si, realmente, eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan". Jesús responde: "Escrito está: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

O sea, no sólo hay un mundo natural sino, además, un mundo espiritual, vinculado a la palabra de Dios. Si hablamos de espiritualidad trascendente. El jesuita se refería a esto.

Pero ¿qué pasa con los que no creen en Dios? No sé a dónde conducen, pero creo que hay dos caminos. O bien, una espiritualidad no trascendente, o bien, una ausencia de espiritualidad que centra la vida en el mundo natural. Y un no camino, que sería el suicidio.

Por ejemplo, que se enfatice a los niños- entre 0 y seis años- la observación y el tocamiento grupal de sus órganos sexuales, supone priorizar una visión natural del mundo. Para que no haya malentendidos. No digo que – a cierta edad- no se deba conocer el mundo natural, sus características y necesidades. Pero todos sabemos que se puede ‘vivir para comer’, o ‘comer para vivir’, con zonas intermedias. O una frase de F. Savater referida a los nacionalismos. "Todos tenemos apéndice, pero no todos tenemos apendicitis".

Supongamos que el ‘sentido’ de la vida es algo importante para los humanos. Por lo que sabemos, las jirafas, los cocodrilos, los rinocerontes, etcétera, no se preguntan por el sentido de la vida. Pero lo humanos, sí. Salvo, seguramente, aquellos cuyo sentido de la vida se reduce al mundo natural. Comer, beber, defecar, copular, dormir, etcétera.

La pregunta es si esto basta para dar sentido a la vida. Si la respuesta fuese negativa, solo quedaría la espiritualidad trascendente y la no trascendente para poder dar sentido a la vida. Es un hecho que la espiritualidad trascendente da sentido vital a muchas personas. Pero ¿qué pasa con la espiritualidad no trascendente, la que no tiene esta misteriosa chispa, habitualmente llamada fe? Incluso suponiendo que también dé sentido a la vida, no puede apelar a un Ser Superior. ¿Qué importancia tiene esto? Que estoy solo, en este inmenso e inabarcable universo, sin un Dios que tranquilice mi inquietud, o, tal vez, mi angustia vital.

De modo que puede acechar la pesada losa de la ‘soledad cósmica’ en aquellas personas que son conscientes de la misma. Tal vez, no para el que sólo come y bebe. Aunque el maestro Sócrates decía que una vida sin reflexión no merece la pena ser vivida.

La vida sería más pobre sin espiritualidad, trascendente o no. Así que mi conclusión es que un mundo sin espiritualidad sería un mundo vulgar y empobrecido. ¿Lo fomentan las leyes educativas socialistas? ¿Y los medios informativos/manipulativos y de entretenimiento progresistas? Si fuera así, ¿por qué lo hacen? ¿Hay algún mezquino objetivo escondido? ¿Algo que decir, ‘centro centrado’? Perdéis la importantísima ‘batalla cultural’ por estúpida y cobarde incomparecencia. ¡Con la magnífica excepción de Díaz Ayuso!

Oscar Wilde: ‘Todos estamos en el arroyo, pero algunos miramos las estrellas’.

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