No quería hablar de esto hoy pero hay cuestiones que no se pueden dejar pasar y que al menos un apunte se debe dejar sobre ellos; la primera cuestión se refiere a las declaraciones de un ministro del Reino de España llamado Oscar López que fue tan miserable de responsabilizar a un difunto, el Presidente Lambar, de unos pésimos resultados de su partido en las recientísimas elecciones en Aragón. Lo grave no es que lo diga, lo grave es que lo piense y además lo use como argumento político. No se puede ser más miserable que una persona que micciona sobre la tumba de un señor prestigiosa y que no puede defenderse. ¿se puede ser más canalla?
La segunda cuestión que no puedo dejar pasar se lo planteo a modo de pregunta ¿Por qué Txeroki se puede pasear por las calles de España y el Rey Don Juan Carlos I no?.
Ahora si les voy a hablar de la idea de volver a casa que obviamente no es mía sino que la aprendí muy recientemente. La aprendí de una persona a la que he admirado desde que la conocí y que siempre he sentido un cariño especial hacia su persona.
Después de muchos años de desconexión me reencontré con esa persona con la que en su momento me unió una gran amistad y a los quince segundos de vernos descubrí que seguía existiendo esa química y proximidad que tuvimos de jóvenes. El tiempo no había pasado para nosotros. Durante las cinco horas de conversación hablamos de como nos había tratado la vida y de las cicatrices que todos los adultos llevamos, pues no debemos engañarnos, ya somos adultos.
Hablamos del orgullo de nuestros hijos y del amor incondicional de padres a hijos con el que ya les amenicé el martes pasado a propósito de Blacky. Asimismo me permitió albergar esperanza; la amistad sincera y que perdura en el tiempo a cambio de nada todavía existe. Que hay gente de paso, demasiada y es a menudo la que te defrauda o decepciona y a la que te une unos grandes anclajes y valores, y eso, sinceramente es muy bonito.
Abordamos el concepto de “llegar a casa” no como el anuncio de turrón pues saben Vds. que Navidad ya ha pasado y mañana es el Miércoles de Ceniza con el que se inicia la Cuaresma Católica. Llegar a casa es ese reencuentro después de muchos años de ausencia y reencontrarte con lo que ahora se llama la familia elegida, esos amigos que en muchos casos son incluso más importante que la familia en la que has nacido.
Hay gente que sufre desencuentros con la familia en la que ha nacido y debe ser algo realmente difícil de sobre llevar, quizás eso ayuda a sentirme un privilegiado pues yo nunca lo he sufrido y es un orgullo que en los solemnes días de Pascua y Navidad nos podamos reunir hasta tres generaciones alrededor de una mesa compartiendo la comida y en una absoluta fraternidad y cordialidad. Ya les decía que tengo la gran fortuna de no ser rencoroso y sentirme extraordinariamente orgulloso de mi familia de nacimiento y de mi familia elegida.
La verdad es que no recuerdo la última vez que compartí unas horas humanamente tan enriquecedoras, con la guardia baja, pugilísticamente hablando, y a calzón quitado que dirían otros. Sinceridad, emociones y mucha estima. Como no puede ser de otra manera, ambos tenemos miserias y éxitos y los compartimos por igual. Ambos tenemos vistorias y derrotas como todo el mundo pero las derrotas se contaban con una sonrisa y los éxitos se celebraban como si fueran propios. Fue mágico compartir vino y rosas, casualmente fue en el día del Santo mártir San Valentín, con lo que había una rosa en la mesa y ahí se quedó. No era una cita sino mucho más, un reencuentro emocionado y emocionante entre dos viejos amigos. La noche concluyó con un abrazo coral y fraternal y el compromiso formal de no dejar pasar tanto tiempo hasta nuestro próximo encuentro.
Volver a casa es, en un soleado mediodía de domingo de invierno, compartir de nuevo mesa y mantel un cocido madrileño de tres vuelcos como mandan los cánones. Éramos unas personas que nos encontramos en un ambiente muy concreto, siempre el mismo y en el que cada uno acude por diferente motivación y esa mesa nos dio la oportunidad de conocernos un poco más, de hablar sin prisa y escuchando y también absolutamente relajado.
Si a lo anterior se le añade que tuve la oportunidad de acudir a la presentación de cuatro libros de novela negra entre el viernes y el sábado dentro del marco de la XVI edició de la setmana negre de la librería Embat, mi librería de cabecera, donde me tratan con exquisita amabilidad y ya conocen mis gustos, poco me queda que decir de estos recientes días.
Les ruego, les suplico, les recomiendo que vuelvan a casa. Llamen a esa persona de la que no saben y fue importante en su vida, no hablo desde luego de los que han resultado que estaban de paso, llámenlas y recuperen el tiempo perdido. Eso alimenta el alma.





