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Autoridad malgastada

miércoles 26 de agosto de 2020, 12:47h

Las palabras autoridad, autor y autenticidad son palabras hermanas, cuyo padre es el vocablo griego authentés, que significa “quien es por sí mismo”. El autor, que es original, es un creador que obedece a su propio pensamiento, es en función de sí mismo, puede ganar aprecio si sus ideas son acertadas y se presentan con oportunidad y sensatez. Por ese camino, ganará autoridad, porque sus oyentes depositarán confianza en su criterio y, simultáneamente, se habrá mostrado como alguien auténtico, que expresa lo que piensa.

En sentido contrario, quien copia no es de fiar. En primer lugar, porque se declara incapaz de tener ideas genuinas; además, pretende dar el pego, engañar a quienes lean sus textos, o escuchen sus discursos, robando la producción ajena, que vende como si fuera propia. Esta falta de autenticidad fulmina cualquier atisbo de autoridad futura. La ocultación del pensamiento propio no da garantías, entre otras cosas, porque, tal vez, se oculte lo que no hay, en cuyo caso el fiasco está asegurado. O, en el mejor de los casos, la ideología y pensamientos que se ocultan producen incertidumbre incluso al mismo autor, que no se fía de lo que piensa; en este caso es el pudor, el consejero del timo.

Cualquier lector ha adivinado ya a quién me estoy refiriendo con esta introducción lingüística.

La persona, que gana autoridad a golpe de autenticidades, puede llegar a ser un gran líder, un líder carismático, que no necesitará utilizar la potestad, el poder coercitivo, el del castigo y el estacazo, o el anatema excluyente, para ejercer su función.

El liderazgo es una función de servicio al grupo, o a la sociedad, que es un macrogrupo, que le concierne a quien demuestra tener la máxima empatía con las necesidades, valores y peculiaridades del conjunto social que dirige. Sin esta sintonía de base, el drama va a sobrevenir a buen seguro.

Vivir en sociedad, contar con una estructura, disponer de unas instituciones y una legislación son otras tantas limitaciones, recortes de libertades impuestos para corregir el egoísmo natural del hombre. El esfuerzo de vivir en sociedad es un refugio frente a la ley del más fuerte, que el derecho penal castiga y el Arte permite sublimar.

La paradoja resulta cuando la ley del más fuerte se impone sobre otros valores y el liderazgo se desvirtúa por el impacto de los chantajes.

El Sr. Sánchez ha dado su respaldo “político” al Sr. Iglesias, mientras le hacía un quite en el Congreso, evitando que fuera a dar explicaciones sobre las cuentas de Unidas Podemos. ¿Dónde queda la función de control del Poder Legislativo?, ¿dónde fue a parar la transparencia?, ¿por dónde anda la coherencia, tan rigurosa en otros momentos y con otras personas?, ¿es esta una demostración de la ley del más fuerte, o del más numeroso?

Si el Sr. Iglesias no tuviese nada que ocultar, habría pedido comparecer motu proprio, acatando el espíritu de las reglas del juego democrático. Al evadir el control, está diciendo que tiene miedo; que tiene uno, o varios, chafarrinones que prefiere no dar a conocer. El cómplice, el Sr. Sánchez, al echarle el capote, se le ha igualado. Son tal para cual: ninguno tiene madera de líder. Con la ley en la mano, hacen trampas para sobrevivir y seguir tirando. ¡Mal ejemplo nos dan los gobernantes!

Hacer política entraña un magisterio: el líder es un referente, que encarna el espíritu colectivo de la agrupación social que dirige, su volksgeist, su cultura, sus valores, los ideales a los que aspira. Cuando el líder es un marrullero, no sólo pierde la autoridad que legitima su ascendencia, pierde también cualquier asomo de credibilidad. Se desnaturaliza.

La mentira es un juego de poder, que parece institucionalizado en nuestras circunstancias: que la Sra. Lastra pacte con Bildu la derogación de la Reforma Laboral, destaca una ristra de mentiras: una, la afirmación, reiterada en campaña, del Sr. Sánchez de no pactar con Bildu; dos, la deslealtad, por omisión, hacia la Sra. Calviño, Vicepresidenta tercera del Gobierno; tres, la ocultación de que Bruselas imponía el mantenimiento de la Reforma, como condición previa y el incremento posterior de sus medidas.

El partido de Ciudadanos también ha firmado pactos con el PSOE, en base a mentiras. Rivera, aquel señor inquieto, de prisas contundentes, ya conoció en qué paró un pacto solemne, firmado en sede parlamentaria, ante un gran despliegue de periodistas. La Sra. Arrimadas se procura méritos, haciéndose de ingenua, obteniendo el mismo resultado, aunque más opaco. En este caso, el liderazgo es de laissez passer, un si es no es, casi nada a fin de cuentas, como demostraron en Cataluña, cuando ganaron las elecciones y no supieron qué hacer.

Recientemente, el Sr. Casado ha cesado a su portavoz en el Congreso, porque la libertad de la Sra. Alvarez de Toledo le restaba autoridad, como si la autoridad no fuera integradora y el liderazgo sólo se reafirmara excluyendo. Ese tampoco es el camino; por ahí se llega al autoritarismo, al liderazgo autocrático, que no es una perversión de la autoridad como la mentira y las trampas, pero tampoco es democrático.

Unos y otros malgastan su autoridad, unos por uso torticero de la misma y otros dando palos de ciego.

En mi modestísima opinión de ciudadano de a pié, sin autoridad ni aspiraciones, necesitamos un proyecto de país, ideas de autor, que fragüen ilusión, renueven energías y marquen un quehacer, una tarea real de regeneración.

Es preciso un rearme psicológico y ético; consolidar la autoestima que merecemos como pueblo, por nuestra trayectoria histórica, favoreciendo la cohesión nacional, dentro de la pluralidad, que se puede ser vasco y español, como lo fue Chillida y lo es Ainhoa Arteta, o catalán y español como lo fue Montserrat Caballé y lo es Albert Boadella; recuperar la inteligencia desparramada por el mundo, en centros de investigación públicos y privados; atraer inversores, que son los creadores de trabajo, dándoles seguridad y confianza; afianzar nuestra identidad cultural y el sentimiento de pertenencia europeo; inseminar a los niños con valores como el afán de superación, la cooperación, el espíritu de equipo, la empatía, el respeto al medio ambiente, la formación continua, etc.

En definitiva, nuestro futuro depende de la creatividad sensata, humilde, personal, la de cada uno, porque grano a grano, se arma granero.

Francisco Massó.

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