Curiosidades tras la captura de Maduro

El 2026 ha comenzado informativamente intenso con la captura de Nicolás Maduro por un comando norteamericano el pasado día 3 de enero en Caracas. Aunque es demasiado pronto para valorar las consecuencias de la aprehensión del dictador venezolano, considero oportuno destacar algunos hechos que llaman bastante la atención entre lo comentado por la opinión pública.

El primero es la dificultad de consumar una transición pacífica de un régimen autoritario a uno plenamente democrático. Una dictadura con vínculos con el narcotráfico y sustentada en un poderoso aparato militar no puede desmantelarse en dos días. Es preciso desarrollar un trabajo concienzudo de depuración estructural, con la colaboración necesaria de algunos elementos del régimen, para instaurar las bases que garanticen el adecuado funcionamiento de un sistema parlamentario, evitando en lo posible toda violencia política y social. Observar las dificultades del proceso permitirá calibrar el enorme mérito de la hoy no suficientemente valorada Transición española.

El segundo es la incontable cantidad de puristas de la Ley -en este caso del Derecho internacional- aparecidos repentinamente en una semana. Gente despreocupada de las múltiples infracciones al Derecho nacional que vivimos en España en los últimos tiempos (gobierno sin presupuestos ni mayoría para legislar, colonización grosera de todas las instituciones del Estado, manejo espurio del Tribunal Constitucional, el CIS, RTVE, la mayoría de empresas públicas e incluso la Fiscalía General, compra de votos para la investidura a cambio del perdón de graves delitos, corrupción organizada desde varios Ministerios y la propia Presidencia del Gobierno) ahora vive desolada por las infracciones al Derecho internacional cometidas por el Gobierno de Trump. Con el agravante de que jamás les preocuparon las múltiples infracciones del régimen de Maduro al Derecho interno de Venezuela (asesinatos y represión de críticos y opositores, reiteración de falsificaciones electorales, saqueo sistemático de los recursos públicos, mantenimiento del pueblo en la miseria) y también al propio Derecho internacional (¿qué hacían 32 militares de otro país -Cuba- “vigilando” la residencia presidencial? ¿por qué está Venezuela infestada de agentes rusos, cubanos, iraníes, e incluso miembros de Hezbollah? ¿por qué un país riquísimo en petróleo tiene escasez de gasolina para su población mientras sus abundantes recursos naturales los gestionaban Rusia, Irán y China?). El Derecho se defiende entero o su invocación puntual delata groseramente al que la hace. Y las Leyes, aun las internacionales, se crean siempre para el bien público, no para garantizar que un tirano pueda seguir indefinidamente masacrando a su pueblo. 

El tercer hecho sorprendente deriva del anterior. El fracaso en la aplicación del Derecho siempre resulta de la ineficacia de las instituciones que deben imponerlo. El reiterado fracaso del Derecho internacional para erradicar a un sanguinario dictador que usurpa ilegítimamente el poder y ha causado un éxodo masivo de sus ciudadanos no revela más que la inutilidad de las múltiples instituciones que deberían velar por su cumplimiento (ONU, OEA, UE, etc.). Tras 26 años de dictadura comunista ninguna institución internacional fue capaz de hacer nada por el sufrido pueblo venezolano. Como tampoco para solucionar 76 años de dictadura en China, 77 en Corea del Norte, 66 en Cuba o 19 en Nicaragua, todas ellas del mismo palo.      

El cuarto hecho llamativo es la pueril interpretación popular de los motivos de la intervención norteamericana. Para muchas mentes simples, Trump ha “secuestrado” a Maduro para quedarse el petróleo de Venezuela. Cosa que encaja bastante mal si uno conoce que USA no necesita ese petróleo, pues es el mayor exportador actual del mundo. Seguramente quiera evitar que con el dinero generado por el crudo venezolano se financien sus principales enemigos: las dictaduras cubana, china, rusa e iraní, además de otros grupos políticos enemigos declarados de los Estados Unidos como Podemos (Monedero, Bescansa e Iglesias trabajaron para Maduro, e Irán financió el programa televisivo La Tuerka, en el que Pablo Iglesias se dio a conocer ante la opinión pública española) o el PSOE de Sánchez y Rodríguez Zapatero. Tan es así que, rápidamente, el México de la populista Claudia Sheinbaum ha corrido a abastecer de petróleo al régimen cubano -el crudo venezolano lo disfrutaba gratis, el mexicano probablemente también- para evitar su colapso inmediato. 

Y el último hecho sorprendente es la hipocresía del españolito medio, cuyos abuelos respiraron felices cuando USA invadió Europa librándola del dominio nazi, cuyos padres gozaron aliviados cuando Obama asesinó a Bin Laden arrojando su cadáver al Océano Índico, y cuyos hijos imitan alegres a los norteamericanos en su forma de vestir o bailar. Hasta las inútiles del Ministerio de Igualdad viajaron en jet privado a hacer compras y selfies a Nueva York. Aunque debe quedar clarito que todos odian a Trump, que el Derecho internacional solo existe contra algunos, y que a nadie importa la felicidad de ese pueblo venezolano que hoy salta de alegría por librarse del “gorila”.

P.D. Suiza ha ordenado el embargo de oro y millones de dólares que Maduro y sus adláteres tenían depositados en el país. Es el resumen perfecto de lo que representa una dictadura socialista. El pueblo en la miseria y sus dirigentes forrados. Hay que ser preocupantemente ingenuo, estar muy resentido o ser uno de sus “subsidiados” para seguirles apoyando. Y qué insondables resultan las tragaderas de la izquierda con todos los asesinos, dictadores, corruptos y machistas de su cuerda.

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