Bling Bling. No fue la primera canción de la noche, pero sí una de las estrofas que más retumbaron entre el más de un millar de asistentes que llenó Es Jardí. Delaossa salió dispuesto a darlo todo, y el público —innumerable y entregado desde el primer minuto— acompañó cada rima y cada verso.
Sus letras cuentan una historia, la suya. La de un joven de El Palo que ha tenido que trabajar duro para llegar hasta este momento. No se esconde. Pérdidas y adicciones han marcado su pasado y han dado forma a algunas de sus canciones más conocidas. Tras años de sobriedad, la mejor catarsis ha sido demostrarse a sí mismo que el yo de antes ya no es el que canta ahora, aunque siga formando parte de su historia: sin ese pasado no habría presente ni futuro.
Pone los pelos de punta verlo cantar y rapear cada letra como si la reencarnara en el momento mismo de interpretarla. Las siente y las transmite, y conecta con el público de una forma que roza la magia. No es un mensaje vacío: es un himno a la sanación personal y a la idea de que se puede avanzar sin olvidar de dónde se viene.
UNA CANCIÓN PARA SU MADRE
El instante más emotivo de la noche llegó con la versión de Pájaros de barro, de Manolo García: una dedicatoria a su madre y una forma de demostrarle que sigue guiando sus pasos. Cantó su canción favorita sin saber cómo respondería el público, y Mallorca no falló. Lo acompañó y lo sostuvo hasta el final, consciente del peso que esa canción tiene para él.
No era la primera vez que Delaossa visitaba la isla, pero sí la primera desde que se retiró de los escenarios para sanarse y grabar [La Madrugá], su álbum más celebrado hasta la fecha. Cada una de sus canciones tiene un mensaje propio, y todas las que interpretó en Es Jardí se sintieron así sobre el escenario.
DEL PÚBLICO AL ESCENARIO
La sencillez del artista malagueño, de poco más de treinta años, quedó patente cuando vio una pancarta entre el público y decidió subir a los jóvenes que la sostenían para cantar juntos uno de sus grandes éxitos, Still Luvin. El tema que interpreta junto a Quevedo cerró el concierto por todo lo alto.
Delaossa se despidió a lo grande de Mallorca. La isla, sin duda, le esperará para conocer sus próximos trabajos y disfrutar otra vez de su energía y sus letras.







