La izquierda española trata de maniobrar a la desesperada para retrasar la caída del sanchismo y mirar de alargar hasta el 2027 (y más allá) el ordeño de la ya famélica vaca socialista, que tanto rédito les ha proporcionado en estos últimos años a golpistas catalanes amnistiados, peneuvistas recolocados en jugosos consejos de administración, bilduetarras rehabilitados por decreto y prófugos de la justicia de gira por Europa. Auspiciados por el nonagésimo aniversario de la victoria del Frente Popular -no vayamos a entrar en detalles- en las elecciones de febrero de 1936, son diversos los dirigentes de algunas de las facciones que han venido sosteniendo a Pedro Sánchez que impulsan estos días iniciativas para que el naufragio que se viene les pille, al menos, con el flotador puesto.
Uno de los gestos más celebrados por el respetable ha sido el del supuesto independentista catalán Gabriel Rufián Romero, postulándose para erigirse en líder de la progresía de la nación cuya existencia niega, lo que no tiene precedentes ni siquiera entre los más reputados funambulistas de la política patria.
A Rufián, por cuyas venas corre abundante sangre andaluza, y que presenta un inquietante parecido físico con un personaje siniestro de la historia de Mallorca como fue Arconovaldo Bonacorsi, más conocido en los ambientes como el Conde Rossi, le tira la meseta castellana y el cocido de Lhardy -o el reputado codillo del Edelweiss- mucho más que los menús de barrio de su Santa Coloma, de modo que ya lleva diez años apoltronado en la Carrera de San Jerónimo, más pegado a su escaño que los leones que flanquean la entrada a las Cortes. Y lo que te rondaré, morena.
Hasta a los comunistas les suena raro eso de que el líder de la izquierda ibérica vaya a ser un tío que dice que se quiere ir (¿a dónde?), por más que en Madrid simule ser más castizo que un chotis, lo que no deja de inquietar a su desconcertado partido, que ha pasado de coliderar el procés a actuar como sumiso báculo de Sánchez, pero a cuyos líderes la palabra España les sigue produciendo en público erupciones cutáneas, aunque en la intimidad hablen castellano.
Lo que queda de IU -es decir, los restos cuasimortales del viejo PCE-, más toda la ensalada rojiverde de formaciones nacionalistas que han aderezado los proyectos de la extrema izquierda en los últimos años, creen que para movilizar a su electorado -parte del cual digiere su frustración dando apoyo a Vox- basta con cambiar de nombre a este enésimo intento de coalición frentista y renovar su liderazgo para que la cosa funcione. Pero, ojo, no les gusta ni Rufián ni la vicepresidenta segunda del Gobierno. Aquí todo el mundo quiere ser califa en lugar del califa.
Yolanda Díaz sigue teniendo su pequeña parroquia -hoy, más bien, vicaría-, pero su imagen de pija progre vestida de Valentino no transmite ya los valores propios de los héroes del proletariado que ansían desde IU. Era más creíble y decía menos tonterías cuando se calzaba unos tejanos no demasiado limpios.
Por su parte, Pablo Iglesias, con su habitual jerga de macarra camorrista de taberna, propone a Pedro Sánchez hacer lo que sea para que la derecha no acceda al poder. Y, cuando un comunista dice “lo que sea”, no se trata de un eufemismo ni de una hipérbole, sino que conviene tomarlo al pie de la letra. Sobrados ejemplos históricos tenemos en España como para dudarlo.
En el fondo, sigue subyaciendo en la izquierda española la misma idea que en noviembre de 1933, cuando la derecha arrebató en las urnas -y gracias al voto femenino- el poder a quienes, estupefactos, creían que la República era un juguete de su exclusiva propiedad. De ahí surgió el golpe revolucionario de octubre de 1934 y el germen de nuestra desgraciada Guerra Civil. La idea-fuerza es la de que la alternancia es una calamidad insufrible propia de las decadentes democracias burguesas, porque en las ‘democracias populares’ (Cuba, Corea del Norte, China…) el proletariado no permite que los pérfidos conservadores o los abyectos liberales accedan al poder. Si para ello hay que hacer ‘lo que sea’, pues se hace.





