El pasado 11 de diciembre de 2025 me fue publicada en este periódico una carta en la que señalaba al grupo parlamentario de MES, que gobierna Santa Maria, como responsable de las operaciones urbanísticas que se están desarrollando en el municipio. Una de ellas afecta directamente a mi vecindario, que poco a poco se va masificando con promociones de viviendas nada accesibles para los jóvenes de la isla.
Los vecinos, como es lógico, no estamos de acuerdo con este modelo de especulación inmobiliaria que prevé un crecimiento desmesurado. Nos organizamos, recogimos centenares de firmas para detener, entre otras cosas, la tala de más de treinta árboles y también para exigir al Ayuntamiento información detallada sobre una promoción de ocho viviendas con dos piscinas. Viviendas de reducidas dimensiones cuyos precios, por lo que me comentan, se acercan al medio millón de euros. Ahí es nada.
Con las firmas registré una instancia y, al cabo de unas horas, recibí una llamada del alcalde. Y aquí el motivo de esta rectificación: Colau (Nicolau Canyelles) no solo manifestó voluntad de recibirnos cuando quisiéramos, sino que, ya en la reunión con los vecinos afectados, expresó su solidaridad con nosotros y nos explicó con detalle hasta qué punto está trabajando para evitar que la ola urbanística que arrasa Mallorca termine por devastar también nuestro municipio.
Escuchándolo advertí dos cosas. Primera, que su grupo no sabe o no puede comunicar con precisión la labor que está desarrollando en el día a día para frenar esta saturación. Segunda, que la normativa vigente, claramente desfasada, es demasiado laxa e interpretativa y que, en última instancia, su reforma exige consensos políticos difíciles de prever en nuestro panorama actual.
En definitiva, constaté que nada impide multiplicar piscinas cuando el agua escasea ni perseverar en el crecimiento pese a una red de servicios claramente insuficiente; y que, sin depositar ninguna expectativa en los partidos que siguen legislando con la mirada fija en el crecimiento perpetuo, MES sigue siendo, con todos sus defectos, un aliado para frenar el suicidio colectivo en que se ha convertido la vida en una isla que expulsa a sus nativos mientras transforma cada metro cuadrado en simple mercancía.
Gabriel Rosselló Calafell





