En las playas españolas hay medusas que pican poco, medusas que pican mucho y una que puede mandarte al hospital. No todas las medusas son iguales. Hay quien sale del agua con un escozor que desaparece en media hora y quien acaba en urgencias con una reacción anafiláctica. La diferencia, la mayoría de las veces, está en la especie. Y distinguirlas antes de entrar al agua no requiere ser biólogo marino: requiere saber qué buscar.
En las costas españolas —Mediterráneo, Atlántico y Canarias— hay cinco especies que aparecen con regularidad y que conviene conocer. Tres de ellas pican de forma moderada. Una duele de verdad. Y una puede ser médicamente grave.
LAS CINCO QUE HAY QUE CONOCER
La Pelagia noctiluca es la más común en el Mediterráneo español y la responsable de la mayoría de las picaduras veraniegas. Color violeta o rosado, entre cinco y 12 centímetros de diámetro, con ocho tentáculos largos y filamentosos. Su picadura produce escozor intenso, enrojecimiento y habones que pueden durar varios días. No es mortal, pero duele más de lo que parece cuando se ve el tamaño del animal. Aparece especialmente entre junio y septiembre, traída hacia la costa por vientos de levante y corrientes cálidas.

La Cotylorhiza tuberculata —la medusa huevo frito, por su aspecto— es la más inofensiva de las comunes. Tiene un disco central amarillo-anaranjado rodeado de un reborde blanco y morado. Sus picaduras son mínimas o imperceptibles para la mayoría de las personas. Si hay una playa llena de estas y la bandera está en verde, se puede entrar sin mayor preocupación.
La Rhizostoma pulmo es grande —puede superar los 50 centímetros de diámetro— y de aspecto imponente, con el borde del paraguas azulado o violáceo. Su picadura es leve, similar a la de la huevo frito, aunque en personas con piel sensible puede producir irritación. Su tamaño impresiona más que su veneno.
La Chrysaora hysoscella —medusa brújula, por sus marcas radiales marrones sobre fondo blanco— aparece con más frecuencia en el Atlántico y el Cantábrico. Su picadura es moderadamente dolorosa, más que la Pelagia en algunos casos, y puede dejar marcas en la piel durante días.
Y luego está la Physalia physalis, la carabela portuguesa. No es técnicamente una medusa —es una sifonófora, un organismo colonial—, pero la mayoría de la gente la llama así y su picadura es la que exige atención médica. Se reconoce por su vejiga azul o violeta que flota en la superficie del agua, de entre 10 y 30 centímetros, con tentáculos que pueden alcanzar varios metros de longitud y que siguen siendo urticantes aunque el animal esté muerto o varado en la arena. Su toxina actúa sobre el sistema nervioso y muscular: el dolor es intenso e inmediato, y en personas alérgicas o con picaduras extensas puede provocar dificultad respiratoria. Si se ve una carabela en la playa o en el agua, no se entra. Sin excepciones.
CÓMO MIRAR ANTES DE ENTRAR
La señal más práctica es observar la línea de flotación y la orilla antes de meterse al agua. Las medusas pelágicas —Pelagia, Chrysaora— aparecen con frecuencia en grupos: si se ven varias desde la orilla, hay muchas más en el agua que no se ven desde arriba.
Las banderas de las playas con servicio de vigilancia incluyen en muchas localidades una bandera o señal específica para presencia de medusas —habitualmente una bandera morada o un panel informativo—, aunque no todas los municipios costeros las usan con criterio uniforme.
Lo que nadie explica con suficiente claridad es que las medusas muertas en la arena pican. Los nematocistos —las células urticantes de los tentáculos— permanecen activos horas después de que el animal muera. Pisarlos o tocarlos con los pies descalzos produce el mismo efecto que el contacto en el agua.
SI LA PICADURA YA SE HA PRODUCIDO
Salir del agua. No frotar la zona afectada —el frotamiento activa más nematocistos que no han descargado todavía—. Retirar los restos de tentáculos visibles con una tarjeta o con pinzas, nunca con los dedos. Enjuagar con agua de mar, no con agua dulce —el agua dulce provoca que los nematocistos restantes descarguen por diferencia osmótica—. Aplicar frío seco —hielo envuelto en una tela, nunca directamente sobre la piel— y acudir al puesto de socorro si el dolor es intenso, si la zona afectada es grande o si hay síntomas generales como mareo, dificultad para respirar o sensación de hormigueo más allá de la zona de contacto.
Ante cualquier sospecha de carabela portuguesa: puesto de socorro de inmediato, sin esperar a ver cómo evoluciona.






