Emoción y tradición

El Davallament del Crist de la Sang: cuando Palma se detiene y reza

Fieles en la Bajada del Cristo de la Sang en Palma
Foto J. Fernández Ortega

No había curiosos. Solo fieles. Esa distinción, pequeña en apariencia, lo explica todo sobre lo que ocurre cada Miércoles Santo en el Santuari de l'Anunciació de Palma. Desde primera hora de la mañana, los devotos del Crist de la Sang se arremolinaban frente al templo —ese edificio de piedra dorada y patio de naranjos que lleva siglos recibiendo el peso de la fe popular mallorquina— dispuestos a esperar el tiempo que hiciera falta para mostrarle su pasión, pedirle salud para los suyos y estar presentes en uno de los momentos más cargados de significado de la Semana Santa de las islas.

Entre el sol débil de principios de abril y un frío extraño, casi intruso, que no terminaba de irse, los nervios y el llanto contenido marcaban el clima emocional dentro de la iglesia mucho antes de que comenzara la misa.

LA MISA, EL OBISPO Y EL SILENCIO QUE HABLA

A las 10.00 horas, el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull Anglada, dio inicio a la eucaristía. Una misa sin sermón —según el rito establecido para esta jornada—, pero no por ello huérfana de mensaje: los murmullos que se filtraban entre los bancos, los ojos húmedos, los labios que rezaban en silencio componían un discurso propio, íntimo y colectivo al mismo tiempo, que ninguna homilía habría sabido superar.

El Crist de la Sang es la imagen religiosa más venerada de Palma conjuntamente con la Virgen de la Salud, patrona de la ciudad. Una talla de autor anónimo, realizada en madera de alcornoque y yeso —más ligera que otras maderas, para facilitar su salida en procesión—, de estilo barroco, con brazos largos, poco cuerpo y la cabeza desplomada hacia la derecha. Una imagen que, según los registros históricos, ya procesionaba en 1564, y cuya cofradía —la Confraria de la Preciosíssima Sang— quedó vinculada al Hospital General en 1552, cuando la institución benéfica llevaba casi un siglo al servicio de los enfermos de la isla.

En los bancos del Santuari de l'Anunciació ese vínculo histórico entre el Cristo y el hospital convive, sin estridencias, con el presente. Los fieles que llenaban el templo no venían a contemplar una pieza de patrimonio. Venían a encontrarse con algo que sienten suyo.

EL DAVALLAMENT: EL DESCENSO QUE DETIENE LA CIUDAD

A las 11.00 horas llegó el instante más esperado.

Los sobreposats de la Confraria de la Sang —escoltados por los prohombres— fueron los encargados de trasladar la imagen desde su camarín hasta la nave central de la iglesia. Fue entonces cuando la contención se rompió: entre aplausos y gritos de "Viva el Crist de la Sang" y "guapo", la imagen recorrió el interior del templo ante una enorme expectación.

Pero el recorrido no termina dentro. Los sobreposats cargaron al Cristo por la nave principal, cruzaron el patio de naranjos del Hospital General —ese espacio que conecta siglos de historia con la realidad de quienes hoy siguen enfermando y sanando— y llevaron la imagen hasta las puertas del hospital más antiguo de Palma, para acercarla simbólicamente a los enfermos. Un gesto que tiene su raíz en 1456, cuando los jurados de la ciudad buscaron financiación para el Hospital General, y que desde 1564 la Cofradía de la Sang perpetuó con el fin de recaudar limosnas para la institución.

Después del recorrido, los sobreposats depositaron la imagen frente al altar. El obispo Taltavull la veneró. Y a continuación, uno a uno, los fieles se acercaron para mostrar su devoción. Los prohoms montaron guardia.

Así funciona esto desde hace casi cinco siglos. Sin grandes cambios.

LAS AUTORIDADES, PRESENTES EN LA FE COLECTIVA

Grupo de personas en el Santuari de l'Anunciació durante la Bajada del Cristo de la Sang
Foto: J. Fernández Ortega

Al acto asistieron el president del Parlament, Gabriel Le Senne; el president del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés; la vicepresidenta y consellera de Cultura i Patrimoni del Consell, Antònia Roca; y el alcalde de Palma, Jaime Martínez. Su presencia no alteró el carácter esencialmente popular del acto. La política se sentó en los bancos junto a los vecinos. El Cristo, como siempre, presidió.

El obispo también hizo un llamamiento a trabajar por la paz, la justicia y los derechos humanos, especialmente ante la realidad del hambre, las guerras y el sufrimiento de los inocentes, defendiendo que el mensaje cristiano tiene que vivirse con hechos, no solo con palabras.

UNA DEVOCIÓN QUE NO NECESITA EXPLICARSE

Para muchos ciudadanos, además de creer en la fe cristiana, el Crist de la Sang representa algo más profundo: una devoción que se ha transmitido de generación en generación y que convierte este acto en un momento de recuerdos, emociones y encuentro con seres queridos ya ausentes.

Y eso, exactamente eso, es lo que distingue el Davallament de cualquier otro acto de la Semana Santa palmesana. No es espectáculo. No es turismo cultural. Es una comunidad que se reconoce a sí misma frente a una imagen de madera de alcornoque y yeso que pesa unos cincuenta kilos y que, aun así, cada Miércoles Santo, parece capaz de sostener el peso de toda la isla.

La iglesia permaneció abierta el resto del día para que los fieles pudieran continuar venerando la imagen, que el Jueves Santo saldrá en procesión por las calles del centro de Palma a las 19.00 horas, acompañada por las 33 cofradías de la ciudad.

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