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Adieu Johnny!

martes 12 de diciembre de 2017, 03:00h

El pasado día seis murió Johnny Hallyday, considerado el rey del rock francés, músico de inmensa fama y prestigio en Francia y el resto de países francófonos y considerado una de las grandes glorias musicales del país galo, el más grande después de Edith Piaf.

Fue el introductor del rock en Francia en los años sesenta del siglo pasado y consiguió una fama inmensa que en el mundo francófono ha durado hasta su muerte. Durante los años sesenta y setenta esa fama se extendió a otros países europeos, especialmente España e Italia, donde también su prestigio era enorme y sus seguidores muy numerosos. Su matrimonio con Sylvie Vartan, la cantante ye-yé más famosa del país se convirtió en un acontecimiento social, igual que las variadas vicisitudes de la tormentosa relación de la pareja.

A mi gustaban más algunos de sus coetáneos, como Michel Polnareff o Jacques Dutronc, cuya música me parecía más original y creativa, pero la supremacía de Halliday fue incontestable.

Las nuevas generaciones de españoles desconocen casi por completo a Halliday, porque desde mediados de los setenta se ha ido produciendo un fenómeno de compartimentación musical, por el que en cada país europeo solo se conocen los artistas locales y los anglosajones y se ignora casi por completo a los de los otros países no anglófonos.

Eso no era así en los sesenta, cuando empezó Halliday. En España, además de los Beatles, Rolling Stones y el resto de grupos y cantantes británicos y norteamericanos, eran muy famosos artistas de otros países, sobre todo de Francia e Italia. Gente como el propio Halliday, Sylvie Vartan, Françoise Hardy, Julliette Greco, Jacques Dutronc, Michel Polnareff, Antoine, Jacques Brel, Georges Brassens, Georges Moustaki, Jimmy Fontana, Franco Battiato, Angelo Branduardi, Rita Pavone y muchos otros eran conocidos y apreciados, algunos por encima incluso de sus equivalentes anglosajones.

A partir de finales de los setenta todo cambia y se produce la compartimentación. Hoy en día muy pocos en España conocen a los sucesores de la chanson francesa de los sesenta y setenta. Gente como Dominique A, Benjamin Biolay, Coralie Clément, Keren Ann o Françoiz Breut son casi completamente desconocidos fuera de pequeños círculos de aficionados irreductibles.

Lo mismo ocurre con el cine. La abrumadora presencia de películas anglosajonas solo deja sitio, y no mucho, para las películas española y la presencia del cine francés, italiano, alemán, escandinavo o de los países eslavos es puramente testimonial, habitualmente reducido a algunas salas especializadas en películas en versión original y que malviven gracias a reducidos grupos de espectadores, tan fieles como escasos.

Se trata de un fracaso en toda regla, uno más, de la integración europea. A medida que sobre el papel se iba avanzando en la integración política de la Unión Europea, más se han ido aislando unos de otros los ciudadanos de los distintos países miembros.

Los cínicos, incompetentes y desvergonzados dirigentes de la UE deberían estar profundamente preocupados por este fenómeno, pero parece que a ellos lo que de verdad les importa es la integración de los capitales y el resto es accesorio. Tampoco esperamos nada más de una comisión europea cuyo presidente es el caradura del Sr. Juncker, ejemplo paradigmático de dirigente europeo impúdico, deshonesto y depravado.

En fin, adieu Johnny, es tentador pensar que en algún sitio estás haciendo duetos con Elvis acompañados a la guitarra por Chuck Berry, que también nos ha dejado este año.

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