Aquella trágica noche, Paula Mikrut caminaba por el Passeig Sagrera de la capital balear junto a dos amigos. Se dirigían a cenar a Santa Catalina y avanzaban tranquilamente por la acera, cuando un ruido extremadamente rápido llamó su atención. “Iba con mi bicicleta, encima de ella pero caminando porque Mario no tenía bici. Todo fue rapidísimo, inmediato. No tuvimos tiempo de reaccionar”, recuerda Paula en declaraciones a este digital.
Al girarse vio un coche que se aproximaba a gran velocidad. Antes de poder reaccionar, el vehículo ya estaba encima de ellos. Según la reconstrucción posterior de los hechos, el conductor —un agente de la Policía Local de Palma— perdió el control del vehículo a la altura del número 7 del Passeig Sagrera, se subió a la zona peatonal y arrolló a tres personas. Una de las víctimas, Mario Decandia, italiano de 36 años, murió prácticamente en el acto. Las otras dos —un ciudadano suizo de 25 años y Paula, polaca de 31 años— sufrieron lesiones graves.
IMPACTO, HOSPITAL Y SECUELAS
La inmediatez del impacto les impidió cualquier reacción. “Fue imposible moverse o protegerse, todo pasó en segundos”, recuerda Paula. Tras el golpe, cayó al suelo, inmóvil y cubierta de sangre. “No podía moverme ni respirar. Recuerdo tocar mi cabeza y escuchar la voz de alguien que decía que no me moviera, pero yo no podía”, relata.
Poco después fue trasladada al hospital de Son Espases. Allí comenzaron a conocerse las consecuencias del atropello. El impacto le provocó fracturas lumbares y cervicales, la reconstrucción de una oreja y un traumatismo craneal importante. Durante más de cinco meses no pudo trabajar y todavía mantiene secuelas físicas que afectan a su movilidad.
"Podría haberme quedado en silla de ruedas"
“Me costaba caminar, fue duro. Podría haberme quedado en silla de ruedas”, explica. Fue también en el hospital donde supo que su amigo Mario había fallecido. Una enfermera se lo comunicó. “No lo podía creer. En un momento hablas con una persona y al siguiente ya no está”, recuerda.
INVESTIGACIÓN Y DEBATE JUDICIAL
El proceso judicial comenzó con la investigación de la Guardia Civil, que atribuyó el accidente a una imprudencia grave del conductor. Las pesquisas concluyeron que el vehículo policial circulaba a una velocidad excesiva, de entre 50 y 87 kilómetros por hora, en un tramo limitado a 20, mientras acudía a un servicio de emergencia. Las cámaras de seguridad de la zona registraron el exceso de velocidad y el momento del impacto con los peatones, si bien no pudieron captar si el vehículo llevaba sirena activada.
El juez instructor también concluyó que el agente circulaba “sin mantener la atención necesaria y haciendo uso únicamente de las señales luminosas y no de las acústicas”.
“Si hubiese habido señal acústica y unas buenas luces, todo hubiese sido diferente”, afirma Paula. Las investigaciones posteriores confirmaron la velocidad excesiva del vehículo y la ausencia de señalización acústica.
“Si hubiese habido señal acústica, todo habría sido diferente”
El proceso judicial avanzó con la investigación del juzgado de instrucción. El 17 de septiembre de 2024, el magistrado dictó el auto que sentó en el banquillo al policía local implicado. En esa resolución ordenó también que el acusado depositara una fianza civil de 220.000 euros para hacer frente a las posibles indemnizaciones.
IMPRUDENCIA GRAVE O MENOS GRAVE
Inicialmente, la Fiscalía planteó calificar los hechos como imprudencia menos grave, sancionada únicamente con multa. Argumentaba que el exceso de velocidad no superaba el umbral necesario para considerarlo delito y que el agente acudía a un servicio por un posible caso de violencia de género, circunstancia que podría eximirle de cumplir determinadas normas de tráfico.
La familia de Mario Decandia rechazó esa interpretación y defendió que la conducta del conductor fue una imprudencia grave. Finalmente, el juez instructor apreció indicios de homicidio y lesiones por imprudencia grave, una decisión que posteriormente fue respaldada por la Audiencia Provincial.
Pese a ello, la Fiscalía mantiene su criterio y reclama una multa de 6.480 euros para el agente. La acusación particular ejercida por la familia del fallecido solicita cuatro años de prisión. El caso está pendiente de celebrarse en la Audiencia Provincial de Palma, todavía sin fecha confirmada.
UN RECUERDO QUE SIGUE PRESENTE
Han pasado más de tres años y medio desde el atropello. Las secuelas del accidente todavía siguen en los recuerdos de Paula. Nos confiesa que revive el momento con claridad siempre que pasa por el Passeig Sagrera. “Es difícil caminar por allí, todavía siento el impacto. La vida te cambia en segundos”, refiere.
"Es difícil caminar por allí, todavía siento el impacto"
Paula señala que la investigación oficial ha confirmado los elementos centrales del atropello: un vehículo policial que circulaba a gran velocidad y sin sirena audible, provocando la muerte de Mario Decandia y causando graves lesiones a los otros dos peatones.
El juicio, aún pendiente, será el momento en que se determine la responsabilidad penal por el atropello. Para Paula, ese paso es fundamental para cerrar una etapa marcada por el accidente y poder continuar con su vida. Entretanto, el recuerdo de aquella madrugada del 2 de junio de 2022 sigue presente.





