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“A un detective privado le proponen muchas cosas, y a menudo hay que saber decir ‘no’”
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“A un detective privado le proponen muchas cosas, y a menudo hay que saber decir ‘no’”

Es amante de la lectura, la gastronomía, la navegación y de la familia y las amistades. A sus 50 años, Juan Carlos Cabanach es una referencia en el mundo de los detectives privados en Mallorca. No en vano, su padre, Jaume Cabanach, fue el pionero de la profesión en la isla y fundó Detectives Cabanach en 1971.

¿Cómo definiría su profesión? ¿Es una profesión de riesgo?

Un detective es un profesional que se ocupa de la búsqueda de la verdad. De hecho, asistimos a muchos juicios, a aportar nuestros informes, como testigos-peritos, y en muchas ocasiones somos interrogados por los abogados de la parte contraria, que nos preguntan ‘¿Cuál era el objetivo de la investigación? La respuesta que siempre doy: ‘El objetivo era la búsqueda de la verdad, el esclarecimiento de hechos’. ¿Profesión de riesgo? Depende en muy buena medida de los casos que uno acepte y de donde se adentre. Ocurre muchas veces que casos que en apariencia parecen fáciles, se pueden complicar mucho, y, por el contrario, hay casos a priori muy rimbombantes y complejos y, sin embargo, acaban siendo sencillos. En todo caso, definir previamente la estrategia a seguir en cada caso es muy importante en mi opinión. Si uno se confía y se relaja, es fácil que aparezcan las complicaciones. Hay que pensar, por ejemplo, que un caso de presunta infidelidad puede conllevar el fin de una familia. En ese marco, la persona infiel puede considerar que el culpable es el detective que ha hecho aflorar la realidad (su infidelidad), cuando el único culpable sería él. Debo decir que personalmente nunca he tenido problemas porque siempre he hecho las cosas bien (o eso he intentado), que da como resultado un buen informe. Mi padre siempre decía que una investigación regular bien redactada es un informe; por el contrario, una investigación muy bien hecha, si está mal redactada, no sirve para nada.

“Los detectives tratamos información que se tiene que saber analizar, contrastar y darle objetividad. No se trata de mi verdad, sino de la verdad”

Por otra parte, a los trabajadores del Grupo, les insisto en que, en caso de duda, esa duda debe jugar siempre a favor de la persona investigada. Otro factor importante es que cuando acabamos un caso, nos olvidamos del mismo; es una necesidad. Obviamente, la discreción en las operaciones (pasar desapercibidos) es otro aspecto clave, como lo es también -e insisto en ello- la estrategia diseñada para cada caso.

¿Cuáles son características identitarias y los límites de la profesión de detective privado?

La profesión empezó a regularse, de alguna forma, en 1982-1983. A partir de entonces, requiere de unos estudios universitarios, lo cual filtró el acceso a la misma. En todo caso, cabe decir que se sacaron de la manga unas materias que, en la práctica, sirven para bien poco o para nada. Sin embargo, sí echo en falta una materia dedicada a enseñar cómo redactar un buen informe. Los detectives, como los periodistas, tratamos información que se tiene que saber analizar, contrastar y darle objetividad. No se trata de mi verdad, sino de la verdad. Y después tenemos que saber redactar esa verdad. ¿Qué pasa en la actualidad? Pues que hay profesionales que son muy buenos en la obtención de datos, pero no saben redactar un informe.

Cabe considerar además que el producto que nosotros vendemos es un informe: desde 2015, estamos obligados por el Ministerio del Interior a elaborar un memorándum de las actuaciones que hemos llevados a cabo. Es decir, desde aquella fecha el detective privado tiene la obligación de dejar constancia escrita de todo lo que ha hecho, y entregarle ese informe al cliente, que -por su parte- puede hacer con él lo que le parezca oportuno. Es algo a lo que estamos obligados, como digo, y fue a raíz de casos como los de Método 3 u Operación Pitiusa, en la que 80 detectives fueron detenidos por tráfico de datos. Esos, junto a los casos vinculados a Villarejo, han ido regulando la profesión hasta el punto en el que la tenemos a día de hoy. En definitiva, el detective -en la actualidad- está súper regulado.

“Mi padre fue una persona muy apasionada por su trabajo, y me transmitió muy bien sus conocimientos sobre la profesión. Por otra parte, a mí me gustó. Es decir, se unieron las dos circunstancias"

Detectives y periodistas tenemos puntos en común...

Cierto. Tenemos muchas sinergias con los medios de comunicación, con los periodistas. Por ejemplo, en muchos casos, los detectives usamos las denominadas ‘fuentes abiertas’: me refiero con ello a redes sociales, artículos en prensa, entrevistas periodísticas, publicaciones... De hecho, en el despacho tenemos a expertos en información e inteligencia. Está claro que para poder analizar la información, primero hay que disponer de la misma; y una parte de esa información la obtenemos de esas fuentes. Efectivamente, se constata también en ese ámbito que la información es poder.

¿Cuál fue el principal aprendizaje y la principal lección que recibió su padre, Jaume Cabanach?

Un despacho de detectives es, hoy en día, una organización. No hay bienes tangibles; no es como una compañía hotelera, en que el hotel de tus progenitores sigue vigente. En una organización, sí quien está al frente se va, acaba la organización. Dicho esto, debo decir que yo aprendí la profesión al lado de mi padre siendo muy jovencito. Él fue una persona muy apasionada por su trabajo, y me transmitió muy bien sus conocimientos sobre la profesión. Por otra parte, a mí me gustó. Es decir, se unieron las dos circunstancias. De nada hubiera servido que él me hubiera instruido bien (como hizo) si a mí no me hubiera gustado ese trabajo. Así las cosas, se produjo el relevo en su momento y también que el despacho tuviera una expansión y una evolución importantes.

“El detective operativo que está en la calle tiene que ser una persona anónima, discreta y muy común: ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni joven ni viejo”

De mi padre, una persona muy positiva, muy vital y con mucho carisma, destacaría la lealtad al cliente y al propio profesional, a uno mismo. Lo decía en el sentido de que un detective, a menudo, puede estar entre intereses contrapuestos. Es decir, uno recibe un encargo, y en el desarrollo de la investigación puede beneficiar a unos y perjudicar a otros. Vivimos en una isla, y nos conocemos casi todos. Por ello, debo reconocer que más de una vez hemos tenido que renunciar a determinadas investigaciones ante un potencial conflicto de intereses. Cuando viene al despacho un cliente, lo primero que le preguntamos es: ‘¿A quién hay que investigar?’..., antes de que nos diga nada más.

Por otra parte, también tenemos que protegernos como profesionales y ser leales a nuestro cometido. A un detective privado le proponen muchas cosas, y en no pocas ocasiones hay que decir que no a según que encargos que nos llegan, porque en caso contrario traspasaríamos una línea que no se puede cruzar.

¿Cómo valora la evolución de la profesión en cuanto a ramas de actividad y a herramientas de trabajo?

En los años setenta, la investigación se fundamentaba en infidelidades (cabe recordar que, en aquel entonces, una infidelidad era un delito: adulterio) y también en la búsqueda de personas desaparecidas o en paradero desconocido, para varios efectos: desde una aceptación de herencia o un reconocimiento de paternidad. También se investigaban las bajas laborales: en los años setenta-ochenta, todo el mundo era mucho más atrevido en ese terreno. Había muchos empresarios que tenían a empleados trabajando sin seguro (hoy esto es inconcebible). Era habitual en aquellos años que (sobre todo en hostelería) un empleado se diera de baja por un problema determinado, y empezara a trabajar en otro municipio como camarero o en otro ámbito profesional. Se producía un fraude muy claro en este ámbito.

Con los años, la casuística ha ido evolucionando, porque también lo ha hecho la propia sociedad, con lo cual a día de hoy tenemos una amalgama de investigaciones muy destacada: investigaciones por la Ley de Arrendamientos Urbanos (subarriendos, pisos-patera, rentas antiguas...); fraude laboral (bajas, duplicidad de trabajos...); instructores en compliance (las empresas medianas y grandes, en su departamento de responsabilidad social corporativa, tienen un canal de denuncia para casos de acoso laboral y de acoso sexual, y normalmente la instrucción se externaliza: es ahí donde actúa el detective); la competencia desleal (se da en todos los sectores: por ejemplo, viviendas vacacionales sin licencia, chárter náutico, transporte, locales de ocio, marcas).

“El hecho de ser una isla nos proporciona más oportunidades que perjuicios. Mallorca tiene mucha actividad, muchos visitantes y muchas conexiones”

Con todo ello, el detective privado tiene que estar formándose continuamente. Todo es investigable, con lo cual no nos aburrimos. En todo caso, como suele ocurrir en todas las profesiones, la experiencia es un grado y es muy útil. Esa experiencia la tiene el detective senior, con muchos años de trayectoria a sus espaldas. En todo caso, a día de hoy, los despachos son multidisciplinares, de modo que el detective absoluto y completo es casi inexistente, diría. Por ejemplo, en el despacho tenemos a un especialista en OSINT (inteligencia de código abierto); es decir, básicamente circunscrito a las redes sociales.

¿Cuál es el ámbito geográfico de actividad de Grupo Cabanach?

Operamos en toda España e incluso Europa. Trabajamos mucho con Alemania, Inglaterra, Francia e incluso otros países sudamericanos. Nuestra sede central está en Palma, pero nosotros permanentemente tenemos profesionales desplazados a Cataluña, Madrid, Andalucía y Galicia, porque atendemos a clientes corporativos con necesidades en esas comunidades. Hoy en día, no es necesario tener oficinas en todos esos sitios. El cliente es tratado desde la central, desde donde gestionamos sus cuentas o sus peticiones de manera telemática. Ante un eventual encargo, trabajan nuestros profesionales de cada área, con lo cual el grado de anonimato es mucho mayor. El detective operativo que está en la calle tiene que ser una persona anónima, discreta y muy común: ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni joven ni viejo; que no destaque en ningún aspecto, en definitiva.

¿Qué particularidades o peculiaridades tiene la profesión cuando se desarrolla en un entorno como Mallorca?

No nos condiciona este hecho. Al contrario, al ser un destino de muchos residentes europeos, tenemos muchas investigaciones que nacen en Mallorca y mueren en Alemania..., por ejemplo. O viceversa. Es decir, el hecho de ser una isla a los detectives nos proporciona más oportunidades que perjuicios. Mallorca tiene mucha actividad, muchos visitantes y muchas conexiones. Si fuera una isla que viviera de la agricultura y, por tanto, mucho más cerrada, sería distinto, pero no es el caso.

“Antaño, cuando al presentarte decían de ti que eras detective, la gente te miraba como extrañada, sorprendida. En la actualidad, es muy difícil que se dé esta situación”

Con el tiempo, ¿ha ido cambiando la percepción social respecto al detective y su trabajo?

El detective privado, en general, es una persona bastante seria y un profesional con una actividad muy regulada, como explicaba al principio. Muchas veces, cuando se abordan determinadas cuestiones en los medios, se tiende a criminalizar nuestra figura. El caso Villarejo, por ejemplo. Y cabe decir, de entrada, que Villarejo no era detective; actuó como tal de manera ilegal.

En todo caso, en nuestros días, la profesión de detective es mucho más conocida que 25 o 30 años atrás. Ha habido un cambio muy relevante en este sentido. Por otra parte, cuando yo me inicié, había en Mallorca dos o tres despachos; y ahora somos 19. Antaño, cuando al presentarte decían de ti que eras detective, la gente te miraba como extrañada, sorprendida. En la actualidad, es muy difícil que se dé esta situación.

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