El año 2025 queda inscrito en la historia reciente de Baleares no por sus cifras turísticas, sino por un fenómeno que ha cambiado el paisaje político, social y humanitario del archipiélago. Con 7.406 migrantes llegados en pateras a sus costas, según el balance oficial, la comunidad autónoma ha registrado el mayor número de llegadas nunca antes visto, consolidando una tendencia al alza que comenzó en 2023 y se ha disparado este año.
Estos datos rompen con una percepción tradicional de Baleares como una ruta secundaria en la crisis migratoria del Mediterráneo occidental. Lo que era un incremento progresivo —2.278 llegadas en 2023 y 5.882 en 2024— se ha tornado en un desafío estructural: un aumento de casi el 26 por ciento respecto al año anterior que ha tensionado los recursos disponibles para el rescate, la acogida y la integración.
Las autoridades autonómicas han subrayado repetidamente que los centros de acogida están al borde del colapso, especialmente en la atención de menores migrantes no acompañados, y han solicitado al Gobierno central y a la Unión Europea un refuerzo urgente de medios materiales y humanos. Estas reclamaciones no son un simple reclamo político; reflejan la presión real sobre servicios públicos ya exigidos por la temporada turística y otros retos sociales.
Frente a este desafío estructural, la pregunta que queda sobre la mesa es si las respuestas —políticas, logísticas y humanas— estarán a la altura de un fenómeno que ha llegado para quedarse
Además, el protagonismo de la agencia Frontex en el debate público balear ha añadido una dimensión europea a la cuestión. Aunque su intervención directa requiere petición estatal, su análisis técnico ha respaldado las críticas de las instituciones baleares sobre la necesidad de ampliar la vigilancia marítima en el Mediterráneo occidental y coordinar medidas con países de origen y tránsito.
En todo caso, más allá de las cifras frías, 2025 ha dejado episodios que ponen rostro humano a esta crisis. Entre ellos, tragedias como el naufragio cerca de Porto Petro —con víctimas mortales y migrantes heridos— recuerdan que detrás de cada estadística hay vidas expuestas a peligros extremos.
El debate social también se ha intensificado. Si bien muchas organizaciones y ciudadanos abogan por una respuesta que combine solidaridad con eficacia, otros sectores expresan inquietud por la capacidad de Baleares de gestionar flujos migratorios crecientes sin un apoyo más firme del Estado y la UE.
El récord de pateras de 2025 marca, sin duda, un antes y un después para Baleares. Y frente a este desafío estructural, la pregunta que queda sobre la mesa es si las respuestas —políticas, logísticas y humanas— estarán a la altura de un fenómeno que ha llegado para quedarse.


