Bolera Mallorca Bowling

Cristina Mas, la mallorquina que compite en la élite del bowling internacional

Cristina, jugadora de bolos, sosteniendo una bola en la pista.
Autor: J. Fernández Ortega.

En el interior de la bolera Mallorca Bowling, ubicada en el polígono de Can Valero de Palma, cada impacto resuena con una precisión casi quirúrgica. El sonido seco de los bolos al caer rompe el silencio concentrado de quienes entrenan lejos de los focos, en un deporte acostumbrado al anonimato. Allí se ha citado mallorcadiario.com con Cristina Mas Lázaro, referente balear del bowling, para adentrarse en una disciplina que va mucho más allá del ocio: técnica, estrategia y fortaleza mental en estado puro.

A diferencia de la imagen despreocupada que proyecta 'El Nota' en El gran Lebowski, donde los bolos son casi una excusa vital, lo de Cristina Mas Lázaro es todo lo contrario: precisión, disciplina y exigencia constante. A sus 45 años, la jugadora de Campos acaba de firmar un tercer puesto en el preselectivo para la selección española, confirmando que sigue plenamente vigente en la élite. En un deporte que rara vez ocupa titulares, su figura representa la resistencia de quien compite contra rivales, contra la pista y, muchas veces, contra el anonimato.

Mujer lanzando una bola en una pista de bolos
Autor: J. Fernández Ortega.

Estar dentro de la selección española siempre es un orgullo, y más cuando van pasando los años y sigues ahí”, cuenta con naturalidad, como quien ha aprendido a convivir con la exigencia sin perder la perspectiva. Para ella, cada convocatoria no es un premio, sino una oportunidad: “Es una nueva ocasión para intentar conseguir una medalla o una buena posición para España”. No hay épica impostada en su discurso, sino la determinación de quien conoce perfectamente el terreno que pisa.

SEGUIR EN LA ÉLITE

El horizonte inmediato pasa por Europa, aunque Cristina evita cualquier exceso de confianza. “Siempre hay nervios e incertidumbre. Hasta que no estás allí no sabes cómo irá”, admite, consciente de que en el bowling la teoría rara vez sobrevive intacta al primer lanzamiento. Aun así, se aferra a una idea que resume su mentalidad competitiva: “Vamos con la idea de hacer un buen papel. Al menos, hay que empezar creyéndolo”. Porque en este deporte, antes de acertar hay que convencerse.

Su historia no se entiende sin la bolera del Coll d’en Rabassa, el negocio familiar donde creció prácticamente entre pistas. Allí empezó todo, casi sin darse cuenta, en una infancia marcada por el juego que acabó convirtiéndose en vocación. “Empecé sobre los 11 años y lo recuerdo como la mejor etapa de mi vida. Me sentía como en casa y aprendí sin darme cuenta”, rememora. No era solo un lugar de entrenamiento, era un espacio emocional donde el bowling formaba parte de la vida cotidiana.

“Empecé a jugar con 11 años, fue la mejor etapa de mi vida”

ORIGEN Y VOCACIÓN

La influencia de su padre fue decisiva, aunque Cristina lo explica desde la humildad. “Fue muy importante. Me enseñó sobre todo a que me gustara este deporte”, señala. Más allá de la técnica, heredó una forma de entender el juego: respeto, paciencia y conocimiento. “Tenía muchísimo nivel, un conocimiento que yo nunca alcanzaré”, reconoce, en una frase que sintetiza admiración y legado. En ese aprendizaje temprano se cimentó una carrera que, años después, la llevaría a competir por todo el mundo.

Manos de jugadora de bolos aplicando cinta en la muñeca
Autor: J. Fernández Ortega.

Su primera gran experiencia internacional llegó en Honduras, con apenas 23 años, en un torneo que marcó un antes y un después. “Lo pasé muy bien, conocí gente de todas partes y hoy en día seguimos compitiendo”, recuerda, subrayando ese componente humano que atraviesa el deporte. A partir de ahí, su trayectoria se fue construyendo a base de constancia y resultados: campeona de España en varias ocasiones, subcampeona iberoamericana, presencia habitual en Europeos y Mundiales y un lugar entre las ocho mejores en Hong Kong.

TRAYECTORIA INTERNACIONAL

Sin embargo, Cristina no reduce su carrera a un solo logro. “Son muchos momentos en distintas épocas”, explica, consciente de que el valor está en la continuidad. Desde títulos nacionales hasta una victoria en los Juegos del Mediterráneo —donde fue campeona en la final y segunda del evento—, su recorrido habla de una deportista que ha sabido reinventarse con el paso de los años. No hay un único punto culminante, sino una suma de etapas que refuerzan su identidad competitiva.

Pero detrás de los resultados hay una realidad menos visible: la dificultad de sostener una carrera en este deporte en España. “Mi día a día es complicado. La sensación es que nunca descansas”, explica. Los fines de semana, lejos de ser descanso, son sinónimo de competición, y los entrenamientos dependen muchas veces de factores externos. “Lo ideal sería entrenar tres veces por semana, pero no siempre es posible por trabajo y por recursos”, añade.

 “Lo ideal sería entrenar tres veces por semana”

SACRIFICIO INVISIBLE

La cuestión económica es, probablemente, el mayor obstáculo. “En España no se puede vivir de esto, en otros países sí”, afirma con claridad. El bowling de élite implica asumir costes constantes: material, entrenador, viajes, alojamiento. “Tienes que pagarlo todo”, resume. En su caso, el apoyo de su club en Valencia, de patrocinadores y de instalaciones en Mallorca ha sido clave para mantenerse en competición.

“En España no se puede vivir del bowling”

Porque si algo define el bowling de alto nivel es su complejidad técnica, muy lejos de la imagen recreativa que suele proyectarse. “Los patrones de aceite son esenciales”, explica Cristina. Cada competición plantea un escenario distinto, donde la pista se convierte en un enigma que hay que descifrar. Días antes, los jugadores reciben información detallada que deben interpretar para tomar decisiones clave.

Bola de bolos colorida en una mesa con jugadora de fondo
Autor: J. Fernández Ortega.

CIENCIA DEL BOWLING

Nosotros tenemos que descubrir el juego”, resume. Existe un punto crítico, el llamado break point, donde la bola debe girar para impactar correctamente. “Si no la mandas ahí, no haces strike”, señala. No hay margen para la improvisación: cada lanzamiento responde a una lectura previa de la pista, del aceite y del comportamiento de la bola. Es, en esencia, una combinación de cálculo y sensibilidad.

En ese contexto, el material marca diferencias. “Hoy en día la bola es muy importante”, afirma. En competiciones internacionales puede llevar hasta seis, cada una diseñada para reaccionar de forma distinta. “Hay bolas que patinan más y otras que agarran más. Según el aceite necesitas una u otra”, explica. Elegir mal puede significar perder antes de empezar, incluso frente a rivales de menor nivel.

PRECISIÓN MILIMÉTRICA

Además, la pista evoluciona durante la competición. “El aceite se mueve, se seca, cambia”, describe. Esa variabilidad obliga a una adaptación constante: modificar la línea de lanzamiento, cambiar de bola o ajustar la técnica. “Dos jugadores del mismo nivel: gana el que encuentra el juego”, insiste. No se trata solo de ejecutar bien, sino de interpretar mejor.

Pero si hay un terreno donde realmente se decide todo es en la mente. “Es un deporte muy solitario. Todo depende de ti”, afirma. La concentración, la gestión emocional y la capacidad de repetición son determinantes en cada lanzamiento. “La estrategia está en tu mente: respiración, rutinas, fuerza mental”, añade, dejando claro que el componente psicológico no es complementario, sino central.

MENTE Y CONTROL

En los momentos de máxima presión, Cristina recurre a un diálogo interno constante. “Me hablo a mí misma, me digo que puedo”, explica. Su rutina antes de lanzar —limpiar la bola, colocarse, respirar— es casi un ritual que le permite aislarse del entorno. “Tienes que confiar y no hacerte pequeña”, resume. En un deporte donde cada error se paga de inmediato, la estabilidad emocional marca la diferencia.

Mujer lanzando una bola de bolos en una bolera
Autor: J. Fernández Ortega.

A pesar de todo, sigue compitiendo. No por inercia, sino por ambición. “Siento que aún tengo mucho que aprender y quiero conseguir algo más”, afirma. Ese “algo más” no es solo un resultado, sino la sensación de seguir evolucionando dentro de un deporte que exige precisión absoluta. La motivación no se agota porque el reto nunca desaparece.

Y quizá ahí reside también su mensaje más claro. “Me gustaría que la gente entendiera que no es solo un juego”, concluye. El bowling, dice, es un deporte completo, exigente y profundamente formativo. “Si se conociera más, mucha gente lo practicaría”. Mientras tanto, Cristina Mas Lázaro seguirá compitiendo en silencio, afinando cada lanzamiento en busca de ese punto exacto donde todo encaja.

Mano sosteniendo una bola de bolos con colores vibrantes
Autor: J. Fernández Ortega.
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