Ya conocemos la cúspide del organigrama de Cort para los próximos cuatro años. Según el acuerdo hecho público por los líderes del PSIB, Més y Som Palma, el socialista será primer edil de Palma desde ahora y hasta 2017, cuando sea relevado por Antoni Noguera. Miquel Comas será el portavoz del equipo de gobierno municipal. A este burdo y ofensivo reparto de sillas y cargos (los de la política de toda la vida de la que ellos reniegan con beligerancia) ahora se le denomina “ser colaborativos” y “una nueva forma de hacer política”. ¡Suerte que no querían cargos y solo estaban preocupados por el programa!
El cambio que insistentemente reivindicaban en la política se traduce a ojos de los ciudadanos a las primeras de cambio en una suerte de “camas calientes” (como en los buques de la Armada, que cuando uno se levanta otro se acuesta en la cama que se acaba de quedar vacía), lo que hace presagiar lo peor en el resto de instituciones como el Parlament, el Govern y el Consell, donde por la misma regla de tres nadie entendería que se hiciera de otro modo. Aunque cuando se lanzó la propuesta nadie se la tomó en serio, la terna de políticos que pilotarán como nunca la capital de Balears supera cualquier ocurrencia anterior y denigran a la octava ciudad de España en población (428.000 habitantes), asimilándola a un pueblo sin importancia.
Si tanta sintonía hay entre ellos, ¿por qué no han sido capaces de consensuar el nombre del alcalde durante toda la legislatura? Si concuerdan en los ejes programáticos, ¿dónde está la pega para que la responsabilidad de primer edil la ostente solo uno de ellos? Llevando esta nueva política de ocurrencias y esperpentos, de bromas de mal gusto con las que se inicia “esta nueva etapa del cambio”, ¿por qué no hacer una alcaldía a turnos rotatorios, como si se tratase de una guardia de enfermería de Son Espases? Hila por la mañana, Noguera por la tarde, Comas por la noche. No descartemos nada, aunque convendrá contenerse en las bromas porque a partir de ahora en Cort cualquier idea, por peregrina e inaudita que parezca, puede hacerse realidad. Y encima presumirán de estabilidad con una alcaldía cremallera.






