Baleares crece con fuerza en 2025, pero la prosperidad no alcanza a todos

El año económico 2025 que ahora cierra en Baleares puede leerse como un ejercicio de paradojas. En cifras globales, el archipiélago ha vuelto a situarse entre las regiones españolas con mayor dinamismo. Según el último dato publicado, la economía local ha crecido por encima del 3 por ciento en el tercer trimestre y ha sostenido ese avance durante siete trimestres consecutivos, superando tanto la media española como la europea en varios periodos del año.

Gran parte de ese impulso se lo debe Baleares a su sector servicios y, especialmente, al turismo. El gasto turístico y la llegada de visitantes han mantenido la economía en marcha, con un aumento en el gasto por persona y por día que aporta ingresos esenciales a hoteles, restaurantes y comercios asociados. El dinamismo del turismo, junto al repunte en construcción y empleo, sigue siendo el principal motor del crecimiento regional.

Sin embargo, bajo estos números “brillantes”, se perciben grietas que invitan a la reflexión. El dato de la productividad se ha mostrado estancado, mientras que los márgenes de beneficio de muchas pequeñas y medianas empresas permanecen muy ajustados. El coste de operar en las islas —entre el salario, los alquileres, la energía y otros gastos— roza frecuentemente los límites de la rentabilidad y deja poco margen para inversiones que podrían diversificar la economía.

Si el 2025 ha sido un buen año para las estadísticas, la economía cotidiana y la sostenibilidad social de las islas seguirán siendo el auténtico reto económico para el 2026

La dependencia del turismo crea además una estacionalidad marcada con picos de actividad que no siempre se traducen en beneficios sostenibles para todos los sectores. El sector hostelero, en particular, describe una temporada con “irregularidad” en la ocupación y márgenes estrechos, recordando que la bonanza no se reparte de forma homogénea.

Pero el desafío social más intenso es, sin duda, la crisis de la vivienda. A pesar de los esfuerzos de permisos y construcción, el acceso a una vivienda digna y asequible sigue siendo un problema estructural. Las largas esperas para comprar casa y los costos desorbitados del alquiler colocan al límite a amplias capas de la población, tensando el tejido social y alimentando descontento entre trabajadores jóvenes y familias con ingresos medios.

Este desequilibrio está alimentando una brecha social cada vez más perceptible. Mientras el archipiélago crece en cifras macroeconómicas, buena parte de sus residentes sienten que el progreso no se traduce en mejoras claras de su calidad de vida. Si Baleares aspira a consolidar su posición económica sin sacrificar cohesión social, 2026 deberá ser el año en que se impulsen reformas estructurales que aborden productividad, diversificación y, sobre todo, vivienda asequible para todos.

Si el 2025 ha sido un buen año para las estadísticas, la economía cotidiana y la sostenibilidad social de las islas seguirán siendo el auténtico reto económico para el 2026.

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