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Algunas referencias para la orientación del voto

jueves 07 de marzo de 2019, 01:00h
Si por la víspera se barrunta el día, la actual precampaña nos anuncia un debate electoral bronco y con ruido, mucho ruido. Justo lo contrario que necesita nuestra reflexión ciudadana en esta delicada coyuntura. Esta es una de las ocasiones en que la reflexión íntima y serena da cuenta del verdadero nivel de nuestra cultura cívica y política. Una de esas oportunidades en que no poner los cinco sentidos en el asunto es un pecado moral. No es esta la oportunidad para dejarnos caer blandamente en el voto cómodo, por tradición familiar, por costumbre, o por proximidad ideológica. Nuestro buen amigo Manuel decía en estas páginas, como soy un desencantado de Podemos lo que me queda más próximo es el PSOE. Ese deslizamiento es pura comodidad y no responde a la necesidad de un voto informado y bien pensado. Cierto, un voto cavilado nos puede conducir a paradojas incómodas, que nos desplacen momentáneamente de nuestra tradicional adscripción ideológica. Tal vez nos obligue a que, aunque seamos de orientación conservadora, deberemos votar liberal, o aunque seamos socialistas tengamos que votar al centro en esta ocasión. Porque hoy el voto deberá orientarse por referentes sustantivos sobre la situación del país. Por eso creo que resulta útil ofrecer algunos aspectos nodales al respecto.

Priorización de problemas.- Como insiste José Félix Tezanos, insigne director del CIS, para saber cuáles son los problemas que priorizan los españoles no hace falta más que ver las encuestas para comprobar que es el paro y la situación socioeconómica lo que preocupa de lejos a la ciudadanía. Sin embargo, hay una poderosa observación: Andalucía es la comunidad que más sufre de esos problemas y sin embargo hubo mucho debate sobre Cataluña no previsto. Tezanos arguye que ese no es un voto por interés sino un voto emocional. Puede ser, pero no hay que olvidar que en ocasiones la percepción emocional puede ser más intuitiva. Y creo que en este caso es más estratégica. En efecto, la gente intuye que sin resolver el problema del separatismo en Cataluña será mucho más difícil encarar a profundidad el resto de los problemas nacionales. Es decir, la cuestión catalana será uno de los principales asuntos de esta campaña, pero también puede afirmarse que debe serlo. Está claro que para Tezanos y el resto del comando de campaña de Pedro Sánchez hay que evitar este supuesto a toda costa. Ya han determinado que el centro de su campaña será España y no Cataluña. Como si en esta coyuntura no fuera imprescindible hablar de Cataluña para comenzar a hablar de España.

Como enfrentar los problemas priorizados.- Una vez efectuada la selección, se impone reflexionar sobre la forma de encarar los problemas priorizados. En el caso de Cataluña tenemos ya suficiente experiencia adquirida acerca de que no hay punto de contacto alguno para negociar entre el Gobierno de España y la Generalitat secesionista. El propio Sánchez insiste en que solo es posible negociar en el marco de la Constitución y Torra asegura que la democracia del voto es mucho más importante que las reglas del juego de la democracia; es decir, que su premisa es discutir sobre un referéndum secesionista al margen de la Constitución. Insistir en esta pantomima de dialogo imposible no permite avanzar hacia la resolución del problema sino hacia su enquistamiento. He insistido en estas páginas que la única forma de avanzar requiere un cambio en la correlación de fuerzas. Ello podría producirse por varias causas: una crisis interna del secesionismo, un estallido violento de parte de los CDR, la aplicación del 155, entre otras. Pero sin ese cambio estratégico no hay otro horizonte que el estancamiento y la corrupción de la convivencia.

En las filas socialistas se ha dicho, tras el anuncio del adelanto electoral, que lo que no se va a reeditar es el acuerdo que produjo la moción de censura. Por eso Sánchez y su equipo insiste que lo que necesita el país es una mayoría del PSOE en el Congreso. Podría ser, pero, como también se acepta, las encuestas muestran lo ajustado de la intención del voto. Es decir, es cierto que la apuesta de Sánchez es gobernar en solitario, pero nadie está seguro de que si se repite el actual reparto de escaños, Sánchez no repetirá el acuerdo con los separatistas. Y eso es lo que solivianta a sus opositores políticos, especialmente a Ciudadanos, que ha preferido romper los puentes con su antiguo aliado político.

Ante esas circunstancias, la ciudadanía reflexiva se enfrenta a dos apuestas: la primera, volcarse masivamente hacia el PSOE para que no necesite del acuerdo con los secesionistas; la segunda, evitar de una vez ese riesgo y retirar su voto al PSOE, tanto acudiendo a la abstención como votando por otro partido contrario al acuerdo con el separatismo. Lo interesante es que ambas opciones afectan sobre todo al mismo partido: Ciudadanos. Ya sabemos que hay un trasvase de votos desde Podemos al PSOE, pero también sabemos que eso no es suficiente. Debería adicionarse un traslado de votos hacia el socialismo desde Ciudadanos (porque desde el PP sería mucho más difícil). La otra opción también afecta al partido de Rivera: la mejor forma de evitar el riesgo de una reedición del acuerdo Sánchez-fuerzas secesionistas, consistiría en un trasvase desde el PSOE hacia Ciudadanos.

Pero no hay que perder de vista el detalle: optar por una u otra apuesta significa aparcar por un momento la preferencia política tradicional. Un ciudadano puede sentirse rabiosamente naranja pero si opta por la primera opción (fortalecer al PSOE para que no necesite de los separatistas) debería votar socialista. Y una ciudadana puede llevar votando PSOE por décadas, que si opta por la segunda opción, (evitar que Sánchez vuelva a reeditar el pacto con los secesionistas) debe orientarse hacia la abstención o tal vez hacia Ciudadanos. En todo caso, lo que cuenta en esta ocasión es votar de acuerdo a la objetivación del asunto y no dejarse llevar por la inercia ideológica.

La mejor alternativa en un país de alta cultura política.- En todo caso, lo curioso del caso es que lo que más le convendría a la sociedad española, para continuar avanzando en una senda progresista y de sana convivencia, sería un pacto entre PSOE y Ciudadanos. En las filas socialistas los susurros al respecto son fácilmente detectables. Pero nadie se atreve a levantar la voz, porque el “resistente” sólo quiere no resistentes a su manera de hacer política, a menos que quieran perder la oportunidad de participar en las listas electorales.

Ahora bien, ese pacto entre PSOE y Ciudadanos, que tendría una mayoría absoluta sobrada, no parece hoy posible precisamente por el problema de Cataluña. Albert Rivera ha sacado definitivamente al sanchismo del espacio constitucionalista y esos puentes rotos son muy difíciles de reconstruir. Al menos hasta el 28 de abril. El problema para las y los electores es que deben pensar su voto y hacer su apuesta antes de esa decisiva fecha. Deberán realizar un esfuerzo para leer la letra pequeña o incluso entre líneas en las propuestas de campaña. Pero, insisto, en esta oportunidad se aplica aquello de que no utilizar a fondo la inteligencia es en realidad un pecado moral.
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