La caída de la bandera de España, ayer en Vigo, ha sido la anécdota del Día de las Fuerzas Armadas. Un suceso que merece una serie de consideraciones periodísticas y sociales.
Por un lado, la caída.
Todo indica que el mástil de la bandera tiene en su parte superior una pieza clavada que hace de argolla por donde pasa el cable del izado de la bandera.
Esa pieza se soltó cuando se estaba izando la enseña nacional. Ninguno de los militares que participaron en el acto tuvo ninguna culpa. Era tan imprevisible que solo se puede calificar de anécdota. La prensa ha destacado la cara de Su Majestad el rey ante el infortunio.
Este gesto merece la segunda reflexión.
Con la mano saludando a la bandera, sus ojos se le saltaron de pena al ver caer la bandera de España y eso duele a cualquier español. Aguantó la escena hasta que el piquete de honor con la bandera pidió permiso para abandonar la escena y sumarse al desfile, tal y como estaba previsto.
Aquí el rey se dirigió al oficial abanderado y le ordenó que se mantuviese el piquete en el catafalco donde estaban para que suplantasen a la bandera caída y presidiesen el desfile. Rapidez de reflejos del Capitán General de los Ejércitos, del jefe del Estado, del militar y del español. La bandera primero.
Daría mi pensión por haber podido ver la cara de Pedro Sánchez ante tal situación. Se cae la bandera y seguimos el rumbo que se ha marcado en el evento. Así debe ser. Una bandera que cae, por un infortunio inesperado, no debe utilizarse por nadie para acusar de negligencia, ni de inoperancia.
Pero estoy seguro, me lo imagino, de lo que dirán en privado algunos de los políticos españoles que solo respetan unas banderas, las de Palestina o las de Cuba, por ejemplo, y desprecian la de España.
Qué difícil es ser demócrata en un país en el cual una parte de la ciudadanía no cree ni respeta la Constitución, ni la separación de poderes, ni el Estado de derecho, ni la libertad económica y social. Las banderas de España son la representación de todo el pueblo español. La enseña nacional, la de todos.Las de las comunidades autónomas, regiones y ciudades, las de sus paisanos.
Las otras son las que representan a una parte de la sociedad. La del Orgullo, la del equipo deportivo, la de la asociación o la del partido son parte de la identidad y merecen el mismo respeto.
Pero no entiendo cómo algunas personas afirman que la bandera nacional es un símbolo del ejército. Que también lo es. Pero se olvidan de que en la identidad de un país, de una nación, de un estado está su bandera oficial, el símbolo por excelencia.
La diputada de Junts per Catalunya, Miriam Nogueras, el 21 de febrero de 2023, descolocó la bandera de España, para que no entrase en el plano de cámara durante una rueda de prensa que dio en el Congreso.
Pero cuando en su tierra, los separatistas enseñan ese trapo con símbolos comunistas al que llaman la estelada, ella se pone firme. Lo mismo pasa en el País Vasco, cuando algunos de EH Bildu organizan algún acto oficial y se olvidan de colocar la bandera de España en el lugar que le corresponde.
Prefieren el trapo con la serpiente enrollada en un hacha. La que era la bandera del grupo de terroristas asesinos de ETA. Banderas que caen y se levantan y otras que volverán victoriosas. Eso dice una canción: Banderita, tú eres roja; banderita, tú eres gualda. Llevas sangre, llevas oro en el fondo de tu alma.





