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Caballito de Mar, una víctima del horario de terrazas

miércoles 29 de enero de 2020, 00:00h

El inesperado cierre del restaurante Caballito de Mar en La Lonja de Palma pone punto final a un proyecto emblemático que durante años fue referencia gastronómica en esta zona de la capital. Como informaba este martes mallorcadiario.com, su propietario, Toni Gil, ha echado el cierre con la esperanza de abrir un nuevo proyecto en otra zona de Palma o, incluso, trasladar el concepto de Caballito de Mar a Madrid.

Durante décadas, el restaurante ha sido una referencia de calidad, con una carta especializada en pescados, mariscos y platos internacionales. Con su cierre se pierde un local calificado con cuatro estrellas por los buscadores más reconocidos y se abre un gran interrogante sobre el futuro del local y la oferta -presumiblemente también gastronómica- que sustituira a la de Caballito de Mar.

El local mantuvo durante años su apuesta por la calidad del producto y el servicio a sus clientes, lo que, lógicamente, ha supuesto un notable impacto en unos costes de mantenimiento que se han visto agravados por la imposibilidad de prolongar horarios de atención al público en la temporada alta, la de más demanda y la más rentable.

De hecho, Caballito de Mar ha sido uno de los establecimentos que se han visto afectados por la regulación impuesta desde el Ayuntamiento de Palma en referencia a los horarios en que bares y restaurantes de la zona pueden tener abiertas sus terrazas. La normativa exige que estos establecimientos de La Lonja cierren su actividad en las terrazas a las once de la noche; una norma que desembocó en una agria polémica entre empresarios y Cort, donde los primeros reclamaban consensuar las medidas necesarias para garantizar el descanso vecinal sin tener que castigar la actividad de bares y restaurantes, especialmente en la temporada de verano, cuando las once de la noche es una hora ciertamente temprana para echar el cierre y despedir la clientela.

Los restauradores llegaron a planificar un referéndum ciudadano sobre la idoneidad de mantener la actividad de las terrazas; una consulta aplazada en espera de consensuar con Cort un sistema de medición de ruidos que penalice los excesos, pero que no obligue por decreto a cerrar tan pronto.

Sea como fuere, la norma aún no ha variado y el mantenimiento de los locales se pone cuesta arriba. Cabe confiar en que Caballito de Mar no sea el primero de una lista de futuros cierres en esta zona y que su oferta de calidad sea reemplazada por otra de similar condición. De momento, la noticia no es buena, ni para el sector ni para la oferta de calidad que pretende conseguir una ciudad como Palma.


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