Entre Grammys, giras y streams, Aitana ha encontrado un hueco para hablar de lo que casi nunca cuenta: su vida sentimental. En una charla distendida con su amigo Ibai Llanos, la artista ha confesado un detalle hasta ahora desconocido sobre su relación con Plex, confirmando que lo suyo es mucho más que una historia de backstage.
La escena es significativa: no es un programa de televisión clásico ni una entrevista rígida, sino una conversación con Ibai, en territorio Twitch, donde los silencios, las risas y las confidencias fluyen de otra manera.
En ese contexto, Aitana reconoce abiertamente un detalle clave de su romance con Plex y se permite incluso lanzar alguna indirecta hacia relaciones pasadas, hablando de etapas en las que se sintió “muy sola y vacía” pese a estar acompañada.
El mensaje es claro: esta vez no está con alguien para no estar sola; está con alguien porque la suma.
Desde que salió de Operación Triunfo, Aitana ha vivido casi toda su vida adulta en público. Ha encadenado discos, giras, campañas y titulares, pero siempre intentando poner una frontera entre lo artístico y lo sentimental.
La diferencia ahora es que la línea se vuelve más fina, pero en sus términos:
Elige a Ibai, un amigo y aliado generacional, como confesor.
Controla el ritmo de la conversación.
Decide qué cuenta y qué no.
Plex, Dani en su día a día, no es un acompañante invisible. Tiene comunidad propia, idioma propio y una relación muy natural con el entorno digital que rodea a la cantante. La pareja se mueve con soltura entre conciertos, directos, reacciones y vídeos compartidos.
En lugar de esconderse, normalizan: se dejan ver, pero sin convertir la relación en un reality. Hay gestos públicos, pero también la sensación de que lo importante sigue pasando cuando las cámaras se apagan.
Cuando Aitana habla de sentirse más “en calma” que en etapas anteriores, es fácil imaginarla con Plex aterrizando en Ibiza o en Mallorca para un fin de semana de desconexión entre conciertos: chiringuito a última hora, baño al atardecer y sobremesas largas mirando al mar.
Ese imaginario mediterráneo encaja con la forma en que se muestra:
Más adulta, pero sin perder frescura.
Más sincera, pero sin caer en el exhibicionismo.
Más enamorada, pero con el foco puesto también en su propio equilibrio.
La conversación con Ibai y las confesiones de Aitana normalizan una idea de amor muy reconocible para su público: relaciones que nacen entre aviones, work trips, festivales y directos, y que necesitan espacios reales de calma para sobrevivir.
Frente al ideal de pareja “perfecta de Instagram”, ella habla de etapas de soledad, de traumas asociados a OT y de la presión de estar siempre en pantalla. Ese nivel de honestidad la humaniza sin romper el aura de estrella.
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