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Violencia contra las mujeres

martes 26 de noviembre de 2019, 03:00h

Ayer, 25 de noviembre, se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, designado por Naciones Unidas desde 1999, para poner de manifiesto la necesidad de combatir una lacra que viene padeciendo la mitad femenina de la humanidad desde tiempo inmemorial.

La violencia contra la mujer, en sus diversas formas de maltrato físico, psicológico, violación, cosificación y discriminación, es la gran asignatura pendiente de nuestra sociedad para poder considerarnos realmente civilizados.

A pesar de que, en la mayoría de los países europeos, las constituciones y las leyes consagran la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, dicha igualdad se incumple en muchos aspectos y persisten determinadas legislaciones que siguen discriminando a la mujer, o que son insuficientes para abordar determinados aspectos, como el de la violencia sexual.

Aquí, en España, desde el año 2003 se contabilizan oficialmente más de 1.000 muertas por violencia machista, más que todas las muertes provocadas por ETA en toda su historia. Un goteo constante de muertes, entre una cincuentena y cerca de ochenta por año, un auténtico fenómeno terrorista que no genera planes policiales ni legislativos especiales, que se acepta con tranquilidad, casi indiferencia, como si fuera una fatalidad inherente a la existencia. Muertes que podrían evitarse con actuaciones más decididas por parte de la sociedad y, sobre todo, de los poderes públicos, con medidas legislativas, judiciales y policiales más efectivas para proteger a las mujeres y, sobre todo, con más empatía y comprensión hacia las víctimas, evitándoles la revictimización que significa el calvario por el que, en muchas ocasiones, tienen que pasar al realizar las denuncias en las comisarías, o en los procesos judiciales.

Hay una falta palmaria de equipos policiales y judiciales preparados para enfrentar el problema y una deficiente legislación, sobre todo en el código penal, en el tema de las violaciones por ejemplo. Y también hay una tremenda carencia en el ámbito educativo. El hecho de que cerca del 20 % de los asesinatos de mujeres los realicen menores de 30 años, el que un porcentaje importante de agresiones sexuales las cometan menores de edad y que conductas claramente machistas sean consideradas normales por adolescentes de ambos sexos, indica hasta qué punto no está funcionando adecuadamente la educación de nuestros jóvenes.

Y ahora, con el auge político del neofascismo de Vox, se plantea abiertamente el problema del negacionismo. Cuando ETA existía, se exigía a los partidos, a los políticos abertzales vascos y a los medios de comunicación la condena explícita de la violencia, bajo amenaza de acciones judiciales e ilegalización. No sé a qué esperan nuestros partidos democráticos a hacer una ley que exija la condena de la violencia contra las mujeres y que ilegalice a los partidos y medios de comunicación que no lo hacen, al contrario, se dedican a negar su existencia y a qué esperan los fiscales para acusarles de actividades terroristas, acusación que con tanta prodigalidad aplican en otras circunstancias.

Solo con una actuación decidida en el ámbito legislativo, judicial, policial y educativo se podrá empezar a solucionar el problema, pero sobre todo con un profundo cambio social, que implique una reflexión personal por parte de todos nosotros que nos lleve a desterrar todos los clichés, estereotipos y tics machistas que todavía dominan todos los ámbitos de las relaciones sociales y, en este empeño, son especialmente importantes los medios de comunicación, que deben dejar de ser vehículos de perpetuación de actitudes, comportamientos y, sobre todo, del ethos, la mentalidad colectiva de nuestra sociedad que aun arrastra una inercia ancestral de discriminación de las mujeres, que acaba en la violencia contra ellas como consecuencia casi inevitable.

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