Los resultados de las elecciones autonómicas de Andalucia tienen muchas aristas y lecturas.
La primera de todas es que la izquierda, en sentido amplio, no está acabada ni mucho menos. A pesar del estrepitoso resultado del PSOE andaluz ha obtenido más votos que en la anterior contienda electoral. Séptima derrota socialista, por cierto, alguien ha pedido explicaciones a su secretario general? Y las otras izquierdas en auge. Esto supone un aviso de cara a las generales. En caso de unión o de coalición se podría producir un giro electoral inesperado.
Otra arista, Partido Popular y Vox ya pueden espabilar si quieren gobernar en coalición porque los tiempos de mayorías absolutas se han acabado o están en vías de extinción. El centro derecha tiene que empezar a explicar sus propuestas a pie de calle y a escuchar al ciudadano que de cada vez más la vida es una cuesta para llegar a fin de mes. Y ve como los gobernantes de diferentes administraciones no dan solución a las cuestiones cotidianas. Los políticos, todos, han de dejar la confrontación y los discursos que son una escalada del mal gusto y muy poco ejemplarizantes.
La configuración de la sociedad no es la de hace tan solo diez años y como decía antes, las mayorías absolutas en el Congreso y en los Parlamentos autonómicos serán cada vez más difíciles.
Y ahora, antes de que el presidente Sánchez convoque a los españoles a comicios generales (si es que los convoca) los dos grandes partidos o los dos partidos de estado tienen unos retos que no los van abordar pero son necesarios. El PSOE tiene que decidir si sigue siendo partido sanchista o vuelve a ser el partido socialista de toda la vida. Y el PP, estudiar si con Feijoo llegarán a la Moncloa o tendrán que recurrir a otro candidato sin dejar de lado al líder gallego. Temas de calado que no se plantean ni se van a plantear, aunque entre votantes si se habla.
Lo cierto es que PP y Vox están condenados a entenderse, dada la animadversión de estos partidos con el resto de formaciones políticas, craso error porque en esto el ciudadano siempre pierde.
Y para acabar, por el momento, otra cuestión a tener en cuenta: la necesidad de cambios en los partidos políticos. Se han convertido en estructuras de poder cerradas que sólo se miran a su ombligo y el ciudadano es el vehículo para cumplir sus expectativas más o menos cada cuatro años.
En fin, y mañana Dios proveerá.


