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En los últimos años, circula entre los ámbitos eclesiales una expresión absolutamente errónea y distorsionada que parece pretender desprestigiar la postura de muchos ciudadanos que defendemos la libertad de conciencia y el librepensamiento como eje medular y articulador de cualquier sistema democrático. Me refiero a la expresión “laicismo radical”. Decir
En los últimos años, circula entre los ámbitos eclesiales una expresión absolutamente errónea y distorsionada que parece pretender desprestigiar la postura de muchos ciudadanos que defendemos la libertad de conciencia y el librepensamiento como eje medular y articulador de cualquier sistema democrático. Me refiero a la expresión “laicismo radical”. Decir
«Quiero empezar este artículo agradeciendo de corazón el enorme esfuerzo realizado por mis compañeras-os, en este periodo electoral que ha durado meses el trabajo, que ha sido siempre desde el corazón y la ilusión, cada cual desde donde ha podido, o mejor ha entendido.» No hemos llegado, no hemos ganado;
Nada más reconfortante que hacer honra de las propias limitaciones, especialmente cuando sólo la fuerza de un desquite puede devolvernos la autoestima robada. “Si estoy desesperado ¡a mí qué me importa!” dijo el premio Nobel polaco de los campos de exterminio, concentrando toda su atención en no perder de vista