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Un nuevo lenguaje para dominar el mundo

Por Agustín Buades
domingo 24 de octubre de 2021, 05:00h

‘Governance’, ‘partner’, ‘gender’, ‘salud reproductiva’ son algunos términos de un nuevo vocabulario que se emplea en las instituciones nacionales e internacionales, sustituyendo conceptos como gobierno, esposo y esposa, hombre y mujer, o anticoncepción.

Esto, unido a una idea extremista de antidiscriminación, se han transformado en instrumentos que sirven para imponer ideologías y que terminan por incidir incluso en nuestra vida diaria y de los cuales generalmente uno se da cuenta demasiado tarde.

Hay que recordar lo que escribió Benedicto XVI sobre la dictadura del relativismo: “Una buena parte de las filosofías contemporáneas afirma que el hombre no es capaz de conocer la verdad. Y, como consecuencia, el hombre que no es capaz de ello, no logra tener valores éticos”.

Así, “acaba por aceptar, como único criterio de referencia, la opinión de la mayoría, si bien la historia demuestra lo destructivas que pueden ser las mayorías”, como en los casos “de las dictaduras impuestas por el nazismo y marxismo”. “Existen dos interpretaciones de las experiencias humanas: una que se basa sobre la realidad, y otra, sobre una construcción de conveniencias de una realidad que se querría”.

La aspiración de algunos gobernantes es la de crear un nuevo orden internacional, y para conseguirlo crean una nueva antropología, como cuando se habla de género, no el dado por la naturaleza, sino el que elige el individuo, atacando así la estructura misma de la sociedad por lo que se refiere a la familia.

Hay que recordar la importancia que tiene el lenguaje en el Derecho, y cómo hoy el tema de los derechos humanos domina la agenda de partidos políticos y chiringuitos ideológicos.

Tampoco hay que olvidar la ambigüedad del lenguaje, desde la conferencia de Pekín, con la discriminación de género, que no tendría que ver con un dato biológico, sino, simplemente, con la interpretación de un rol que la persona quiere protagonizar.

Y así nos encontramos. Algunos intentan cambiar el mundo con un nuevo lenguaje para imponer su despótica dictadura progre, y otros no lo permitiremos, o, por lo menos, lo intentaremos. Nos jugamos mucho, demasiado.

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