Los rollos

El humilde término «rollo» procede del latín tardío, en concreto de rotulus, que en sus orígenes solamente significaba «ruedecita».

Sin embargo, con el paso del tiempo y de las ruedecitas fue ampliando generosamente sus significados, hasta llegar a hoy en día, en que «rollo» es una de las palabras que cuenta con más acepciones distintas en castellano: veinte en total.

De ese modo, el vocablo «rollo» y también sus derivados disfrutan en la actualidad de un valor polisémico y de un uso metafórico del que seguramente no gozaron nunca en el pasado. O no al menos en la antigua Roma, en la antigua Hispania o en la antigua Palma.

Más allá de las acepciones clásicas o literales de «rollo» como objeto cilíndrico, hoy ese término parece tener bastantes más acepciones o significaciones en sentido figurado. La primera que yo destacaría en ese sentido es que cuando alguien nos cae especialmente bien, solemos decir muy a menudo de ese alguien que es una persona enrollada.

Por desgracia, me temo que esa es casi la única acepción positiva de ese concepto en castellano, según podemos comprobar o constatar en nuestro día a día.

Así, cuando hacemos referencia a cosas o a personas que nos aburren, solemos decir que son un rollo, lo cual espero y deseo que no sea mi caso. Además, esa visión negativa no acaba ahí, pues también criticamos a quienes nos han soltado, nos sueltan o nos soltarán un rollo, que puede ser patatero o macabeo, sin que ahora les pueda decir cuál de los dos es peor o más largo.

Y qué decir de las personas que siempre van a su rollo, tan egoístas normalmente, o de las que tienen malos rollos, o de aquellas otras que nos dan muy mal rollo ya sólo con fijarnos en la expresión de su mirada. A todas ellas deberíamos de añadir las personas que nos proponen cosas quizás no del todo claras, transparentes o legales, que casi siempre nos acaban apostillando: «Vamos, please, enróllate».

No hará falta que les diga que más de una persona que finalmente se enrolló en ese sentido acabó dando explicaciones en la sede de la Agencia Tributaria, declarando ante un juez instructor o viviendo temporalmente en Soto del Real.

Por otra parte, cuando dos personas no pueden verse ni en pintura, decimos con cierto pesar que hay muy mal rollo entre ellas. Ese mal rollo puede darse asimismo en el deporte, sobre todo entre determinados equipos de fútbol de La Liga, a la que, aun así, espero que podamos volver con todos los honores en la temporada 2027-2028.

Hay también, por otro lado, familiares y amigos que cuando optan por criticarnos con suma dureza, suelen añadir justo a continuación: «Que conste que te lo digo de buen rollo». Puede que sea así, no lo niego, pero desde luego eso no evita que dialécticamente nos acaben machacando igual y que, además, nos dejen hechos picadillo.

En esa misma línea no del todo agradable se encuentran quienes tienen una cierta tendencia, no sé si deliberada o no, a «cortarnos el rollo» de manera sistemática, entendiendo aquí por «rollo» cualquier cosa que estuviéramos diciendo o haciendo de manera especialmente placentera y gustosa unos pocos segundos antes.

Por lo demás y en un sentido ya mucho más genérico, cuando algo no nos gusta demasiado, ya sea un modo de vestir, un tipo de música o una determinada decoración, solemos decir de manera más o menos rotunda y taxativa: «Lo siento, no es mi rollo».

Ya en el ámbito de la más estricta intimidad, están los llamados rollos de una noche, que vendrían a ser la antítesis del amor romántico y para toda la vida. Aun así, a veces hay un término medio en ese ámbito, que se da cuando por ejemplo A se enrolla con C, o viceversa, sin que a priori podamos saber si estarán enrollados unas horas, unos días, unas semanas, unos meses o unos años.

Sin abandonar aún el campo de la privacidad, deberíamos quizás hacer también mención de que trilogías como la de 50 sombras de Grey y otras similares han hecho que casi en cualquier charla más o menos distendida sobre gustos íntimos y personales nos encontremos hoy con partidarios entusiastas —o con detractores acérrimos— del bondage, del kink y de otros «rollos raros».

En mi caso, y pensando sobre todo en aquellos lectores que puedan tener quizás una cierta curiosidad en conocer cuál sería mi posición oficial sobre el tema que hemos tratado hoy, puedo decirles con absoluta transparencia y sinceridad que los únicos rollos que de verdad me gustan son los de primavera. Culinariamente hablando, claro.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias