La regularización masiva de inmigrantes anunciada por Pedro Sánchez, inicialmente establecida en 500.000 personas, ha tenido un efecto inmediato entre la población ya residente por decirlo de alguna manera y de forma irregular en nuestro país, especialmente entre los magrebíes y latinoamericanos. A estas horas ya se habla prácticamente a nivel oficial de que la cifra ha superado el millón trescientas mil personas, a la espera de la decisión definitiva sobre su regularización en positivo.
Mientras tanto el último fin de semana hemos vivido momentos de incertidumbre, tensión e indignación como nacionales españoles por los acontecimientos que se han vivido en la frontera hispano-marroquí de Ceuta y Melilla, cuando una horda de más de 60.000 personas han asaltado prácticamente las ciudades autónomas y vulnerado nuestro territorio nacional, un territorio nacional que cabe recordar que lo es desde hace casi la friolera de 500 años, cuando Marruecos ni existía y era más bien un grupo de tribus nómadas del desierto. Lo apunto por la reivindicación territorial que siempre ha planteado el reino Alauí, una tesis totalmente inverosímil conocidos los hechos y circunstancias históricos.
Estos días se ha especulado muchísimo sobre las circunstancias que han motivado esta avalancha invasora sobre la ciudad autónoma de Ceuta, aunque parece estar bastante claro que la anunciada regularización a destajo anunciada por Pedro Sánchez, al mismo tiempo que las presiones sociales que se viven en el Reino de Marruecos, economía precaria, bajo nivel asistencial, paro juvenil y unos jóvenes sin un futuro claro, han impulsado en parte esta avalancha humana jamás vivida. Ahora bien, a parte de los condicionantes sociales que se viven en Marruecos, a nadie escapa que es muy difícil plantear una oleada humana de estas características -prácticamente una invasión- sin la participación del estado que lidera Mohamed VI, monarquía absolutista y totalitaria.
La reacción del gobierno español, mientras tanto, ha sido inicialmente muy precaria, dejando en grave riesgo a los ciudadanos de Ceuta que se han visto avasallados y reducidos en sus domicilios por la avalancha humana, viendo como se colapsaba todo el sistema de la ciudad: cierre de comercios por seguridad de asaltos, colapso de los centros sanitarios, falta de recursos humanos tanto de la policía nacional, guardia civil, hasta que se activó a efectivos del ejército, entre ellos los regulares, que mejoraron la situación y ayudaron al retorno hacia la frontera de muchos jóvenes marroquíes que volvían a su país defraudados y exhaustos.
A Ceuta se desplazaban el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que eran fuertemente abucheados por muchos vecinos y habitantes de la ciudad autónoma. Posteriormente ofrecían una rueda de prensa junto a las autoridades locales que a pocos convenció, en especial cuando habló de la "cooperación" de Marruecos en solventar la situación. Visto y no visto, pocos minutos después volaba nuevamente hacía su nuevo destino, las "vacaciones" en La Mareta, a pesar del conflicto nacional, especialmente territorial que persistía. Pedro Sánchez no tuvo otra ocurrencia, la osadía, de publicar su "playlist" para el verano en redes sociales en mitad de la crisis migratoria en Ceuta y comentado que "espero que os acompañe en estas vacaciones”. Mientras se recogían de las aguas territoriales españolas más de 77 cadáveres que sumados a los de las aguas territoriales de Marruecos se aproximaba a las 100 víctimas.
Y aunque parezca increíble en círculos marroquíes en nuestra isla de Mallorca se jalea al presidente del Gobierno de España con una frase repetida muchas veces las últimas semanas desde el inicio de la regularización extraordinaria de inmigrantes, especialmente entre los más jóvenes y de mediana edad: "viva Pedro Sánchez, el mejor presidente". Mientras tanto a los nativos la situación nos plantea muchas incógnitas de cara al futuro. ¿Esta es una de las cartas electorales a las que juega nuestro actual presidente, el apoyo con su voto de los recién llegados al país cuando puedan ejercer su derecho al voto?
Marga Prohens, nuestra presidenta de Baleares, manifestaba públicamente hace unas semanas que muchas de las personas que llegaban a nuestras islas en patera desde el norte de África, solo bajar a tierra ya decían o pedían "dónde entregar, presentar, arreglar los papeles" para su regularización. Y no llegan pocos, entre 350 y 400 cada semana. La última travesía ha costado como es sabido la vida de 17 personas que iban siendo arrojadas a las aguas marinas así como iban falleciendo después de quince días perdidos en el mar y a la deriva. Prohens volvía a pedir un plan para la emergencia migratoria, afirmando que "no se puede normalizar esta tragedia".
Mientras tanto, los centros de acogida (CIES) en Baleares y otras autonomías están sobrepasados de residentes, pero desde el gobierno central se sigue anunciando la remisión y redistribución, ahora de los recién llegados a Ceuta en algunos casos, a distintos puntos de la geografía nacional. Una situación que estira todavía más la cuerda en las tensas relaciones con las autonomías que ya llevan meses desbordadas por la situación. Además, como es sabido ello supone unos costes de atención para las personas migrantes, sanitarias, alimenticias y otras.
Habrá que esperar ahora qué solución adoptan las autoridades nacionales y autonómicas en esta materia, por supuesto también las de la Unión Europea que se supone algo tendrá que decir puesto que nuestras fronteras lo son también de la Unión, pero lo más triste de la situación es que el Mediterráneo sigue engullendo vidas prácticamente cada día -también en el Atlántico en la travesía entre África y Canarias-, en muchas ocasiones de personas muy jóvenes que se lanzaron al mar en busca de alternativas y de una mejor vida, algunos empujados por conflictos étnicos, bélicos o también en muchas ocasiones engañados por mafias, los nuevos negreros de nuestros tiempos que igual que traficantes de esclavos, juegan con la vida de los demás.





