Más plazas en residencias, invertir en dignidad y futuro

En un momento en que las políticas públicas se miden con lupa y la calidad de los servicios sociales es uno de los pilares del bienestar contemporáneo, el Govern balear ha decidido apostar por el cuidado de las personas mayores y dependientes. Este año, la Conselleria de Familias, Bienestar Social y Atención a la Dependencia ha firmado 37 convenios con consells y ayuntamientos para financiar 1.169 plazas públicas en residencias y centros diurnos, destinando 51,2 millones de euros a este fin —una cifra que supone 13,6 millones más que en 2024 y un incremento del 4,8 por ciento en el número de plazas disponibles.

Más allá del dato numérico, este aumento es el reflejo de una apuesta decidida por fortalecer una red de atención que, tradicionalmente, ha estado sometida a tensiones económicas y demográficas. En unas islas donde la población envejece y la demanda de servicios especializados crece, ampliar la oferta de plazas públicas es garantizar que miles de familias no queden desasistidas en los momentos más delicados de la vida.

La salud de un sistema se mide también por cómo cuida de sus más vulnerables

Los convenios firmados se reparten por todo el territorio insular —desde Mallorca hasta Formentera—, con 757 plazas de atención diurna y 412 residenciales, lo que no sólo amplía la capacidad de acogida sino que, además, acerca los servicios a los núcleos locales, reduciendo así las barreras de acceso para muchas familias. Más aún, se han incorporado 123 plazas de fin de semana en centros de día, un gesto que responde a una demanda real: apoyar a las familias cuidadoras que, con frecuencia, asumen la atención de sus mayores sin recursos externos suficientes.

Junto con este impulso cuantitativo, el Govern ha actualizado los precios por plaza y ha unificado las tarifas entre grados de dependencia, con un incremento global del 28 por ciento para plazas residenciales y del 21 por ciento en centros de día entre 2025 y 2027. Esto no sólo responde a la inflación y al coste real de los cuidados, sino que también visibiliza el valor social de este tipo de servicios, frecuentemente infravalorados en los presupuestos públicos.

No se trata únicamente de cifras ni de porcentajes, sino de dignidad. De asegurar que aquellas personas que han contribuido a construir esta sociedad no queden relegadas a un lugar secundario cuando más necesitan apoyo.

La salud de un sistema se mide también por cómo cuida de sus más vulnerables. En este sentido, Baleares está dando un paso en la dirección correcta, con una inversión que no sólo amplía plazas, sino que refuerza la cohesión social y la confianza en lo público. Si el desafío demográfico es real, la respuesta debe serlo también.

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