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A mandar, que para eso estamos

sábado 05 de agosto de 2017, 09:22h

Fue el gran Miguel Delibes con su inigualable obra literaria Los Santos Inocentes (ambientada en los años sesenta, aunque en ningún momento se hace referencia al año en el que la historia transcurre), quien realizó un fiel retrato y no tan lejano de una Extremadura arcaica, anclada en una sociedad estamental (que es la división social que responde a los criterios propios del Feudalismo y el Antiguo Régimen. Los estamentos tienden a ser agrupaciones cerradas, pues se entra en ellos normalmente por las circunstancias del nacimiento, a diferencia de las clases sociales, que se definen por intereses económicos); una sociedad estamental donde el analfabetismo y la bellotas corrían a partes iguales. Donde los señoritos, los altos funcionarios del Estado y los marqueses encontraban en la dehesa extremeña un lugar de retiro, de descanso y ocio, mientras los campesinos les mantenían aseadas y acondicionadas sus tierras. Esas son las coordenadas, en las que el insigne escritor realizó su obra y que, es obligado reconocerlo, el director Mario Camus narró genialmente en la película del mismo título, y de las que solo se puede afirmar que ambas son dos obras maestras.

Delibes narra la vida diaria de un cortijo extremeño donde las miserias y penurias de los trabajadores contrastan con la opulencia de unos cuantos señoritos. Retrata con ingenio la ostentación de una hegemonía social y defensa de una organización socioeconómica férreamente estamental que perpetuaba un arriba y un abajo comunicados tan sólo por la caridad de los de arriba y la servil domesticidad o sumisión de los de abajo.

Delibes retrata la servidumbre y el sometimiento al amo adornado todo ello con la dureza de la existencia cotidiana. Son precisamente esos siervos fieles los que dan nombre a la obra: Paco, el Bajo; Régula; el hermano de ésta, Azarías; y los hijos del matrimonio. Ellos son los verdaderos Santos Inocentes de esa sociedad anclada en el medievo en la que las oportunidades se reservan a unos pocos privilegiados mientras la gran mayoría trabaja para ellos.

Situaciones extrapolables a toda la geografía hispánica, en más o menos medida, por supuesto a Mallorca también.

A los señoritos de la derechona española, herederos de la derechona franquista que retrata Delibes les sigue gustando escuchar lo que decía Régula, en Los santos inocentes: “a mandar, don Pedro, que para eso estamos. Usted dirá”. Lo que enerva, lo que enfurece es que personajillos del tres al cuarto que se declaran de izquierdas como los de Podemos intenten que volvamos a los tiempos retratados magistralmente por la novela de Delibes

Ahora, en pleno año 2017 resulta que en nuestras Islas la Secretaría General de Podem se va a dilucidar entre dos personas que se declaran anticapitalistas, una de las cuales, diputada en el Congreso de Diputados por Baleares y que en año ha presentado una sola proposición de ley (¡debe haberse deslomado!) , que no ha repartido entre los pobres y dependientes ni un solo euro del capital que se lleva como diputada; que comparó en tiempo de elecciones el programa electoral de su partido diciendo: “El programa de Podemos es como el libro de “50 sombras de Grey”, que lo abra por donde lo abra me deja con la boca abierta", que dudo que haya leído el libro, y si lo ha leído, no lo ha entendido, que se ha declarado anticapitalista (como su presunta oponente a la secretaría) y que pretende que Mallorca vuelva a los tiempos de la novela de Delibes.

¿Será porque ya pertenece al sector del funcionariado estatal?, ¿será porque añora los tiempos en que la educación y la seguridad social eran concebidas como una forma de caridad por parte de los señores?, ¿será porque desea ver una Mallorca en ruinas?, ¿será porque tiene que demostrar que es más anticapitalista (signifique esto lo que signifique, en los tiempos actuales) que su oponente?.

Según un proverbio ruso “Añorar el pasado es correr tras el viento”. Por lo tanto cabe preguntarse si es de fiar una persona que quiere volver a un pasado del que solo recordamos ciertos momentos: los que queremos recordar y que modificamos tal como queremos guardarlos, que idealiza momentos que en su día ni eran tan buenos ni valorábamos como ahora, que recuerda el pasado como algo bueno, engañándose y pensando que fue mejor.

Como dijo Maurice Harold Macmillan, político conservador británico y primer ministro del Reino Unido de 1957 a 1963, "Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá", porque nunca ha sido bueno anclarse en el pasado pero si aprovechar las experiencias adquiridas para disfrutar mejor del presente.

Escoger entre las dos oponentes es “salir de guatemala para meterme en guatepeor” (lo he escrito en minúscula para que no se tome como el nombre del país).

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