En el programa 4-4-2 de Canal 4 Radio (domingos de 22 a 24 horas), el entrenador del Mallorca se desmarcó de la versión que el club filtró en relación a las dimisiones de Santi Miralles y Damiá Estelrich como responsables del Juvenil División de Honor, el primero de ellos, y de la coordinación táctica de los filiales el segundo. Fuentes de Son Bibiloni había dejado caer que el desencuentro se produjo debido a que el nuevo director de Son Bibiloni, un amigo de Javier Recio de escaso currículum, pretendía imponer a los técnicos de la Ciudad Deportiva que todos sus equipos marcaran de idéntica manera a como lo hace el primer equipo. Vicente Moreno negó haber dado cualquier instrucción en este sentido e imputó exclusivamente a Juan Manuel Pons la orden que motivaría la salida de los dos primeros después de varios años en sus puestos. Pobre argumento para admitir que esta sea la única razón del divorcio.
Además de un profesional responsable, el preparador del primer equipo se revela como una persona prudente y sensata cuando resta importancia a la actual diferencia de sus pupilos en la clasificación y en comparación incluso a los guarismos que se registran en los otros tres grupos de la infame categoría. La Segunda B es una ruina para la mayoría de sus integrantes y el premio es a repartir entre demasiados apostantes. No basta con proclamarte campeón, sino que después te juegas el esfuerzo de todo un año a la lotería de una eliminatoria o a dos si no tienes suerte en la primera. Lo sabe muy bien porque lo ha vivido en sus propias carnes y aun no se ha sacado la espinita que, en su día, le clavó el Llagostera. Mientras dure la travesía de este desierto inhóspito no son aconsejables las lecturas parciales y menos aún si desembocan en una euforia demasiado temprana. Hay que rodar con la quinta marcha puesta, pero sin apartar el pié del freno.





