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¡Vamos a la playa!

sábado 15 de agosto de 2020, 03:00h

Acompáñeme un día cualquiera a la playa. Lo pasaremos bien, seguro. Pero además podremos hacer algunas observaciones en directo.

En una sola mañana, se dan a nuestro alrededor múltiples situaciones de evidentísimo riesgo de contagio de covid19.

Las primeras en pasar, de dos en dos y muchas veces sin mascarilla, son las subsaharianas (hay que decir que lo son, ¿no?) ofreciéndose para hacernos unas trencitas de colores en el pelo. Llevan catálogo en papel plastificado. Un catálogo que vete tú a saber cuántas manos han tocado antes. Esto pasa mientras en el restaurante han tenido que invertir un dinero que no tienen para guardar las cartas y ofrecer los menús en papel de un solo uso o crando un código QR, siempre según la normativa. Si accedes, se pasan un buen rato haciéndote (a ti o a los niños) las trenzas sin ninguna medida preventiva de aquellas que tanto saben ya en nuestra peluquería.

Luego pasan sus paisanos (en este caso, todos son hombres y van de uno en uno) blandiendo horribles pareos grandes de playa con estampados imposibles para nuestros ojos. No van precintados ni están desinfectados. La prueba de ello es que una familia que está ante nosotros ha querido probar uno. Lo han manoseado como no puede ser de otra manera para comprobar su baja calidad. No les gusta y el vendedor se acerca mucho a nosotros (a menos de dos metros) y nos ofrece el mismo artículo. Ni gel, ni guantes, ni desinfectante, y a veces ni mascarilla. Todo lo contrario de cuando entramos en nuestra óptica y nos dicen que no podemos probarnos más de 5 ejemplares porque las tienen que desinfectar. Igualito.

El día de playa no ha terminado y ya se activa el apetito de las 13 horas. A lo lejos escuchamos “melona, melona, melona y sandía”. ¿Se ha fijado en el paño que maneja la vendedora con el que se seca el sudor al tiempo que limpia la hoja del cuchillo con la que corta el melón, el coco, o la sandía?. ¿Se ha dado cuenta de que no lleva guantes protectores?. Sí, son los mismos guantes obligatorios en el supermercado cuando nos acercamos a escoger un par de piezas de fruta.

Muy de vez en cuando y a lo lejos veremos pasar un coche patrulla de la policía local y aún más raramente veremos pasar a los agentes a pie. Alzan la mirada, miran que la playa no esté abarrotada, y siguen patrullando.

Todos bien controladitos (es un decir, porque los grupos numerosos de adolescentes siguen ahí con besos y abrazos), menos las de las trenzas, los de los pareos y la de la ‘melona’. Actividades que, como usted ya sabrá, son absolutamente ilegales. Ya lo eran antes de la pandemia.

Todos y cada uno de estos ejemplos han sido vividos a diario en primera persona por quien escribe estas líneas. Siempre en una extensa playa del norte de Mallorca. Seguro que usted en la suya no ha visto nada de esto? Y si lo ha visto y lo ha comentado, ¿le han llamado racista?

Ahora el Govern ya puede empezar a hacer cribados entre la población para detectar asintomáticos.

Es sábado. Venga conmigo a la playa.

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