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Una más

viernes 06 de marzo de 2020, 09:44h

Esta semana hemos pasado a engrosar la lista de leyes educativas que han regido el sistema en España desde la democracia. De buenas a primeras, como si de un truco de magia se tratase, zas, el gobierno ha puesto encima de la mesa un nuevo texto que ha presentado en las Cortes para su aprobación.

¿Alguien duda de que no se vaya a aprobar? Pues visto cómo han evolucionado las reacciones políticas y sociales en esta semana, me temo que este texto se va a tener que aplicar en menos de lo que canta un gallo. En este punto, conviene reflexionar sobre varios aspectos que son cruciales para entender el proceso y el punto en el que nos encontramos.

Viajemos hasta el año 2013. El PSOE se opuso frontalmente a la reforma educativa del Partido Popular y auspició que toda la comunidad educativa saliera a calle a vitorear consignas en contra de la política educativa que se puso sobre la mesa. Entre otras cosas, criticaban que era una ley sin consenso. A posteriori, y una vez que se constituye la mesa de diálogo para elaborar un Pacto de Estado por la Educación, el PSOE se levanta y deja a todos plantados. Y ahora, que están en el gobierno, con alevosía y ensañamiento, sin haber llegado a ningún acuerdo en el seno del Pacto de Estado, presentan un proyecto de ley a su imagen y semejanza.

¿Dónde está el consenso? ¿Dónde está el acuerdo? ¿Dónde está el diálogo que tanto ha prometido Pedro Sánchez? Pues no está porque no existe. Y es que, el refranero español es muy sabio: “Una vez metido, me olvido de lo prometido”.

¿Y los sindicatos? ¿Y los profesores? ¿Y los estudiantes? ¿Y la sociedad? ¿Y los partidos políticos? ¿Dónde están? Pues no están ni se les espera. Está claro que con estas maniobras la educación está politizada. El tiempo va a demostrar que la oposición que se hizo a la LOMCE en el 2013 respondía a una estrategia política.

No es posible cargarse de un plumazo una ley de educación sin haber analizado sus resultados. Y para ello es necesario que transcurran doce años que es el tiempo que dura el periodo de escolarización de un alumno. De lo contrario, los resultados son parciales y sesgados. De esta manera, parcial y sesgada, nace la nueva ley con lo que no se le augura buenos presagios. Ello es consecuencia de la clase política tan mediocre que tenemos en nuestro país. Y si alguno de ustedes se ha leído el proyecto de ley de educación, ¿Cree que realmente soluciona el problema real del sistema educativo? La respuesta se la daré en la próxima entrega. Estos son mis deberes de la semana.

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