El viaje de León XIV a España: nuestra prioridad es el Evangelio

Si alguien conoció a fondo las dinámicas eclesiales en este mundo tan ‘extraviado’, con ‘la sensación  de estar perdido’, ‘de no saber qué hacer’ (cfDelgado, ¿Hacia dónde nos dirigimos? MD) fue, sin duda, el jesuita Antonio Spadaro. Acompañó muy de cerca  el ministerio de Francisco. No es extraño, en consecuencia, que haya subrayado que  "el reto de León XIV es mantener viva la voz profética de la Iglesia sin caer en la neutralidad tibia ni en alianzas instrumentales”. ¡Ojo a las alianzas instrumentales! 

Los tiempos que vivimos son difíciles para todos. También para la Iglesia y los cristianos. Este mundo, que carece de auténticos líderes políticos, necesita el liderazgo  espiritual y moral de León XIV. Como ha subrayado el Alcalde de Madrid,

a la vista de que muchos, en la política y en la propia Iglesia, buscan ‘recluirla a las sacristías’, la voz de la Iglesia debe estar presente en el ‘debate público’. También la de otras opciones religiosas. La política en democracia es de todos y todos pueden  participar y colaborar. Es más,  habría que recordar  que “la democracia es hoy antes una manera de vivir que una forma de gobierno” (Salvador Pániker),   que el “Estado democrático  debe ser capaz de granjearse respeto, sin caer en el Estado autoritario, que conduce al abandono del ser humano” (Rüdiger Safranski, en Declaraciones a Jorge Bustos y editadas en ‘El Mundo’, 28 de octubre de 2022) y que “no hay democracia sin ética” (Miguel Giusti).  Estamos, en este momento,  en la peligrosa deriva de la democracia liberal  al autoritarismo. España, por cierto,  no es una excepción a tan significativa mutación.

Ante el ya próximo viaje a España, estoy seguro que  León XIV  tiene interiorizadas  estas reflexiones de Francisco a propósito de la voz profética: Hoy necesitamos la profecía, pero una profecía verdadera: no de discursos vacíos que prometen lo imposible, sino de testimonios de que el Evangelio es posible. No se necesitan manifestaciones milagrosas (…) Se necesitan vidas que manifiesten el milagro del amor de Dios; no el poder, sino la coherencia; no las palabras, sino la oración; no las declamaciones, sino el servicio. ¿Quieres una Iglesia profética? Comienza con servir, y cállate. No la teoría, sino el testimonio  (…) Esto es profecía. No palabrería. Esta es profecía, la profecía que cambia la historia  (Hom. 20.06.2020).

¡Testimonio, vida, coherencia, servicio!

Hemos presenciado un choque violento entre Vox y la Iglesia en España, motivado por la postura episcopal en defensa de la inmigración. El portavoz episcopal  utilizó palabras mayores:  “nuestra prioridad es el Evangelio”, “no nos movemos a nivel de slogan”, “la dignidad de la persona humana es intocable”. La acusación de Vox, hacer negocio con la inmigración irregular, fue ‘pasarse tres pueblos’. Pero, la posición episcopal, que  valora como positiva la política ‘sanchista’ en materia de inmigración y su regularización extraordinaria, tiene un tufillo de ‘alianza instrumental’.

Ciertamente, nos dejó dicho Francisco queen la Iglesia todo debe ser conforme a las exigencias del anuncio del Evangelio; no a las opiniones de los conservadores o los progresistas, sino al hecho de que Jesús llegue a la vida de las personas. Por tanto, toda opción, todo uso, toda estructura, toda tradición debe ser evaluada en la medida en que favorezca el anuncio de Cristo. Cuando se encuentran decisiones en la Iglesia, por ejemplo, divisiones ideológicas (…) Estad atentos que el Evangelio no es una idea, el Evangelio no es una ideología: el Evangelio es un anuncio que toca el corazón y te cambia el corazón, pero si tú te refugias en una idea, en una ideología ya sea de derechas, ya sea de izquierdas, o de centro, tú estás haciendo del Evangelio un partido político, una ideología, un club de gente”. ¡Ojo al Cristo que es de plata!

Por ahora, basta con recordar a los obispos el Evangelio: “Nada hay cubierto que no sea revelado, ni oculto que no sea conocido” (Lc 12, 2). Son muchos los intereses, de todo tipo y naturaleza, que estaban en juego en acuerdos como La Resignificación del Valle de Cuelgamuros, la indemnización a las víctimas de abusos sexuales del clero, el Acuerdo sobre bienes inmatriculados indebidamente en  tiempos anteriores, la Aprobación de la política inmigratoria y la regulación extraordinaria de inmigrantes irregulares, que también consideró ‘positiva’ la Santa Sede. La política inmigratoria de Sánchez y su aprobación por los obispos estuvo en el fuego cruzado entre éstos y Vox. No por casualidad tal aprobación indignó a Abascal y complació a Sánchez, que buscaba un espaldarazo de esa naturaleza, pues el “discurso antiinmigración ha calado en sectores importantes de la sociedad, no solo los más conservadores” (‘El País’, 15.05.26, pág. 18). ¡Demos tiempo al tiempo!

A los obispos en España, que, no por casualidad, han invocado el Evangelio para aprobar la política inmigratoria ‘sanchista’, no les vendría mal recordar que la Iglesia debe negarse a erigirse en garante de los poderes mundanos. Francisco lo ha repetido con fuerza y León XIV ya lo había afirmado: el Evangelio no puede ser utilizado como apoyo de sistemas políticos, ni de regímenes que se presentan como defensores de la fe pero acaban instrumentalizándola. Cuando lo sagrado se pone al servicio del poder, pierde su verdad” (Antonio Spadaro). ¿Lo acabarán entendiendo?

Gregorio Delgado del Río

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