La actividad de reparación y mantenimiento náutico suele asociarse de forma casi automática a los puertos. Sin embargo, buena parte de la industria que da servicio a las embarcaciones opera lejos de los muelles, en polígonos industriales como Can Valero. Allí, entre naves y talleres especializados, mallorcadiario.com se reúne con Alex Casares, presidente de la Asociación de Empresas Náuticas de Baleares (ADNEA), una entidad que agrupa a cerca de cuarenta compañías del sector y que observa con inquietud los cambios que atraviesa una de las industrias más vinculadas a la economía de Mallorca. "Tenemos que diversificar nuestros servicios porque ya no podemos competir en precios con Valencia, Barcelona, Sagunto o Cartagena", afirma.
El presidente de ADNEA dibuja un escenario complejo para la náutica balear. Casares alerta de que cada vez más armadores optan por trasladar sus embarcaciones a puertos peninsulares para realizar trabajos de reparación, mantenimiento o invernaje. Una tendencia que, asegura, ya ha llevado a algunas de las principales empresas del sector a buscar oportunidades fuera de las islas. "El problema es que los barcos ya no vienen a Mallorca", resume. Una frase que, a su juicio, explica buena parte de los desafíos a los que se enfrenta actualmente la industria náutica local.
"La mayor preocupación del sector va más allá de la reforma del puerto. Y es que los barcos se están marchando a la Península"

¿Qué circunstancias llevaron a la creación de ADNEA?
ADNEA nació en 2020 a raíz de la polémica por la tasa de reparación y mantenimiento que impulsó la Autoridad Portuaria, conocida en el sector como "el tasazo". Era un gravamen sobre la facturación de las empresas, independientemente de que tuvieran beneficios o pérdidas, y entendimos que debíamos reaccionar porque afectaba directamente a la competitividad del sector.
Aquel conflicto coincidió además con el debate sobre la gestión de espacios en el Muelle Viejo, donde se estaban tomando decisiones importantes sin contar con muchas de las empresas afectadas. Nos movilizamos, logramos reducir la tasa del 3 por ciento al 1,5 por ciento y defendimos que el futuro del puerto debía decidirse con la participación de todo el sector.
De esa necesidad de tener una voz propia y defender los intereses de las empresas náuticas nació ADNEA.
¿Cuántos asociados sois ahora mismo?
Somos unos 40, todos vinculados a la reparación y el mantenimiento náutico.
¿Cómo valoran los proyectos de transformación del puerto de Palma?
La transformación del puerto es necesaria y, en líneas generales, el planteamiento nos parece positivo. Lo importante ahora es concretar cómo se repartirá el espacio y qué papel tendrán las empresas que llevan décadas desarrollando su actividad en Palma. Creemos que quienes han contribuido al crecimiento de la industria náutica deberían seguir teniendo presencia en el puerto.
Pero la clave es que el proyecto arranque cuanto antes. Llevamos más de veinte años hablando de reformas que nunca terminan de materializarse y existe el riesgo de que un cambio político vuelva a paralizarlo todo.
Dicho esto, la mayor preocupación del sector va más allá de la reforma. El verdadero problema es que los barcos se están marchando a la Península. Puertos como Valencia, Sagunto o Barcelona ofrecen precios más competitivos y están atrayendo a clientes que tradicionalmente trabajaban en Mallorca. De hecho, algunas de las principales empresas del sector ya han empezado a invertir fuera de las islas para adaptarse a esta nueva realidad.
"Es preocupante que profesionales mallorquines vean más oportunidades fuera de las islas"
¿Están notando una caída de la facturación en el sector?
Sí, y además de forma muy evidente. Hay empresas que están sufriendo una reducción importante de la carga de trabajo e incluso algunas han terminado cerrando. Durante años el sector creció y aparecieron nuevas compañías, pero ahora hay menos embarcaciones y, por tanto, menos actividad para repartir entre todos.
La situación no afecta únicamente a la náutica de recreo más pequeña. También se está notando en el segmento de grandes embarcaciones. Aunque instalaciones como STP siguen manteniendo una elevada ocupación, el volumen de trabajo ha disminuido y eso se percibe especialmente en los amarres, donde cada vez es más frecuente ver espacios vacíos porque muchos barcos han optado por trasladarse a puertos como Valencia o Barcelona.

Además del precio, ¿qué otros problemas están afectando a la competitividad del sector?
Uno de los principales desafíos es la dificultad para atraer y retener talento. No es un problema exclusivo de Baleares, pero aquí se ve agravado por el elevado coste de la vivienda. Cada vez resulta más complicado que un trabajador cualificado pueda establecerse en Mallorca, y eso está afectando directamente a las empresas.
Además, la situación ha cambiado mucho en los últimos años. Antes, los grandes barcos tenían que venir a Palma porque pocos puertos podían asumir este tipo de embarcaciones. Sin embargo, el crecimiento de la oferta en la Península ha provocado que muchas empresas y profesionales se hayan desplazado allí. Hoy los trabajadores especializados ya no se concentran únicamente en Mallorca, sino que se reparten entre destinos como Valencia, Barcelona o Málaga, donde las condiciones para vivir son más asequibles.
Es preocupante que profesionales mallorquines vean más oportunidades fuera de las islas que en su propia tierra. Hace unos años era algo difícil de imaginar y ahora se está convirtiendo en una realidad cada vez más frecuente.
Si no podéis competir en infraestructuras ni en precios, ¿hacia dónde debe ir el sector?
Hay que reinventarse. No vamos a poder hacer grandes infraestructuras, así que hay que modernizarse e ir hacia la tecnología, sobre todo hacia la electrificación, que es un mercado que ya está aquí. Por eso organizamos un evento internacional en marzo, con 200 técnicos de 25 países. Tenemos que atraer talento de fuera en electrificación e hibridación. Ese es el futuro.
"El principal reto del barco eléctrico no es la tecnología, sino la autonomía: las baterías siguen ocupando demasiado espacio."
¿Cómo está el sector respecto a la propulsión eléctrica?
Todavía vamos bastante por detrás, incluso más que el sector del automóvil. Sin embargo, es una transición que acabará llegando porque la normativa europea va a empujar en esa dirección.
Tenemos empresas con capacidad técnica e ingeniería para desarrollar estos proyectos, pero gran parte de ese trabajo se vende fuera de España. El conocimiento existe, pero el mercado todavía no ha dado el paso y la demanda sigue siendo muy limitada.
¿El barco eléctrico da más trabajo de mantenimiento y reparación?
Más que el mantenimiento, el principal reto sigue siendo la autonomía. Adaptar una embarcación de combustión a propulsión eléctrica no es sencillo porque las baterías ocupan mucho espacio y todavía existe una limitación importante en la capacidad de almacenamiento de energía.
Donde sí se están viendo avances es en los sistemas híbridos, que combinan ambas tecnologías y ofrecen una solución más viable a corto plazo. Ya existen grandes embarcaciones y algunos ferris totalmente eléctricos, pero en el segmento de los yates todavía queda recorrido por delante.
"Es importante diversificar y apostar por nuevos servicios con mayor valor añadido. La fabricación de piezas es una de esas oportunidades"
¿Os afecta el debate sobre la masificación náutica y los charters?
No es una cuestión que nos afecte de forma directa porque muchas de nuestras empresas ya trabajan habitualmente con embarcaciones de charter. Donde sí existe un problema es en la actividad ilegal. Los llamados charters pirata operan al margen de los controles y, por lo general, tampoco recurren a empresas especializadas para el mantenimiento o las reparaciones.
Desde el punto de vista industrial no hemos notado un aumento significativo de la carga de trabajo vinculado a este mercado, aunque sí percibimos una creciente preocupación entre las empresas de charter regladas por el impacto de la competencia desleal.

¿La fabricación de piezas puede convertirse en una de las claves del futuro del sector?
Creo que sí. Durante años la actividad ha estado muy centrada en la reparación y el mantenimiento, pero ese mercado está cada vez más saturado y cuenta con una gran competencia. Por eso es importante diversificar y apostar por nuevos servicios con mayor valor añadido.
La fabricación de piezas es una de esas oportunidades. Poder producir determinados componentes aquí, sin depender de proveedores de la Península o del extranjero, abre nuevas posibilidades para las empresas locales. El futuro pasa por la tecnología, la innovación, la fabricación especializada y también por la electrificación. Ahí es donde creemos que el sector debe buscar nuevos nichos de crecimiento.
¿Y con las regatas, como la Copa del Rey de Vela, notáis un repunte de trabajo?
Pueden generar algo más de actividad, pero se trata de trabajos muy puntuales. Durante las regatas surgen pequeñas averías o ajustes de última hora que deben resolverse en pocas horas para que la embarcación pueda volver a competir al día siguiente.
Los veleros son los que más demandan este tipo de intervenciones urgentes, aunque en general no supone un cambio significativo en la carga de trabajo. Son actuaciones rápidas y muy específicas, similares a las urgencias que atendemos habitualmente durante el resto del año.





