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Cort suma problemas al comercio tradicional

martes 29 de septiembre de 2020, 00:00h

A las muchas calamidades que sufre actualmente el sector del comercio, se suman en Palma las políticas de movilidad desarrolladas por el Ayuntamiento, unas políticas que las asociaciones de comerciantes califican de "nefastas". Para Pimeco y Afedeco, esta políticas han servido, sobre todo, para vaciar la ciudad sin ofrecer alternativas eficaces a la hora de dinamizar la actividad comercial.

Los comerciantes señalan directamente al regidor de Movilidad, Francesc Dalmau, de quien afirman que parece empeñado en poner trabas para que los ciudadanos acudan a las principales zonas comerciales de la capital, especialmente al centro. Se quejan de su gestión durante la huelga de la EMT -que se prolongó más de una semana hasta que tuvo que intervenir directamente el alcalde Hila-, de las subidas de las tarifas de los parkings, del incremento del precio del billete en los transportes públicos y de la eliminación de rutas históricas de autobús, con grandes criticas de los usuarios.

Tampoco la campaña de promoción del pequeño comercio satisface al sector, cuyos responsables consideran que no refleja la ciudad vacía, sucia y llena de grafitis que es Palma.

Las criticas de los comerciantes no deberían dejar impasibles a los responsables municipales, quienes deberían mostrar una sensibilidad mayor hacia un sector que, a la crisis provocada por la pandemia, añade males endémicos propios que se remontan a hace ya varios años; males que deberían solventarse con más facilidades para poder aparcar en el centro y menos restricciones a la hora de acceder a las calles comerciales. O lo que es lo mismo, destinar más recursos para potenciar los aparcamientos en el centro a precios reducidos o mediante bonos, recuperar la movilidad en determinadas calles y potenciar el transporte público para que sea un medio útil a la hora de hacer compras.

Sería oportuno, sobre todo, consensuar un plan de movilidad en el que intervengan todos lo agentes implicados. No hacerlo posibilitará, aún más, que se sigan perdiendo clientes en las zonas comerciales más tradicionales -que compiten con grandes superficies del extrarradio donde aparcar es fácil y gratuito- y que se debilite un tejido económico que crea empleo y ayuda a definir la personalidad de una parte fundamental de la capital.


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